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La puerta de Homero

Los dos poemas más viejos de Occidente no se escribieron: se cantaron, durante siglos, antes de que nadie los fijara por escrito. Esto es lo que conviene saber para que la primera lectura no se sienta como un examen.

1 · Qué es esto que vamos a leer

Un poema épico oral. La diferencia con un libro no es menor: nadie lo leía, lo escuchaban. Un cantor —un aedo— lo recitaba con acompañamiento, de memoria, ante un público que ya se sabía la historia. Nadie iba a enterarse de si Troya caía: iban a oír cómo se contaba esta vez.

Eso explica casi todo lo que a un lector de hoy le extraña. Las fórmulas repetidas —«la aurora de rosados dedos», «Ulises, el de muchas mañas»— no son pereza del poeta: son las piezas prefabricadas que le permitían improvisar en verso a velocidad de habla. Las listas larguísimas de barcos y guerreros son memoria colectiva, el catálogo de quiénes estuvieron. Y las escenas típicas —armarse, sacrificar, recibir a un huésped— se repiten con las mismas palabras porque así se sostenían miles de versos sin papel.

Un dato para dimensionarlo: la Ilíada tiene unos 15,700 versos y la Odisea unos 12,100. Recitar cualquiera de las dos completa lleva más de veinte horas.

2 · Por qué «Homero» va entre comillas

Porque no sabemos si existió. La Antigüedad le atribuyó los dos poemas y le inventó una biografía —ciego, de Quíos o de Esmirna, siete ciudades peleándose por su cuna—, pero no hay un solo documento. Desde el siglo XVIII la filología viene discutiendo si detrás del nombre hay un poeta, dos, o una tradición entera de cantores que fueron puliendo el mismo material durante generaciones.

La discusión no está cerrada, y para leer no hace falta cerrarla. Basta con saber esto: lo que llamamos «Homero» es el nombre de un proceso, no necesariamente el de una persona. Los poemas se fijaron por escrito en algún momento del siglo VIII o VII a.C., mucho después de la guerra que cuentan —si es que la hubo—, y siguieron cambiando después.

3 · El orden en que conviene leerlos

La Ilíada es el antes: cincuenta y un días del último año de una guerra de diez, y ni siquiera cuenta la caída de Troya —termina antes—. La Odisea es el después: los diez años que le toma a uno solo de esos guerreros volver a su casa.

Se pueden leer en cualquier orden, y hay un argumento para empezar por la Odisea: es más novelesca, tiene monstruos, y su protagonista miente todo el tiempo, que lo vuelve extrañamente moderno. Pero si empiezas por ahí, ten presente que la Ilíada es la sombra que la cubre: cada vez que alguien nombra a Aquiles o llora por Troya, está citando el otro poema.

4 · Los dioses no son decoración

Son facciones en conflicto, y ésa es la clave para no perderse. En la guerra de Troya el Olimpo está partido: Hera, Atenea y Poseidón contra los troyanos; Afrodita, Apolo y Ares a su favor. Zeus intenta sostener el equilibrio y no siempre puede.

En la Odisea el pleito es más íntimo: Atenea protege a Ulises, Poseidón lo persigue —porque cegó a su hijo el Cíclope—, y el poema entero transcurre en esa tensión. Cuando un dios interviene, no está haciendo magia: está tomando partido. Léelos como se lee a un político, no como se lee a un hada.

5 · Cinco palabras que sostienen los dos poemas

No hay que saber griego. Pero estas cinco no tienen equivalente exacto en español, y cada traductor las resuelve distinto —ahí empieza la diferencia entre una versión y otra—.

νόστος nostos · el regreso

No es «volver» a secas: es el regreso a casa, y con él la identidad recuperada. La Odisea entera es un nostos, y por eso el poema no termina cuando Ulises pisa Ítaca —termina cuando su mujer lo reconoce—. De aquí viene, por cierto, nostalgia: el dolor del regreso.

Qué buscar: Mira cuántas veces alguien le pregunta a Ulises quién es. La respuesta cambia según le convenga; el poema trata justamente de eso.

κλέος kleos · la gloria que se oye

Literalmente «lo que se oye decir de uno». No es fama moderna: es que tu nombre siga sonando cuando ya no estés, cantado por otros. Aquiles elige morir joven a cambio de kleos, y sabe exactamente lo que está comprando.

Qué buscar: En la Ilíada el kleos vale más que la vida. En la Odisea, Ulises prefiere volver a casa. Los dos poemas discuten entre sí.

ξενία xenia · la hospitalidad sagrada

El pacto entre anfitrión y forastero, protegido por Zeus en persona. Se da de comer y de beber antes de preguntar el nombre. Romperla no es mala educación: es ofensa a los dioses.

Qué buscar: Casi todos los desastres de la Odisea empiezan con una xenia rota. Polifemo se come a sus huéspedes; los pretendientes devoran la casa ajena. Cuenta las veces que se rompe.

ὕβρις hybris · pasarse de la raya

La desmesura del que olvida que es mortal. No es orgullo sin más: es agraviar a otro para engrandecerse, y en el poema siempre se paga.

Qué buscar: Ulises grita su nombre al Cíclope cuando ya iba escapando. Ese alarde le cuesta diez años. La hybris no la castiga la moral: la castiga la trama.

μῆνις mênis · la cólera

La primera palabra de la Ilíada, y no es casual: el poema anuncia su tema en la sílaba inicial. No es enojo cualquiera —es la ira duradera y con derecho, casi la de un dios—. En griego se dice de la cólera de Aquiles y de la de Apolo, de nadie más.

Qué buscar: Compara cómo la traducen: «canta, oh diosa, la cólera», «la venganza fatal», «la ira». Ninguna la traduce igual, porque ninguna entiende igual el poema.

Y ahora, a leerlos

Una advertencia que vale para todo lo que sigue: ninguna traducción es el poema. Cada una es una lectura con opiniones. Esparza invoca a Melpómene —la musa de la tragedia, no la genérica— antes de traducir un solo verso: ahí ya decidió de qué género es la Odisea. Leer dos versiones lado a lado no es un ejercicio de erudición; es la manera más rápida de ver que un poema no tiene una sola forma.

Proyecto impulsado por el Instituto del Libro y la Lectura, A.C. en colaboración con La Otra · Dirección: Alejandro Zenker