JUGAR · SONETICIDIO · 29 MIL BILLONES DE SONETOS IMPOSIBLES  

Tercera puerta · jugar

Soneticidio

El crimen perfecto contra el soneto: 15 del Siglo de Oro, todos endecasílabos, desmembrados y recosidos verso a verso. La rima salta por los aires, el sentido se disloca, y nace un monstruo que nadie ha leído ni volverá a leer. Homenaje —a la mexicana— a la máquina de Raymond Queneau.

Sonetos posibles con estas 15 fichas:

Y ojo: aquí se cuenta en billones mexicanos. Un billón es un millón de millones (10¹²), no el «billion» gringo, que son apenas mil millones (10⁹). El nuestro es mil veces más grande —como debe ser.

Cargando la maquinaria…

Empiezas con un soneto entero y real. Gíralo todo, o toca un solo verso, y empieza el crimen.

El chiste: en 1961, Raymond Queneau escribió 10 sonetos que rimaban entre sí, de modo que cualquier combinación seguía siendo un soneto perfecto. Aquí hacemos lo contrario a propósito: tomamos sonetos ajenos —de dominio público, del Siglo de Oro— que no riman entre sí. El metro aguanta (todos son endecasílabos), pero la rima y el sentido saltan por los aires. El resultado es un cadáver exquisito de gigantes. Los 15 sonetos originales viven íntegros en La Biblioteca.

La delicia del absurdo

Queneau bautizó su libro con una cuenta: 10 versos posibles en cada una de las 14 líneas dan 10¹⁴ = cien billones de sonetos. Si leyeras uno por minuto, las 24 horas, sin parar a dormir ni a comer, tardarías unos 190 millones de años en terminarlos.

Aquí, con 15 fichas en vez de 10, la cifra se dispara. Al mismo ritmo demencial —un soneto por minuto, sin una sola pausa— acabarías de leerlos todos en más de 55 mil millones de años, es decir:

cuatro veces la edad del universo

Nadie los leerá jamás, ni de lejos. Y aun así, cada giro te entrega uno que nunca nadie ha leído ni volverá a leer.

Las 15 fichas · los sonetos que alimentan la máquina