La Traductósfera · Ítaca

Traductósfera · segunda constelación

Ítaca

El regreso de Ulises en tres lenguas y cuatro siglos: el que no volvió, el que envidia al que volvió, y el que volvió y quiere irse.

Ítaca es la isla más famosa de la literatura y casi nadie la describe. Homero la despacha con unas cuantas señas: pedregosa, buena para criar muchachos, mala para caballos. Lo que importa de Ítaca no es la isla sino el verbo: volver.

La Odisea es el poema del regreso, y por eso mismo lleva escondida, en el canto XI, la semilla de todo lo que vino después. En el país de los muertos, Tiresias le anuncia a Ulises que después de matar a los pretendientes tendrá que salir otra vez, con un remo al hombro, tierra adentro, hasta llegar a donde nadie sepa qué es un remo; y que la muerte le vendrá del mar, suave, en la vejez. El regreso trae dentro otra partida.

Esta constelación reúne tres poemas que cuelgan de esa semilla, en tres lenguas y con cuatro siglos de distancia. Tienen en común algo que cuesta ver hasta que se ponen juntos: ninguno de sus Ulises está en Ítaca.

El de Dante no volvió. En el canto XXVI del Infierno cuenta que al dejar a Circe se fue mar adentro, y que ni la dulzura del hijo, ni la piedad del padre viejo, ni el amor que le debía a Penélope pudieron contra el ardor de hacerse experto del mundo. Cruzó las columnas de Hércules, arengó a sus compañeros con el discurso más citado de la Comedia —no nacieron para vivir como brutos, sino para seguir virtud y conocimiento— y el mar se cerró sobre ellos. Dante inventó ese final porque no había leído a Homero; lo inventó tan bien que desde entonces hay dos Ulises.

El de Du Bellay es la envidia de alguien que no ha podido volver. Dichoso quien, como Ulises, hizo un buen viaje y regresó a vivir entre los suyos: lo dice desde Roma un poeta de Anjou que lleva cuatro años lejos de su aldea, y lo dice en el soneto más doméstico del Renacimiento, con su Loira, su pequeño Liré y su aire angevino puestos por encima del Tíber, del Palatino y del mar.

El de Tennyson volvió y quiere irse. Es un rey ocioso junto a la chimenea, con una esposa envejecida y un pueblo que no lo conoce, y decide zarpar otra vez con los marineros de siempre. Tennyson tomó el episodio de Dante, pero lo puso después del regreso, y cambió el veredicto: donde Dante veía un consejero fraudulento castigado, él vio la voluntad de seguir adelante, escrita a las semanas de perder a su mejor amigo.

Falta la estrella más brillante, y está cerrada. En 1911 Constantino Cavafis escribió el poema que hizo de Ítaca una manera de vivir: pedir que el camino sea largo, porque la isla no tiene otra cosa que dar que el viaje mismo. Cavafis murió en 1933, y esta casa sólo hospeda a autores muertos hace más de cien años; su Ítaca podrá entrar en 2034. Tampoco competimos con la versión que más gente conoce, la canción que Lluís Llach compuso en 1975 sobre la traducción catalana de Carles Riba: está muy bien hecha y sigue cantando. La enlazamos, y punto.

Puestos en fila, los tres poemas dibujan una figura: el que no volvió, el que envidia al que volvió, y el que volvió y quiere irse. En medio, Homero, que ya lo había dicho todo con un remo al hombro. Cada lengua leyó a Ulises como lo necesitaba: Dante, la ambición y su castigo; Du Bellay, la nostalgia; Tennyson, la voluntad. Traducir no es sólo pasar un poema de una lengua a otra. También es lo que una época hace con un personaje cuando lo lee en la suya.

Alejandro Zenker

I

c. 1308-1320 · italiano

Dante Alighieri 1265-1321

Inferno, canto XXVI, vv. 85-142 · El que no volvió

85Lo maggior corno de la fiamma anticacominciò a crollarsi mormorando,pur come quella cui vento affatica;
indi la cima qua e là menando,come fosse la lingua che parlasse,90gittò voce di fuori e disse: "Quando
mi diparti’ da Circe, che sottrasseme più d’un anno là presso a Gaeta,prima che sì Enëa la nomasse,
né dolcezza di figlio, né la pieta95del vecchio padre, né ’l debito amorelo qual dovea Penelopè far lieta,
vincer potero dentro a me l’ardorech’i’ ebbi a divenir del mondo espertoe de li vizi umani e del valore;
100ma misi me per l’alto mare apertosol con un legno e con quella compagnapicciola da la qual non fui diserto.
L’un lito e l’altro vidi infin la Spagna,fin nel Morrocco, e l’isola d’i Sardi,105e l’altre che quel mare intorno bagna.
Io e’ compagni eravam vecchi e tardiquando venimmo a quella foce strettadov’Ercule segnò li suoi riguardi
acciò che l’uom più oltre non si metta;110da la man destra mi lasciai Sibilia,da l’altra già m’avea lasciata Setta.
"O frati," dissi, "che per cento miliaperigli siete giunti a l’occidente,a questa tanto picciola vigilia
115d’i nostri sensi ch’è del rimanentenon vogliate negar l’esperïenza,di retro al sol, del mondo sanza gente.
Considerate la vostra semenza:fatti non foste a viver come bruti,120ma per seguir virtute e canoscenza".
Li miei compagni fec’io sì aguti,con questa orazion picciola, al cammino,che a pena poscia li avrei ritenuti;
e volta nostra poppa nel mattino,125de’ remi facemmo ali al folle volo,sempre acquistando dal lato mancino.
Tutte le stelle già de l’altro polovedea la notte, e ’l nostro tanto basso,che non surgëa fuor del marin suolo.
130Cinque volte racceso e tante cassolo lume era di sotto da la luna,poi che 'ntrati eravam ne l'alto passo,
quando n’apparve una montagna, brunaper la distanza, e parvemi alta tanto135quanto veduta non avëa alcuna.
Noi ci allegrammo, e tosto tornò in pianto;ché de la nova terra un turbo nacquee percosse del legno il primo canto.
Tre volte il fé girar con tutte l’acque;140a la quarta levar la poppa in susoe la prora ire in giù, com’altrui piacque,
infin che ’l mar fu sovra noi richiuso".
II

1558 · francés

Joachim du Bellay 1522-1560

Les Regrets, soneto XXXI · El que envidia al que volvió

Heureux qui, comme Vlyſſe, a fait un beau uoyage,Ou comme ceſtuy là qui conquit la toiſon,Et puis eſt retourné, plein d’uſage & raiſon,Viure entre ſes parents le reſte de ſon aage !
Quand reuoiray-ie, helas, de mon petit uillageFumer la cheminee : & en quelle ſaiſonReuoiray-ie le clos de ma pauure maiſon,Qui m’eſt une prouince, & beaucoup d’auantage ?
Plus me plaiſt le ſeiour qu’ont baſty mes ayeux,Que des palais Romains le front audacieux :Plus que le marbre dur me plaiſt l’ardoiſe fine,
Plus mon Loyre Gaulois, que le Tybre Latin,Plus mon petit Lyré, que le mont Palatin,Et plus que l’air marin la doulceur Angeuine.
III

1833 / 1842 · inglés

Alfred Tennyson 1809-1892

Ulysses · El que volvió y quiere irse

It little profits that an idle king,By this still hearth, among these barren crags,Match'd with an aged wife, I mete and doleUnequal laws unto a savage race,5That hoard, and sleep, and feed, and know not me.I cannot rest from travel: I will drinkLife to the lees: all times I have enjoy'dGreatly, have suffer'd greatly, both with thoseThat loved me, and alone; on shore, and when10Thro' scudding drifts the rainy HyadesVext the dim sea: I am become a name;For always roaming with a hungry heartMuch have I seen and known; cities of menAnd manners, climates, councils, governments,
15Myself not least, but honour'd of them all;And drunk delight of battle with my peers,Far on the ringing plains of windy Troy.I am a part of all that I have met;Yet all experience is an arch wherethro'20Gleams that untravell'd world, whose margin fadesFor ever and for ever when I move.How dull it is to pause, to make an end,To rust unburnish'd, not to shine in use!As tho' to breathe were life. Life piled on life25Were all too little, and of one to meLittle remains: but every hour is savedFrom that eternal silence, something more,A bringer of new things; and vile it wereFor some three suns to store and hoard myself,30And this gray spirit yearning in desireTo follow knowledge, like a sinking star,Beyond the utmost bound of human thought.This is my son, mine own Telemachus,To whom I leave the sceptre and the isle—35Well-loved of me, discerning to fulfilThis labour, by slow prudence to make mild
A rugged people, and thro' soft degreesSubdue them to the useful and the good.Most blameless is he, centred in the sphere40Of common duties, decent not to failIn offices of tenderness, and payMeet adoration to my household godsWhen I am gone. He works his work, I mine.There lies the port: the vessel puffs her sail:45There gloom the dark broad seas. My mariners,Souls that have toil'd, and wrought, and thought with me—That ever with a frolic welcome tookThe thunder and the sunshine, and opposedFree hearts, free foreheads—you and I are old;50Old age hath yet his honour and his toil;Death closes all: but something ere the end,Some work of noble note, may yet be done,Not unbecoming men that strove with Gods.The lights begin to twinkle from the rocks:55The long day wanes: the slow moon climbs: the deepMoans round with many voices. Come, my friends,'Tis not too late to seek a newer world.Push off, and sitting well in order smite
The sounding furrows; for my purpose holds60To sail beyond the sunset, and the bathsOf all the western stars, until I die.It may be that the gulfs will wash us down:It may be we shall touch the Happy Isles,And see the great Achilles, whom we knew.65Tho' much is taken, much abides; and tho'We are not now that strength which in old daysMoved earth and heaven; that which we are, we are;One equal temper of heroic hearts,Made weak by time and fate, but strong in will70To strive, to seek, to find, and not to yield.

Volver a Homero

Los tres poemas cuelgan de tres lugares de la Odisea, y la Odisea ya vive completa en esta casa, en siete versiones de dominio público. Aquí van los cantos, en la primera traducción mexicana en verso, la de Mariano Esparza (1837); en el lector se puede cambiar de versión.

Canto XI

La profecía de Tiresias

El remo al hombro, la tierra adentro y la muerte que vendrá del mar: la semilla del viaje final.

Leer el canto →

Canto XIII

La llegada a Ítaca

Los feacios lo dejan dormido en la playa y Ulises, al despertar, no reconoce su isla.

Leer el canto →

Canto XXIII

El lecho de Penélope

La última prueba: la cama tallada en el olivo vivo, que sólo dos personas saben que no se puede mover.

Leer el canto →

La estrella cerrada

Lo más famoso de la constelación no puede hospedarse todavía. Se dice con fecha, que es la manera honrada de decir que no.

1911 · griego · entra en 2034

Cavafis, «Ítaca»

El poema que hizo de la isla una manera de vivir. Constantino Cavafis murió en 1933; esta casa sólo hospeda autores muertos hace más de cien años. Sus traducciones al español son todas más recientes.

Sobre el poema →

1975 · catalán · autor vivo

Lluís Llach, «Viatge a Ítaca»

La versión que más gente conoce, cantada sobre la traducción catalana de Carles Riba. Con ella no se compite: está muy bien hecha y sigue cantando.

Sobre la canción →

En el telar

Lo que falta para que la constelación hable también en español, y se busca.

Se busca · †1906

El canto XXVI en la Comedia de Mitre

Bartolomé Mitre tradujo la Divina Comedia entera; su canto de Ulises frente al de Dante sería el careo natural de esta sala.

Se busca · 1608

Penélope a Ulises, por Diego Mexía

La primera Heroida de Ovidio —la carta de la que espera— en la versión castellana del Parnaso Antártico.

Se busca · †1821

Keats, «On First Looking into Chapman’s Homer»

Un soneto sobre leer una traducción: la pieza que une esta constelación con la de los Homeros.

Nota sobre los textos. Los tres poemas se reproducen completos y verbatim en su lengua original, con la ortografía de la fuente. Dante se da en el fragmento que corresponde al relato de Ulises (vv. 85-142). Los tres autores son de dominio público en todo el mundo: Dante murió en 1321, Du Bellay en 1560, Tennyson en 1892.

Fuentes. it.wikisource — Divina Commedia/Inferno/Canto XXVI · fr.wikisource — Le_Livre_des_sonnets/Heureux_qui,_comme_Ulysse,_a_fait_un_beau_voyage · en.wikisource — Poems (Tennyson, 1843)/Volume 2/Ulysses.

Investigación y edición: Alejandro Zenker. Esta constelación pertenece a la Traductósfera. Si conoces una versión en español de dominio público de cualquiera de las tres piezas, escríbenos: se coteja y se hace constar.