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Constelación
Nueva España, 1648–1695 · 30 piezas, una comedia, una carta
Una monja del siglo XVII, en un convento de la Ciudad de México, escribió los sonetos más afilados de su lengua, una comedia de enredos que todavía funciona en escena, unas redondillas que siguen incomodando y una carta que es el primer alegato en castellano por el derecho de una mujer a pensar. Todo eso vive aquí, en 31 direcciones. Esta página es el mapa para no perderse.
12 sonetos de Sor Juana viven en El Sonetario. Léelos como lo que son: argumentos. El más famoso, Este que ves engaño colorido, es una refutación de un retrato en catorce versos, y la última palabra («nada») cae como una sentencia. En perseguirme, mundo, ¿qué interesas? es su defensa de la vida del entendimiento contra la de las apariencias. Al que ingrato me deja busco amante y Feliciano me adora y le aborrezco arman el mismo problema (amar a quien no ama, no amar a quien ama) desde dos lados, como quien prueba una ecuación por ambos extremos. Esta tarde, mi bien, cuando te hablaba es el soneto de las lágrimas como prueba: «mi corazón deshecho entre tus manos». Y Detente sombra propone la única cárcel que el amor acepta: la fantasía.
Tres de estos sonetos viven también en Erótica, porque son poemas de deseo antes que de doctrina. La casa no los duplica: los enlaza.
Hombres necios que acusáis es el poema de Sor Juana que más gente sabe de memoria, y con razón: es un silogismo en octosílabos. Cada estrofa acusa, ejemplifica y remata. Puedes tocarlo en La Partitura Poética: letra por letra, con timbre y escala, para oír cómo la redondilla es también una máquina rítmica. Del mismo taller salen Amor inoportuno, Este amoroso tormento, Dime vencedor rapaz, Cogióme sin prevención y Teme que su afecto; y una pieza de cortesía que es también una lección de retórica: Envía una rosa a la virreina.
Cuando Sor Juana quiere explicar, usa el romance: Estos versos, lector mío es un prólogo en verso donde se disculpa de sus versos con la ironía de quien sabe que no hace falta; Expresa los efectos lleva el análisis del amor a la longitud de una conferencia. Cuando quiere que la voz se quiebre, usa la silva, con sus versos de siete y once que no obedecen estrofa: Pues estoy condenada y Sentimientos de ausente. Letras para cantar recuerda que mucha de su poesía se escribió para la música.
Sor Juana también escribió teatro, y del bueno. Los empeños de una casa vive entera en la Teatrósfera: tres jornadas, doce personajes, un enredo de puertas, disfraces y cartas equivocadas. Ábrela y sigue a Castaño, el criado que en la tercera jornada se viste de mujer y le explica al público cómo se hace; o a doña Leonor, que en su primer parlamento hace algo insólito en una comedia: cuenta su vida, y esa vida se parece mucho a la de su autora («inclinéme a los estudios desde mis primeros años»). Dentro de la comedia hay, además, un soneto completo: la casa lo señala en su lugar.
La Respuesta a sor Filotea de la Cruz (1691) vive en La Cátedra, porque es una poética: la de una mujer que explica por qué estudia. Es prosa, es autobiografía, es alegato jurídico y es, en varios pasajes, comedia. Léela después de los sonetos: entenderás de dónde sale su lógica.
Sor Juana no fue la primera. La casa reunió a las que escribieron antes, entre los siglos XVI y XVIII, y que llevaban siglos sin reimprimirse: María Dávalos y Orozco, Francisca García de Villalobos, María Teresa Medrano y Clementa Vicenta Gutiérrez del Mazo. Con ellas, la «excepción» empieza a parecer una tradición.
Lo que todavía no vive aquí, dicho con fecha: Primero sueño, el poema largo, y los villancicos. Están en cosecha. Cuando lleguen, esta página lo dirá.
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