Traductósfera · el taller de la traducción

El cuervo que se corrigió
durante más de cuarenta años

Los tres estados de la primera traducción de The Raven al español, hecha en Washington en 1867 por Ignacio Mariscal, enfrentados verso por verso.

(Alternativas: «Un cuervo en Washington, 1867» · «Jamás: el primer cuervo del español»)

El 30 de marzo de 1867, en Washington, un abogado oaxaqueño de treinta y siete años terminó de traducir un poema y puso al pie la fecha. Se llamaba Ignacio Mariscal y servía en la legación de una república que en ese momento no tenía capital: el gobierno de Juárez andaba en el norte, el Imperio agonizaba en Querétaro, y faltaban menos de tres meses para que Maximiliano cayera en el Cerro de las Campanas. Mientras eso ocurría, el futuro canciller de México estaba buscando en español una palabra que sonara como nevermore.

Encontró «jamás».

Les cuento la historia, porque es la historia con la que abre esta sala.

A la poesía la acompaña un ejercicio tan ancestral como su propia creación: el deseo de traducirla. La traducción de poesía, y la reflexión teórica, filosófica, lingüística que la ha acompañado a lo largo de los siglos, es ya tan apasionante como la poesía misma: apasionante y rica, porque abre interrogantes y posibilidades que ni el poeta imaginó. Se le puede seguir el rastro desde la antigüedad hasta el presente. Por eso un portal como la Poetósfera tenía que contemplar abrirle un espacio propio: esta Traductósfera.

Y la abrimos con una pieza emblemática: El cuervo, de Edgar Allan Poe. No es un poema fácil; por lo mismo ha despertado un interés apasionado en muchos traductores. Recuerdo que Alí Chumacero me contaba que de algunos de sus poemas había escrito hasta cincuenta versiones distintas, que alguna vez quise reunir en un libro. «Un poema nunca muere», me decía: es un ente vivo al que el poeta vuelve una y otra vez, aun después de publicado. Lamentablemente su muerte se adelantó antes de que pudiéramos aterrizar el proyecto, pero la idea se me quedó grabada. Ese trabajo perfeccionista, intenso, que vuelve una y otra vez sobre cada elemento del poema, lo encontramos en otros poetas — ahí están los borradores de La tierra baldía de T. S. Eliot, sometidos a los cortes y correcciones de Ezra Pound que Eliot aceptó en el complejo proceso de darle al poema la forma con que hoy lo conocemos. Y si eso pasa con el poeta, con el autor, el traductor con más razón vuelve una y otra vez sobre lo que hizo, al tratar de trasladar de una lengua a otra semejante complejidad lingüística y literaria: puede regresar a su página años después y descubrir que aquella palabra que parecía inevitable ya no lo es, que un ritmo tropieza, que un pronombre tiene al sujeto equivocado, que la edad le cambió el oído.

De eso trata el caso de Ignacio Mariscal: no es una traducción, es una traducción que envejeció junto con su traductor.

Cómo llegó el poema a la imprenta

La traducción tardó dos años en publicarse, y no lo hizo por gestión de su autor. Mariscal se la había dedicado a Pedro Santacilia —poeta cubano desterrado, yerno de Benito Juárez—, y fue Santacilia quien, el 10 de marzo de 1869, se la remitió a Ignacio Manuel Altamirano para El Renacimiento, la revista con que Altamirano quiso reconciliar a las letras mexicanas después de la guerra. En su carta la describe como «esa preciosa traducción, inédita aún, que me dedicó el Sr. Mariscal hace dos años». Ahí está, en una línea de cortesía, la partida de nacimiento del texto.

Conviene mirar quiénes se pasan de mano en mano ese cuervo: el futuro ministro de Relaciones Exteriores, el yerno del presidente y quien estaba fundando la idea de una literatura nacional. Tres figuras centrales de la República Restaurada ocupadas en un pájaro que grazna en inglés.

Hasta donde sabemos, la de Mariscal es la primera traducción conocida de «The Raven» al español: veinte años anterior a la célebre de Juan Antonio Pérez Bonalde, publicada en Nueva York en 1887 y consagrada como canónica por la tradición hispanoamericana. La de Mariscal circuló, se reimprimió en México y en Bogotá, y luego se fue borrando del mapa. Es lo que suele pasarles a los primeros: llegan antes y se les recuerda después.

Qué clase de cuervo es este

Poe construyó un artefacto: dieciocho estrofas de seis versos larguísimos, con rimas internas, aliteraciones y un estribillo que cae como losa. Mariscal conserva las dieciocho estrofas pero las parte en diez versos más cortos, y en lugar de perseguir la rima consonante del inglés arma su propia maquinaria: termina los versos impares en esdrújulas —«fúnebre», «lóbrego», «tétrico», «autómata»— de modo que cada renglón cae con el mismo tropiezo. Es una solución de músico: si no puedo repetir tu golpe, invento uno equivalente.

Su decisión más discutible, y la más interesante, está en el nombre de la muerta. Poe llamó a la suya Lenore. Bonalde le dejará Leonora. Mariscal la bautiza Felícitas —la feliz— y con eso convierte el duelo en una ironía que el original no tiene: el enlutado pasa la noche gritando por la ventana un nombre que significa dicha, y lo único que le responde es el eco. No sabemos si buscaba ese efecto o si simplemente necesitaba una esdrújula. Ambas cosas pueden ser ciertas a la vez; así trabaja la poesía.

Y está el estribillo. Frente al «nunca más» que acabaría imponiéndose en español, Mariscal eligió «jamás»: una sola palabra, dos sílabas, con esa jota que raspa. Vale decirlo en voz alta, las dos soluciones seguidas, para oír que no hacen lo mismo. «Nunca más» es una puerta que se cierra despacio. «Jamás» es un portazo.

Una traducción que no se quedó quieta

Durante mucho tiempo esta historia parecía tener solo dos extremos: la versión de El Renacimiento (1869) y la que recogió, ya póstuma, el volumen de Poesías que preparó el poeta y diplomático Balbino Dávalos (Madrid, 1911). Pero entre ambas hay un estado más, y lo tenemos enfrente. En la segunda quincena de agosto de 1900, la Revista Moderna —la casa del modernismo mexicano, dirigida por Jesús E. Valenzuela— abrió su número 16 con El cuervo: el poema ocupa la portada bajo un cuervo grabado por Julio Ruelas, y tres ilustraciones más del mismo Ruelas lo acompañan por dentro. A los setenta y un años, Mariscal es noticia en la revista más exigente del país. Y no reimprime: corrige.

La cadena completa, entonces, no es un antes y un después. Es una vida:

1867, la fecha al pie en Washington. 1869, la primera publicación conocida. 1900, el poema redecorado por el modernismo, con retoques del traductor. Y 1911, la edición póstuma que Dávalos cierra con una advertencia extraordinaria:

«Esta versión, verdaderamente magistral, que con diversas variantes se ha reproducido incontables ocasiones, aparece aquí con las últimas correcciones que le hizo el Sr. Mariscal

Había variantes. Y el traductor nunca dio el texto por terminado.

En ese camino aparece, además, un detalle que vale por un tratado. El subtítulo de 1869 decía, sobriamente, «traducido de Edgar A. Poe». El de 1900 ya dice: *«traducido libremente de Edgard A. Poe» — y el libro de 1911 lo conserva. En algún momento entre sus cuarenta y sus setenta y un años, Mariscal sintió la necesidad de recalificar su propio trabajo: ya no traducción a secas, sino traducción libre confesa. ¿Cambió su idea de la fidelidad? ¿Lo obligó la circulación de otras versiones más literales? ¿Fue suyo el adverbio o de sus editores, y él lo dejó pasar? Los documentos no lo dicen, y no hay que inventar respuestas donde alcanza con una buena pregunta: ¿cuándo deja un traductor de creer que está traduciendo, y necesita declarar que traduce libremente?*

Lo que corrigió — y la pregunta de cuándo

Cotejados verso a verso el primer estado y el último —los dos están transcritos íntegros en esta casa, alineados línea contra línea—, difieren en catorce lugares. Uno es del taller de imprenta, que cambió paréntesis por rayas; no hay que confundir esas intervenciones con las del poeta: atribuirle al traductor las manías del cajista es el modo más fácil de arruinar un cotejo. Las otras trece son decisiones de autor.

Y con el texto de 1900 en la mano, esas trece se pueden fechar. Cinco ya estaban hechas para entonces; ocho aparecen sólo en el libro póstumo. La división no es caprichosa: separa dos maneras distintas de corregir.

Lo que corrigió antes de 1900 —es decir, antes de cumplir setenta y uno— toca lo que el poema dice. Ahí cambia un léxico, arregla una ortografía, sustituye «Me tenía clavado» por «Teníame clavado», y hace las dos correcciones mayores del expediente. La primera es una enmienda de sentido que a mí me parece la joya. En 1869, la estrofa novena empieza:

A tan clara respuesta quedó atónito,

Leído despacio, la pregunta salta: ¿quién quedó atónito? La frase, tal como está, deja al cuervo como sujeto posible. Es una ambigüedad menor, de esas que sobreviven años porque nadie las mira. En la versión final el verso dice:

A tan clara respuesta quedé atónito,

Una letra. Y con ella, quién es el que se asombra en ese cuarto. No hay mejor definición práctica de lo que significa releerse.

La otra corrección mayor es de distinta naturaleza. En 1869, el enlutado le pregunta al cuervo si volverá a ver a su muerta: «Podré ver algún día á mi Felícitas». Después, la pregunta se ha vuelto certeza: «Al fin he de encontrar á mi Felícitas». Sería tentador leer ahí al anciano que ya no pregunta porque le urge la respuesta — pero el cotejo lo desmiente: ese verso ya estaba cambiado en 1900, y de todas formas el cuervo contesta lo de siempre. La certeza no la trajo la vejez; la trajo la relectura.

Lo que corrigió después de 1900 —en la última década de su vida, si damos por buena la palabra de su editor— es de otro orden: casi todo son reordenamientos de puro oído. «Receloso, temblando al comenzar» se vuelve «Temblando receloso al comenzar». «Fué tan suave, que usted comprenderá» se vuelve «Tan suave fué que usted comprenderá». «Convertía mi mente en un volcán» se vuelve «Mi mente convertía en un volcán». Las mismas palabras, otra respiración. Se le suma un cambio de tiempo verbal —el visitante que «tocó» en el vestíbulo pasa a «toca», y el episodio deja de estar contado para estar ocurriendo— y dos ajustes gramaticales mínimos.

Puestas en orden, las dos capas dicen algo que no esperaba encontrar: el hombre maduro corrigió lo que el poema decía; el viejo afinó cómo sonaba. Primero la persona gramatical, la modalidad, el léxico. Al final, sólo la música.

Lo que se perdió en el camino

Hay una última diferencia, y no está en los versos. En 1869 el poema llega envuelto en su circunstancia: lo encabeza la dedicatoria «A mi amigo Pedro Santacilia» y lo cierra la data completa, «Washington, Marzo 30 de 1867». En 1900, a sus setenta y un años, el poema todavía llevaba las tres cosas: la dedicatoria, la ciudad y el día. Es el libro de 1911 el que lo despoja de todo. Al pie, apenas: «1867.» El borrado, entonces, no fue del autor.

Es lo que suele ocurrirle a un texto cuando asciende a obra completa: gana el prestigio del volumen y pierde la vida que lo rodeaba. Desaparece el amigo a quien iba dirigido, desaparece la ciudad donde se escribió, desaparece que se escribió mientras se decidía a tiros el destino de la república. Recuperar esa envoltura —el destinatario, la fecha, la carta que lo llevó a la imprenta— es una de las cosas que puede hacer un archivo que no se conforme con guardar poemas.

Coda

Solemos decir que cada traducción es una lectura. El expediente Mariscal obliga a afinar la frase: cada traducción es una lectura fechada — y ni siquiera una traducción se queda quieta. Un hombre lee distinto a los treinta y siete años que a los setenta y uno que a los ochenta, aunque tenga enfrente su propia página, y esa diferencia se puede medir verso por verso. Aquí se midió: primero corrigió lo que había querido decir; al final, apenas cómo sonaba al decirlo. Hoy cualquier máquina produce en segundos cien variantes de un verso; lo que no produce es lo que hizo Mariscal: elegir una, vivir con ella cuarenta años, y volver a elegir. La velocidad cambió; el problema, no.

Entre aquella noche de Washington y su muerte, Mariscal fue encargado de negocios, ministro y canciller de México por más de veinte años; firmó tratados, sobrevivió a regímenes; murió en abril de 1910, a los ochenta, meses antes de que estallara la Revolución. El cuervo lo esperó todo ese tiempo en el cuarto de siempre, posado sobre el busto de siempre, contestando lo de siempre. Cada tanto, el hombre volvía, y cambiaba una posición, un verbo, una letra. Cuando el libro se cerró por última vez, lo único que había cambiado de verdad era quién de los dos estaba atónito.

El árbol de la transmisión

Seis testimonios conocidos, ordenados por filiación. Las cajas de línea continua son ejemplares que tenemos a la vista; las punteadas, estados que hay que suponer para explicar lo que los demás dicen. La rama de la izquierda conserva lecturas de 1869 que la Revista Moderna ya había corregido: no puede descender de ella.

manuscrito · marzo 1867 1869 El Renacimiento ↓ quedé · prorrumpió α — testimonio perdido 1909 · 1910 reimpresiones conservan «Podré ver», «un necio» 1900 Revista Moderna algún necio · Teníame · Al fin he de encontrar β — estado tardío dic. 1911 El Abogado Cristiano conserva la data de Washington 1911 Poesías (libro) +5 reordenamientos rítmicos (en ningún otro testimonio)

Los tres estados, verso por verso

Un poema idéntico en arquitectura —dieciocho estrofas de diez versos— y distinto en catorce lugares. El color dice cuándo se hizo cada corrección.

5 corregidas antes de 1900 — el sentido 8 sólo en el libro de 1911 — la música taller de imprenta
El Renacimiento · 1869
Revista Moderna · 1900
Poesías · 1911
1
Reina la media noche: calma fúnebre
Reina la media noche: calma fúnebre
Reina la medianoche; calma fúnebre
Se tiende en pos del recio temporal:
Se tiende en pos del recio temporal:
Se tiende en pos del recio temporal:
Cansado al fin de recorrer volúmenes
Cansado al fin de recorrer volúmenes
Cansado al fin de recorrer volúmenes
De mi estancia en la triste soledad,
De mi estancia en la triste soledad,
De mi estancia en la triste soledad,
Al sueño me rendia, cuando, súbito,
Al sueño me rendía, cuando súbito
Al sueño me rendía, cuando, súbito,
Un sonido me viene á despertar.
Un sonido me viene á despertar.
Un sonido me viene á despertar.
«Alguien está llamando en el vestíbulo:
"Alguien está llamando en el vestíbulo:
"Alguien está llamando en el vestíbulo:
¡Importuna visita!» exclamo, «¡bah!
¡Importuna visita!" exclamo, "¡bah!
Importuna visita!—exclamo—¡Bah!
Será un necio que venga con farándulas,
Será algún necio, amigo de farándulas,
¡Será algún necio amigo de farándulas;
Un necio y nada mas!»
Un necio y nada más!"
Un necio, y nada más!"
2
Pasado ya el turbion, en ayes lúgubres
Pasado ya el turbión, en ayes lúgubres
Pasado ya el turbión, en ayes lúgubres
De lejos se oye al viento suspirar:
De lejos se oye al viento suspirar:
De lejos se oye el viento suspirar;
Sobre el tapiz imágenes fantásticas
Sobre el tapiz imágenes fantásticas
Sobre el tapiz imágenes fantásticas
Arroja la luz trémula del gas:
Arroja la luz trémula del gas:
Arroja la luz trémula del gas:
Vanamente en los libros un narcótico
Vanamente en los libros un narcótico
Vanamente en los libros un narcótico
A mi acerbo dolor pensé encontrar,
A mi acerbo dolor pensé encontrar,
A mi acerbo dolor pensé encontrar,
Que hasta mi sueño acibaró la pérdida
Que hasta mi sueño acibaró la pérdida
Que hasta mi sueño acibaró la pérdida
De esa adorada, angélica beldad,
De esa adorada, angélica beldad,
De esa adorada, angélica beldad
Que al cielo para siempre huyó, dejándome
Que al cielo para siempre huyó, dejándome
Que al cielo para siempre huyó, dejándome
Tormento y nada mas.
Tormento y nada más.
Tormento y nada más.
3
Meditando seguí: el rumor del céfiro
Meditando seguí: el rumor del céfiro
Meditando seguí: el rumor del céfiro,
Las cortinas de seda al agitar
Las cortinas de seda al agitar
Las cortinas de seda al agitar,
Me hacia estremecer, y un terror pánico
Me hacía estremecer, y un terror pánico
Me hacía estremecer, y un terror pánico
Me tenia clavado en mi sitial,
Teníame clavado en mi sitial,
Teníame clavado en mi sitial,
Repitiendo con aire incierto, estúpido,
Repitiendo con aire incierto, estúpido,
Repitiendo con aire incierto, estúpido,
Sin dominar por ello mi ansiedad,
Sin dominar por ello mi ansiedad,
Sin dominar por ello mi ansiedad,
Sin dar yo mismo á mis palabras crédito:
Sin dar yo mismo á mis palabras crédito:
Sin dar yo mismo á mis palabras crédito:
«Es álguien que me viene á visitar
"Es alguien que me viene á visitar
"Es alguien que me viene á visitar
Y tocó suavemente en el vestíbulo:
Y tocó suavemente en el vestíbulo:
Y toca suavemente en el vestíbulo:
Eso es, eso es no mas.»
Eso es, eso es no más."
Eso es, eso es no más."
4
De repente sentí llenarme de ánimo,
De repente sentí llenarme de ánimo,
De repente sentí llenarme de ánimo
Y esforzando el acento mas y mas,
Y esforzando el acento más y más,
Y esforzando el acento más y más,
«Caballero, ó señora,» grité impávido,
"Caballero, ó señora," grité impávido,
"Caballero ó señora—grité impávido—:
«Allá voy: usted ha de dispensar:
"Allá voy: usted ha de dispensar:
Allá voy; usted ha de dispensar:
Es el caso que estaba ya durmiéndome
Es el caso que estaba ya durmiéndome
Es el caso que estaba ya durmiéndome
Cuando de su venida la señal
Cuando de su venida la señal
Cuando de su venida la señal
Confusa y débil resonó en mi tímpano:
Confusa y débil resonó en mi tímpano:
Confusa y débil resonó en mi tímpano;
Fué tan suave, que usted comprenderá....
Fué tan suave, que usted comprenderá....
Tan suave fué que usted comprenderá...
Allá voy.» Y la puerta abrí con ímpetu:
Allá voy," y la puerta abrí con ímpetu....
Allá voy." Y la puerta abrí con ímpetu:
¡Tinieblas, nada mas!
¡Tinieblas, nada más!
¡Tinieblas, nada más!
5
Largo tiempo miré el espacio lóbrego,
Largo tiempo miré el espacio lóbrego,
Largo tiempo miré el espacio lóbrego,
Receloso, temblando al comenzar,
Receloso, temblando al comenzar,
Temblando receloso al comenzar,
Absorto al fin en sueño atrevidísimo,
Absorto al fin en sueño atrevidísimo
Absorto al fin en sueño atrevidísimo,
Cual nunca lo soñara otro mortal.
Cual nunca lo soñara otro mortal.
Cual nunca lo soñara otro mortal.
Reinaba hondo silencio por los ámbitos
Reinaba hondo silencio por los ámbitos
Reinaba hondo silencio por los ámbitos
Del universo, en calma sepulcral:
Del universo, en calma sepulcral:
Del universo en calma sepulcral:
Solo mi voz lo interrumpió, ¡Felícitas!
Sólo mi voz lo interrumpió, ¡Felícitas!
Sólo mi voz lo interrumpió "¡Felícitas!"
Gritando en la vacía inmensidad,
Gritando en la vacía inmensidad,
Gritando en la vacía inmensidad,
Do un eco flébil repitió ¡Felícitas!
Do un eco flébil repitió ¡Felícitas!
Do un eco flébil repitió "¡Felícitas!"
Un eco y nada mas.
Un eco y nada más.
Un eco y nada más.
6
A mi estancia volví cual ciego autómata,
A mi estancia volví cual ciego autómata
A mi estancia volví cual ciego autómata,
Con solo un movimiento maquinal,
Con sólo un movimiento maquinal,
Con sólo un movimiento maquinal,
Y al punto á sonar vuelve toque ríspido
Y al punto á sonar vuelve toque ríspido
Y al punto á sonar vuelve toque ríspido
Que su orígen trazó con claridad.
Que su origen trazó con claridad.
Que su origen trazó con claridad.
«Vaya, vaya,» exclamé, «no en el vestíbulo;
"¡Vaya, vaya!" exclamé, "no en el vestíbulo,
"Vaya, vaya—exclamé—, no en el vestíbulo,
Por la ventana alguno quiere entrar.
Por la ventana alguno quiere entrar.
Por la ventana alguno quiere entrar.
Veamos, que no tocan los espíritus
Veamos, que no tocan los espíritus
Veamos, que no tocan los espíritus
De ese modo: el misterio penetrar
De ese modo: el misterio penetrar
De ese modo: el misterio penetrar
Es preciso; de espantos ya dejémonos;
Es preciso; de espantos ya dejémonos;
Es preciso; de espantos ya dejémonos;
Será el viento no mas.»
Será el viento no más."
Será el viento no más."
7
En esto á la ventana llego rápido,
En esto á la ventana llego rápido
En esto á la ventana llego rápido,
Y de golpe la abrí de par en par.
Y de golpe la abrí de par en par.
Y de golpe la abrí de par en par;
A poco revolando entró en mi cámara
A poco revolando entró en mi cámara
A poco revolando entró en mi cámara
Negro cuervo de aspecto funeral,
Negro cuervo de aspecto funeral,
Negro cuervo de aspecto funeral,
Y sin mas ceremonia ni preámbulo
Y sin más ceremonia ni preámbulo
Y sin más ceremonia ni preámbulo
Que un vuelo silencioso, circular,
Que un vuelo silencioso, circular,
Que un vuelo silencioso, circular,
Sobre un busto de Palas, grave, tétrico,
Sobre un busto de Palas, grave, tétrico,
Sobre un busto de Palas, grave, tétrico,
Paróse en filosófico ademan:
Paróse en filosófico ademán:
Paróse en filosófico ademán:
Posado allí quedó con aire estólido,
Posado allí quedó con aire estólido,
Posado allí quedó con aire estólido,
Posado y nada mas.
Posado y nada más.
Posado y nada más.
8
Tan serio continente en aquel pájaro
Tan serio continente en aquel pájaro
Tan serio continente en aquel pájaro
Parecióme fingida gravedad,
Parecióme fingida gravedad,
Parecióme fingida gravedad,
Y su actitud á risa provocándome,
Y su actitud á risa provocándome,
Y su actitud á risa provocándome,
Así con desenfado empecé á hablar:
Así con desenfado empecé á hablar:
Así con desenfado empecé á hablar:
«Por tu calva y tu gusto mitológico
"Por tu calva y tu gusto mitológico
"Por tu calva y tu gusto mitológico
Te reconozco al fin, ave infernal:
Te reconozco al fin, ave infernal:
Te reconozco al fin, ave infernal:
Cuervo mas viejo que Saturno, prófugo
Cuervo más viejo que Saturno, prófugo
Cuervo más viejo que Saturno, prófugo
Del reino de la Noche, dime ya
Del reino de la Noche, dime ya
Del reino de la Noche, dime ya
Cuál es tu nombre en la region plutónica;
Cuál es tu nombre en la región plutónica.
Cuál es tu nombre en la región plutónica",
Y él respondió: «Jamás.»
Y él respondió: "Jamás."
Y él respondió: "Jamás."
9
A tan clara respuesta quedó atónito,
A tan clara respuesta quedé atónito,
A tan clara respuesta quedé atónito,
De un cuervo no pudiéndola esperar,
De un cuervo no pudiéndola esperar,
De un cuervo no pudiéndola esperar,
Si bien al pronto parecióme bárbara,
Si bien al pronto parecióme bárbara,
Si bien al pronto parecióme bárbara,
Sin sentido, ó sin mucha urbanidad;
Sin sentido, ó sin mucha urbanidad;
Sin sentido, ó sin mucha urbanidad;
Pues en verdad no pudo figurárseme
Pues en verdad no pudo figurárseme
Pues en verdad no pudo figurárseme
Que un adverbio de tiempo y nada mas
Que un adverbio de tiempo y nada más
Que un adverbio de tiempo y nada más
Bastara á contestarme, ó que el ridículo
Bastara á contestarme, ó que el ridículo
Bastara á contestarme, ó que el ridículo
Avechucho que hiciera pedestal
Avechucho que hiciera pedestal
Avechucho que hiciera pedestal
Del sacro busto de una diosa olímpica,
Del sacro busto de una diosa olímpica,
Del sacro busto de una diosa olímpica,
Se nombrara Jamás.
Se nombrara Jamás.
Se nombrara "Jamás."
10
En tanto el cuervo, taciturno, tétrico,
En tanto el cuervo, taciturno, tétrico,
En tanto el cuervo, taciturno, tétrico,
Quedó sin otro acento articular,
Quedó sin otro acento articular,
Quedó sin otro acento articular,
Cual si el que lo animaba negro espíritu
Cual si el que lo animaba negro espíritu
Cual si el que lo animaba negro espíritu
En un vocablo comprendiera ya.
En un vocablo comprendiera ya.
En un vocablo comprendiera ya.
Ni un movimiento en su plumaje de ébano,
Ni un movimiento en su plumaje de ébano,
Ni un movimiento en su plumaje de ébano,
Ni un rumor descubria al animal;
Ni un rumor descubría al animal;
Ni un rumor descubría al animal;
Hasta que dije con acento lánguido:
Hasta que dije con acento lánguido:
Hasta que dije con acento lánguido:
«Lo haré mi amigo y pronto volará;
"Lo haré mi amigo y pronto volará;
"Lo haré mi amigo y pronto volará;
Me dejará cual me dejaron pérfidos....»
Me dejará cual me dejaron pérfidos...."
Me dejará cual me dejaron pérfidos..."
El prorumpió: «Jamás.»
El prorrumpió: "Jamás."
El prorrumpió: "Jamás."
11
Asustado al oir tan pronta réplica,
Asustado al oír tan pronta réplica,
Asústome al oir tan pronta réplica,
Que ya no pareció casualidad,
Que ya no pareció casualidad,
Que ya no pareció casualidad:
«Tal vez (dije) la ciencia de este pájaro
"Tal vez (dije) la ciencia de este pájaro
"Tal vez—dije—la ciencia de este pájaro
Tiene esa voz por único caudal,
Tiene esa voz por único caudal,
Tiene esa voz por único caudal,
Y la aprendió de un loco ó de una víctima
Y la aprendió de un loco, ó de una víctima
Y la aprendió de un loco ó de una víctima
Del infortunio.... ¡Mísero! trovar
Del infortunio.... ¡Mísero! trovar
Del infortunio... ¡Mísero! trovar
Quizá no pudo su cancion monótona
Quizá no pudo su canción monótona
Quizá no pudo su canción monótona
Sin esa muletilla, y por final
Sin esa muletilla, y por final
Sin esa muletilla, y por final
De cada estrofa recalcó fatídico
De cada estrofa recalcó fatídico
De cada estrofa recalcó fatídico
Ese jamás, jamás.
Ese jamás, jamás.
Ese Jamás, jamás."
12
Así pensé, y el misterioso cárabo
Así pensé, y el misterioso cárabo
Así pensé, y el misterioso cárabo
Volvió mi fantasía á recrear,
Volvió mi fantasía á recrear,
Volvió mi fantasía á recrear
Y á contemplar me puse busto y pájaro,
Y á contemplar me puse busto y pájaro,
Y á contemplar me puse busto y pájaro,
Tendido muellemente en un divan,
Tendido muellemente en un diván,
Tendido muellemente en un diván,
Imaginando en posicion tan cómoda
Imaginando en posición tan cómoda
Imaginando en posición tan cómoda
Cuanto pudo la mente cavilar,
Cuanto pudo la mente cavilar,
Cuanto pudo la mente cavilar,
Sin penetrar en el sentido místico
Sin penetrar en el sentido místico
Sin penetrar en el sentido místico
(Ni siquiera entendí el gramatical)
(Ni siquiera entendí el gramatical)
(Ni siquiera entendí el gramatical)
Que daba á su graznido el ave exótica
Que daba á su graznido el ave exótica
Que daba á su graznido el ave exótica
Al repetir jamás.
Al repetir: jamás.
Al repetir "jamás".
13
En medio aquel delirio, ni una sílaba
En medio aquel delirio, ni una sílaba
En medio á aquel delirio ni una sílaba
Dejaba yo á mis labios escapar;
Dejaba yo á mis labios escapar;
Dejaba yo á mis labios escapar;
Miraba al cuervo, y su mirar flamígero
Miraba al cuervo, y su mirar flamígero
Miraba al cuervo y su mirar flamígero
Convertia mi mente en un volcan.
Convertía mi mente en un volcán.
Mi mente convertía en un volcán.
Débil, exhausto, mi cabeza lánguida
Débil, exhausto, mi cabeza lánguida
Débil, exhausto, mi cabeza lánguida
Reclinaba en la pluma del sofá,
Reclinaba en la pluma del sofá,
Reclinaba en la pluma del sofá,
Y á su contacto mi cerebro mórbido
Y á su contacto mi cerebro mórbido
Y á su contacto mi cerebro mórbido
Evocaba una imágen celestial.—
Evocaba una imagen celestial.—
Evocaba una imagen celestial.
En vano; ya el divan su forma angélica
En vano; ya el diván su forma angélica
En vano; ya el diván su forma angélica
No ha de oprimir jamás.
No ha de oprimir jamás.
No ha de oprimir jamás.
14
Mas al punto un aroma preciosísimo
Mas al punto un aroma preciosísimo
Mas al punto un aroma preciosísimo
De incienso comenzóme á circundar,
De incienso comenzóme á circundar,
De incienso comenzóme á circundar,
Y el eco me arrulló de blanda música
Y el eco me arrulló de blanda música
Y el eco me arrulló de blanda música
Que ahuyentaba del seno todo afan.
Que ahuyentaba del seno todo afán.
Que ahuyentaba del seno todo afán.
«Desdichado,» clamé; «el Señor benéfico
"¡Desdichado!" clamé: "el Señor benéfico
"Desdichado—clamé—, el Señor benéfico
Te envïa con sus ángeles la paz:
Te envía con sus ángeles la paz:
Te envía con sus ángeles la paz:
Apura, apura el delicioso bálsamo,
Apura, apura el delicioso bálsamo,
Apura, apura el delicioso bálsamo,
Y cese tan continuo lamentar;
Y cese tan continuo lamentar;
Y cese tan continuo lamentar,
Olvida para siempre á tu Felícitas....»
Olvida para siempre á tu Felícitas...."
Olvida para siempre á tu Felícitas..."
Gritó el cuervo: «Jamás.»
Gritó el cuervo: "Jamás."
Gritó el cuervo: "Jamás."
15
«Profeta de dolor, inmundo oráculo,
"¡Profeta de dolor, inmundo oráculo,
"Profeta de dolor, inmundo oráculo,
Ministro aterrador de Satanás,
Ministro aterrador de Satanás,
Ministro aterrador de Satanás,
Ora te envíe Belcebú del Tártaro
Ora te envíe Belcebú del Tártaro
Ora te envíe Belcebú del Tártaro
Y te arrojara aquí la tempestad
Y te arojara aquí la tempestad
Y te arrojara aquí la tempestad
Para engañarme con falaz pronóstico,
Para engañarme con falaz pronóstico,
Para engañarme con falaz pronóstico
O el destino infalible revelar,
O el destino infalible revelar,
O el destino infalible revelar,
«Dime,» exclamé, «por compasion á un mísero
Dime, exclamé; por compasión á un mísero,
Dime—exclamé—, por compasión á un mísero
Responde: ¿tendrá término mi mal?
Responde: ¿tendrá término mi mal?
Responde: ¿tendrá término mi mal?
Yo te conjuro por tu dios; respóndeme.»
Yo te conjuro por tu Dios, respóndeme."
Yo te conjuro por tu dios: respóndeme";
Y él contestó: «Jamás.»
Y él contestó: "Jamás."
Y él contestó: "Jamás."
16
«Profeta de dolor, inmundo oráculo,
"¡Profeta de dolor, inmundo oráculo,
"Profeta de dolor, inmundo oráculo,
Ministro aterrador de Satanás,
Ministro aterrador de Satanás,
Ministro aterrador de Satanás,
Por ese cielo de esplendor magnífico,
Por ese cielo de esplendor magnífico,
Por ese cielo de esplendor magnífico,
Por su Dios, que obedecen tierra y mar,
Por su Dios, que obedecen tierra y mar,
Por su Dios que obedecen tierra y mar,
Dime si de la tumba tras el límite,
Dime si de la tumba tras el límite,
Dime si de la tumba tras el límite,
En la region de inmensa claridad,
En la región de inmensa claridad,
En la región de inmensa claridad,
Podré ver algun dia á mi Felícitas,
Al fin he de encontrar á mi Felicitas
Al fin he de encontrar á mi Felícitas
Y absorto en su belleza virginal,
Y, absorto en su belleza virginal,
Y absorto en su belleza virginal,
A par de los querubes darle un ósculo....
A par de los querubes darle un ósculo....
A par de los querubes darle un ósculo..."
El respondió: «Jamás.»
El respondió: "Jamás."
El respondió: "Jamás."
17
«Esta sea,» grité, «la prenda única
"¡Esta sea," grité, "la prenda única
"Esta sea—grité—la prenda única
De nuestra despedida, ave infernal;
De nuestra despedida, ave infernal!
De nuestra despedida, ave infernal:
Húndete pronto en el profundo báratro,
Húndete pronto en el profundo báratro,
Húndete pronto en el profundo báratro,
Tumbos dando al furor del huracan.
Tumbos dando al furor del huracán.
Tumbos dando al furor del huracán.
No dejes ni una pluma que en mi cámara
No dejes ni una pluma que en mi cámara
No dejes ni una pluma que en mi cámara
Me recuerde tu horóscopo fatal.
Me recuerde tu horóscopo fatal:
Me recuerde tu horóscopo fatal.
Vuela ya de ese busto y del vestíbulo;
Vuela ya de ese busto y del vestíbulo;
Vuela ya de ese busto y del vestíbulo;
Suelta, suelta; tu garra pertinaz
Suelta, suelta; tu garra pertinaz
Suelta, suelta; tu garra pertinaz
Mi alma rompe: retírate, retírate....»
Mi alma rompe: retírate, retírate...."
Mi alma rompe: retírate, retírate..."
Y él contestó: «Jamás.»
Y él contestó: "Jamás."
Y él contestó: "Jamás."
18
Y desde aquella noche el cuervo lóbrego
Y desde aquella noche, el cuervo lóbrego
Y desde aquella noche el cuervo lóbrego,
Posado allí, clavado siempre está
Posado allí, clavado siempre está
Posado allí, clavado siempre está
Sobre ese busto de la diosa pálido,
Sobre ese busto de la diosa pálido,
Sobre ese busto de la diosa, pálido,
Que le sirve de eterno pedestal.
Que le sirve de eterno pedestal.
Que le sirve de eterno pedestal.
Fiero demonio vigilando al réprobo,
Fiero demonio vigilando al réprobo,
Fiero demonio vigilando al réprobo,
No aparta de mí un punto su mirar,
No aparta de mí un punto su mirar.
No aparta de mí un punto su mirar,
Larga sombra arrojando, negra, fúnebre,
Larga sombra arrojando, negra, fúnebre,
Larga sombra arrojando, negra, fúnebre,
Do muere el sol y el luminoso gas....
Do muere el sol y el luminoso gas....
Do muere el sol y el luminoso gas...
¡Ay! de esta sombra que enlutó mi espíritu,
¡Ay! de esta sombra que enlutó mi espíritu,
¡Ay! de esta sombra que enlutó mi espíritu
¿No he de salir?—¡Jamás!
¿No he de salir?—¡Jamás!
¿No he de salir?—¡Jamás!

Los originales

Las fuentes, en el estado en que se conservan. Las de 1869 y 1900 proceden de la Hemeroteca Nacional Digital de México; las de 1911, de la Biblioteca Virtual Miguel de Cervantes.

facsímil
El Renacimiento · 1869, p. 158
La carta de Pedro Santacilia a Altamirano, la dedicatoria y el arranque del poema.
facsímil
El Renacimiento · 1869, p. 160
El cierre, la firma y la data completa: «Washington, Marzo 30 de 1867».
facsímil
Revista Moderna · agosto de 1900, portada
El cuervo de Julio Ruelas. Ya dice «traducido libremente»; la dedicatoria sigue viva.
facsímil
Poesías · Madrid, 1911, p. 186
El poema entra a un libro: sin dedicatoria, sin ciudad, sin día.
facsímil
Poesías · Madrid, 1911, p. 192
«1867.» a secas, y la advertencia de Balbino Dávalos sobre las últimas correcciones.

Nota sobre el texto. Los tres estados se transcribieron a mano de los facsímiles, conservando la ortografía de cada época. Las erratas propias de cada taller se respetaron y quedaron señaladas. La traducción es de dominio público: Ignacio Mariscal murió en 1910.

Fuentes. El Renacimiento. Periódico literario, México, 1869, t. I, pp. 158-160 · Revista Moderna. Arte y Ciencia, año III, núm. 16, 2ª quincena de agosto de 1900, pp. 241-246 · Poesías de Ignacio Mariscal, Madrid, Tip. de la Revista de Archivos, 1911, pp. 186-192 · y tres reimpresiones localizadas en 1909, 1910 y diciembre de 1911.

Proyecto impulsado por el Instituto del Libro y la Lectura, A.C. en colaboración con La Otra · Dirección: Alejandro Zenker