El laboratorio
Antes de la página, la poesía fue voz: aliento, ritmo, conjuro. Hay poemas que el ojo no basta para leer —hay que decirlos en voz alta, dejar que la boca los descubra—. Esta es la poesía que se oye: del balbuceo sagrado al puro sonido de la vanguardia, del rap al escenario del slam.
Afinando el oído…