Teatrósfera
El espacio de la palabra en representación
13 obras · 236 personajes · 28,097 versos
¿Qué le pasa a un poema cuando alguien lo dice, otro lo escucha y un tercero entra por la puerta?
Una obra dramática está escrita, sí, pero está escrita para que ocurran cosas: alguien entra, alguien calla, cambia el metro, otro personaje escucha, una acotación transforma el espacio, una frase espera su réplica. Ésa es la diferencia con la Biblioteca. Aquí no digitalizamos libros de teatro: digitalizamos la teatralidad. Cada obra se puede leer de corrido, navegar por jornadas, seguir a un solo personaje (sus versos iluminados, los demás en penumbra) o ver sólo la acción. Y cada una lleva su elenco vivo: quién habla, cuánto, desde cuándo y con quién coincide.
Empieza por el Siglo de Oro porque ahí el teatro fue poesía sin pedir permiso: Lope, Calderón, Tirso, Ruiz de Alarcón (el mexicano), Sor Juana. Y por sus umbrales: los primitivos de Gil Vicente y La Celestina, que no sabe si es novela dialogada o drama, y precisamente por eso abre la casa.
Los 236 personajes de la casa, ordenados por versos pronunciados. Pulsa uno y su obra se abre siguiéndolo. (Segismundo, Laurencia, Don Juan: ya se puede medir cuánto hablan.)
Lo que el Siglo de Oro pensó de su propio teatro, y lo que vino después. Empieza por el manifiesto: el Arte nuevo de hacer comedias. La casa está cosechando el resto (Pinciano, Cueva, Cascales, Luzán, Moratín; después Dryden, Diderot, Lessing, Hugo, Zola): cada tratado que llegue vivirá aquí y en la Cátedra, un texto con muchas ventanas.
La Celestina está aquí y no está cómoda, y eso es lo que la vuelve valiosa. ¿Novela dialogada? ¿Drama? ¿Texto para leer en voz alta entre amigos, como se leía en 1499? ¿Tragicomedia, como acabó llamándola su autor? La casa no esconde la rareza: la pone en el umbral. Por esa misma puerta entrarán los autos, las églogas dramáticas, los diálogos humanísticos, los entremeses, el libreto. Las criaturas fronterizas enseñan dónde termina el escenario, y por eso se quedan.
Cada obra se levanta de su impreso, verbatim, y se convierte en una estructura declarada (jornada › escena › parlamento › verso, con las acotaciones aparte) que se publica junto a la página. De esa estructura salen el elenco vivo, los modos de lectura y los poemas del teatro: los sonetos completos que La Báscula reconoce dentro de los parlamentos. Cada comedia en verso lleva además su partitura métrica: una barra por jornada donde se ve dónde cambia el octosílabo al endecasílabo o a la silva (versión de medida; la estrofa, romance o décima, viene después). Lo que sigue en obra: el modo Representar, para ensayar un papel con las demás voces leídas.