EL ATLAS · LA MISMA CHISPA · MISMO PROBLEMA, MIL VOCES  

El Contracanto

La poesía que no pide permiso

El Contracanto

¿Puede un poema ser un acto de desobediencia?

Durante siglos la poesía sirvió al altar y al palacio: se escribía para alabar al rey, para llorar al santo, para adornar la fiesta del poderoso. Pero siempre hubo quien usó el mismo instrumento al revés. Esta sala reúne a los que cantaron contra.

Contra el déspota, contra el invasor, contra el patrón, contra el púlpito. Coplas anónimas que la Inquisición mandó arrancar de las paredes, sonetos escritos la semana de una matanza, himnos que un obrero compuso en junio de 1871 y que hoy se cantan en veinte lenguas. No son poemas de tesis: son poemas de trinchera, escritos por gente que arriesgaba algo al firmarlos — o que prefirió no firmarlos.

Ninguno llegó aquí por referencia. Cada texto se levanta de su impreso, verbatim, con el primer verso verificado en la fuente. Es la regla más estricta de la casa, y en esta sala importa doble: la poesía de la insubordinación es, justamente, la más citada de oídas y la peor atribuida.

Todos son de dominio público. Ninguno ha dejado de arder.

Cada pieza se transcribe de su fuente primaria, verbatim, con la ortografía de su impreso. Las piezas anónimas llevan su expediente de archivo. ¿Ves una errata o conoces una fuente mejor? Escríbenos desde Sobre la casa.

Proyecto impulsado por el Instituto del Libro y la Lectura, A.C. en colaboración con La Otra · Dirección: Alejandro Zenker · Directorio del Instituto