El laboratorio
¿Y si el poema lo escribe una regla imposible, un golpe de azar o una máquina? Aquí la poesía se mete al laboratorio: se autoimpone cadenas para volar más alto, le cede la pluma al acaso, o se la presta a un algoritmo. Bienvenido al cuarto de los inventos.
La máquina de cadáveres exquisitos
Como el juego surrealista: el azar arma el verso. Dale al botón.
…
Encendiendo el laboratorio…