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Un camino por la casa
once paradas · del siglo XIII al Soneticidio
Un camino no es una sala: es una ruta con voz sobre piezas que ya viven en la casa. Elige cuánto tiempo tienes y las paradas que no caben se apagan; el resto queda en fila, con un poema en cada una. Todos los enlaces llevan al texto íntegro.
El soneto no nació en Italia: nació en la corte siciliana de Federico II, y tiene autor. Giacomo da Lentini, notario, cruzó una estrofa de canción popular (ocho versos) con una coda (seis) y obtuvo catorce endecasílabos con una bisagra en medio. Sus sonetos todavía no viven en la casa; el ensayo del Sonetario cuenta el nacimiento con detalle. Lo que importa para entender la forma: ocho versos plantean, seis responden. Todo lo demás son variaciones.
Dos sonetos para oír cómo la forma se vuelve música: Chi è questa che ven ch' ogn'om la mira de Cavalcanti, y Tanto gentile e tanto onesta pare [sonetto] de Dante, de la Vita nuova. Fíjate en la vuelta del verso nueve: el poema cambia de dirección justo donde el octavo verso termina. Esa vuelta se llama volta y es el corazón del soneto.
Voi ch'ascoltate in rime sparse il suono abre el Canzoniere: es el primer soneto que habla de todos los demás («rime sparse»). Petrarca fijó el molde que Europa copiará durante tres siglos: dos cuartetos con las mismas dos rimas (ABBA ABBA) y dos tercetos que las cambian. La casa tiene 321 sonetos suyos; con uno basta para entender el molde.
Cuenta Boscán que un embajador veneciano le sugirió probar en castellano la manera italiana. Lo probó (Aún bien no fui salido de la cuna) y convenció a su amigo Garcilaso, que lo hizo perfecto: Soneto XXIII («En tanto que de rosa…»). Lee el de Garcilaso en voz alta y cuenta las sílabas: once, con el acento en la sexta o en la cuarta y la octava. Ése es el endecasílabo, y el soneto español ya no lo soltará.
Un soneto me manda hacer Violante es la mejor clase de métrica jamás escrita: un soneto que cuenta cómo se está escribiendo a sí mismo, verso a verso, hasta que «ya está hecho». Si sólo vas a leer un poema de este camino, que sea éste. Lope, además, dejó dicho para qué sirve la forma en el teatro: «el soneto está bien en los que aguardan» (Arte nuevo de hacer comedias).
Amor constante más allá de la muerte: catorce versos que terminan en «polvo enamorado», probablemente el final más citado de la lengua. Y Góngora, que hace del soneto una joya de superficie: La dulce boca que a gustar convida. Uno piensa, el otro brilla; los dos obedecen exactamente la misma regla.
Este que ves engaño colorido refuta un retrato en catorce versos y remata con una sola palabra. Sor Juana usa el soneto como se usa un silogismo. Toda su constelación vive en la casa; sus 12 sonetos, en El Sonetario.
Sonnet 18 tiene catorce versos, pero no dos cuartetos y dos tercetos: tres cuartetos y un pareado final que cierra como una puerta («So long lives this, and this gives life to thee»). Es el soneto isabelino: la volta se muda al verso trece. Mismo nombre, otra máquina. Una poeta victoriana, Mathilde Blind, muestra que la forma siguió viva en inglés dos siglos después: Cleave thou the Waves.
Ronsard escribe el soneto de la vejez futura, Quand vous serez bien vieille, y Du Bellay el del regreso a casa, Heureux qui comme Ulysse. Tres siglos después, Baudelaire mete en el mismo molde una teoría entera del mundo: Correspondances. La forma aguanta todo: nostalgia, doctrina, escándalo.
Yo persigo una forma: Darío escribe un soneto sobre no encontrar la forma, y la encuentra. Es el poema que cierra Prosas profanas. En México, López Velarde lo vuelve provinciano y raro: Domingos de provincia. Y Francisco Sosa lo usa para la historia patria, un soneto por héroe: A Juárez. El Sonetario mexicano crece cada semana.
Termina donde la casa juega: Soneticidio desarma sonetos del XVII y los recompone; el Herbario de las Formas tiene la ficha del soneto y de sus parientes (el sonetillo, el soneto con estrambote, la corona); y La Báscula mide cualquier verso que le pegues. Ya sabes cuántas sílabas tiene un endecasílabo. Ahora escribe uno malo a propósito.
Los caminos son curaduría de la casa; las piezas, de sus autores. ¿Falta una parada? Escríbenos desde Sobre la casa.