I
Espíritu invisible, que enajenas
Las potencias del alma, y con cadenas
Atas la voluntad:
Tú que gobiernas la imantada barra
Cuando el manto del cielo se desgarra:
Ven á ensayar aquí tu potestad.
II
Y tú, mujer, bañada en mi creencia,
Recibe en tu alma su impalpable esencia
Cual vaso de eleccion:
Sé tú de la verdad sacerdotiza,
Y ciñe como nueva pitonisa
La aurëola que dá la inspiracion.
III
Duerme, mas no por siempre inanimado.
El sueño por mis manos derramado,
Angel de castidad;
Como la flor que en noches del estío
Se adormece con gotas de rocío,
Y se despierta al ver la claridad.
IV
Reclínate en el ala misteriosa
Del imantado sueño, niña hermosa,
Para soñar de amor;
Que la mujer que sueña es como el ave,
Que oculta su cabeza en ala suave
Blanca como los velos del pudor.
V
Permite que á tus ojos ponga venda,
Y que en el fondo de tu mente encienda
La antorcha de la fé,
Para que pueda ver tu inteligencia
Los mundos que se ocultan á la ciencia,
Y lo que el hombre al despertar no ve.
VI
Tu cuerpo cercaré de espesas nieblas,
Para que tu alma brille en las tinieblas
Cual faro celestial;
Y se estiendan las alas de tu alma,
Para volar á la region de calma
Donde se olvida el mundo terrenal.
VII
Vuela á ese mundo do el error no existe,
Do la verdad magnética se viste
Con casta desnudez:
Y cuando el manto de la fé te cubra,
Dínos lo que tu vista allá descubra,
Y desde lo alto de ese mundo ves.
VIII
Duerme en un lecho de azuladas nubes
Para ir á despertar entre querubes
En la region de luz,
Cual ave peregrina que se ausenta
Donde la noche el negro trono asienta
Para buscar regiones sin capuz.
IX
Duerme de ignotas flores coronada
Entre el aura por Dios magnetizada
Cual ángel infantil,
Para entreabrir tu vista adormecida
Al soplo embalsamado de la vida,
Que refresque tu cuerpo juvenil.
X
Mas allá de ese sueño hay otra vida,
Que como flor á todos escondida
Te dá tu emanacion:
Nueva tierra de América ignorada,
Que en alas de la brisa perfumada
Anuncia su existencia á otro Colon.