En esas noches serenas
De Diciembre delicioso,
Cuando entregada al reposo
La tierra parece estar,
Y cuando la blanca luna
Cruza el ancho firmamento,
Absorto en mi pensamiento
Yo me complazco en vagar.
Miro brillar en el cielo
Las estrellas encendidas,
Letras de luz esparcidas
Por la mano del Creador,
Que en inefables palabras
Revelan nuestro destino,
Y señalan el camino
Del audaz navegador.
Miro la onda agitada,
Que corona leve espuma
Y entre misteriosa bruma
Melancólica gemir;
Y en la playa solitaria
Estenderse blandamente,
Y bajo otra ola rugiente
Desfallecida morir.
Miro del árbol sombrío
Como se ajita el ramaje,
Mientras el verde follaje
A compas se oye vibrar.
Como si un aéreo coro
En él tuviese su nido,
Para recrear el oido
Con misterioso cantar.
Miro cruzar por el aire
Mil fantasmas vagarosas,
Cual las sombras vaporosas
Que en sueños vemos pasar,
Y por la mente, alumbrada
Con el reflejo del alma,
Las miro en plácida calma
Lijeras atravesar.
Entonces mi alma estasiada
Se desprende de este suelo,
Y se remonta hasta el cielo
A contemplar la creacion;
Y desplegando sus alas
Como el águila altanera,
Vuela de esfera en esfera
En rápida sucesion.
Si por acaso una voz
Dulce, tierna y melodiosa,
Una cancion armoniosa
A lo lejos hace oir,
La música me figuro
De la danza de las horas,
Que con sus plantas sonoras
Hacen el aire crujir.
Si á la vez, la mansa brisa
Que á los jazmines halaga
Y entre su copa se embriaga,
Viene mi rostro á besar,
Creo que alguna sílfide
Que cruza por el ambiente
Toca mi pálida frente
Con sus alas al pasar.
Y si una mujer hermosa
De blanca tela vestida,
Ante mi vista abstraida
Pasa como aparicion,
En éxtasis arrobado
Bajo influjo de un hechizo,
Creo que del paraiso
La puerta abre una vision.
Pero el aire de la noche
Mis pensamientos enfria,
Y apaga cual lluvia fria
De la mente el resplandor:
Que así el vapor de la tierra
Se desprende en forma leve,
Y luego en forma de nieve
Debilita su calor.