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El Quijote, capítulo I

Madrid 1608 · México 1842 · hoy

A la izquierda, el texto como salió de la imprenta de Juan de la Cuesta en 1608, con su ſ larga, su ç y sus abreviaturas. A la derecha, el mismo capítulo en la edición mexicana de 1842 de Ignacio Cumplido, que ya escribe casi como nosotros y que además dejó notas al pie explicando lo que sus lectores ya no entendían. Sobre esa columna corre el termómetro de la casa: de 773 palabras de contenido, 23 (3 %) están en retirada en los libros de hoy, y 6 de ellas muertas en los libros. Cada palabra marcada lleva su glosa y su dato; el botón las despliega en línea, que es la traducción.

muerta en los libros en retirada viva, pero con glosa

1608 · Madrid

Juan de la Cuesta, tercera edición. Transcripción de Wikisource, verbatim: ſ larga, ç, abreviaturas con tilde (ã, q̃).

Capitulo primero. Que trata de la condicion, y exercicio del famoſo hidalgo don Quixote de la Mancha.

EN Vn lugar de la Mãcha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que viuia vn hidalgo de los de lança en aſtillero, adarga antigua, rozin flaco, y galgo corredor. Vna olla de algo mas vaca que carnero, ſalpicon las mas noches, duelos, y quebrantos los Sabados, lantejas los Viernes, algun palomino de añadidura los Domingos, conſumian las tres partes de ſu hazienda. El reſto della concluîan, ſayo de velarte, calças de velludo para las fieſtas, con ſus pantuflos de lo miſmo, y los dias de entre ſemana ſe honraua con ſu vellori de lo mas fino. Tenia en ſu caſa vna ama que paſſaua de los quarenta: y vna ſobrina que no llegaua a los veynte, y vn moço de campo, y plaça, q̃ aſsi enſillaua el rozin, como tomaua la podadera. Friſaua la edad de nueſtro hidalgo con los cincuenta años. Era de complexion rezia, ſeco de carnes, enjuto de roſtro, gran madrugador, y amigo de la caça. Quieren dezir, que tenia el ſobre nombre de Quixada, ò Queſada (que en eſto ay alguna diferencia en los autores que deſte caſo eſcriuen) aunque por conjeturas veriſimiles ſe dexa entender, que ſe llamaua Quixana. Pero eſto importa poco a nueſtro cuento, baſta que en la narracion del no ſe ſalga vn punto de la verdad. Es pues de ſaber, que eſte ſobredicho hidalgo, los ratos que eſtaua ocioſo (que eran los mas del año) ſe daua a leer libros de cauallerias con tanta aficion, y guſto, que oluidò caſi de todo punto el exercicio de la caça, y aun la adminiſtracion de ſu hazienda: y llegò a tanto ſu curioſidad, y deſatino en eſto, que vẽdio muchas hanegas de tierra de ſembradura, para comprar libros de cauallerias que leer, y aſsi lleuò a ſu caſa todos quantos pudo auer dellos: y de todos, ningunos le parecian tã bien, como los que compuſo el famoſo Feliciano de Silua, porque la claridad de ſu proſa, y aquellas entricadas razones ſuas, le parecian de perlas: y mas quando llegaua à leer aquellos requiebros, y cartas de deſafios, donde en muchas partes hallaua eſcrito. La razon de la ſin razon que a mi razõ ſe haze, de tal manera mi razon enflaqueze, que con razon me quexo de la vueſtra fermoſura. Y tambien quando leîa. Los altos cielos que de vueſtra diuinidad, diuinamente con las eſtrellas os fortifican y os hazen merecedora del merecimiento que merece la vueſtra grandeza. Con eſtas razones perdia el pobre cauallero el juyzio, y deſuelauaſe por entẽderlas, y deſentrañarles el ſentido, que no ſe lo ſacara, ni las entendiera el miſmo Ariſtoteles, ſi reſucitara para ſolo ello. No eſtaua muy bien con las heridas que dõ Belianis daua, y recebia, porque ſe imaginaua, que por grandes maeſtros que le huuieſſen curado, no dexaria de tener el roſtro, y todo el cuerpo lleno de cicatrices, y ſeñales. Pero con todo alabaua en ſu autor, aquel acabar ſu libro con la promeſſa de aquella inacabable auentura, y muchas vezes le vino deſſeo de tomar la pluma, y dalle fin al pie de la letra, como alli ſe promete: y ſin duda alguna lo hiziera, y aun ſaliera con ello, ſi otros mayores, y continuos penſamientos no ſe lo eſtoruaran. Tuuo muchas vezes competencia cõ el Cura de ſu lugar (que era hombre docto, graduado en Ciguença) ſobre qual auia ſido mejor cauallero, Palmerin de Ingalaterra, ò Amadis de Gaula: mas Maeſe Nicolas, barbero del miſmo pueblo dezia, que ninguno llegaua al Cauallero del Febo, y que ſi alguno ſe le podia cõparar, era don Galaor, hermano de Amadis de Gaula, porque tenia muy acomodada condiciòn para todo, que no era cauallero melindroſo, ni tã lloron como ſu hermano, y que en lo de la valentia no le yua en çaga. En reſoluciõ, el ſe enfraſcò tanto en ſu letura, que ſe le paſſauan las noches leyendo de claro en claro, y los dias de turbio en turbio: y aſsi del poco dormir, y del mucho leer, ſe le ſecò el celebro de manera, que vino a perder el juyzio. Llenoſele la fantaſia de todo aquello q̃ leia en los libros, aſsi de encantamentos, como de pendencias, batallas, deſafios, heridas requiebros, amores, tormentas, y diſparates impoſsibles. Y aſſentoſele de tal modo en la imaginacion, que era verdad toda aquella maquina de aquellas ſoñadas inuenciones que leîa, que para el no auia otra hiſtoria mas cierta en el mundo. Dezia el, q̃ el Cid Ruy diaz auia ſido muy buen cauallero, pero q̃ no tenia q̃ ver con el cauallero de la Ardiẽte eſpada, q̃ de ſolo vn reues auia partido por medio dos fieros, y deſcomunales gigantes. Mejor eſtaua cõ Bernardo del Carpio, porq̃ en Rõceſualles auia muerto a Roldã el encãtado, valiẽdoſe de la induſtria de Hercules, quando ahogó Anteon el hijo de la tierra entre los braços. Dezia mucho bien del gigante Morgante, porque con ſer de aquella generaciõ gigantea, que todos ſon ſoberuios, y deſcomedidos, el ſolo era afable, y bien criado. Pero ſobre todos eſtaua bien con Reynaldos de Montaluan, y mas quando le veîa ſalir de ſu caſtillo, y robar quãtos topaua: y quando en allende robò aquel idolo de Mahoma, que era todo de oro, ſegun dize ſu hiſtoria. Diera el por dar vna mano de coces al traydor de Galalõ, al ama que tenia, y aun a ſu ſobrina de añadidura. En efeto, rematado ya ſu juyzio, vino a dar en el mas eſtraño penſamiento que jamas dio loco en el mundo, y fue, que le parecio conuenible, y neceſſario, aſsi para el aumento de ſu honra, como para el ſeruicio de ſu republica, hazerſe cauallero andante, y yrſe por todo el mundo con ſus armas, y cauallo, a buſcar las auenturas, y a exercitarſe en todo aquello que el auia leydo, que los caualleros andantes ſe exercitauan, deshaziendo todo genero de agrauio, y poniendoſe en ocaſiones, y peligros, donde acabandolos, cobraſe eterno nõbre, y fama. Imaginauaſe el pobre, ya coronado por el valor de ſu braço, por lo menos del Imperio de Trapiſonda: y aſsi con eſtos tan agradables penſamientos, lleuado del eſtraño guſto q̃ en ellos ſentia, ſe dio prieſſa á poner en efeto lo que deſſeaua. Y lo primero que hizo, fue limpiar vnas armas que auian ſido de ſus viſaguelos, que tomadas de orin, llenas de moho, luengos ſiglos auia que eſtauan pueſtas, y oluidadas en vn rincon. Limpiolas, y adereçolas lo mejor que pudo, pero vio que tenian vna gran falta, y era que no tenian zelada de encaxe, ſino morrion ſimple: mas a eſto ſuplio ſu induſtria, porque de cartones hizo vn modo de media zelada, que encaxada con el morrion, hazia vna apariencia de zelada entera. Es verdad que para prouar ſi era fuerte, y podia eſtar al rieſgo de vna cuchillada, ſacò ſu eſpada, y le dio dos golpes, y con el primero, y en vn punto deshizo lo que auia hecho en vna ſemana: y no dexó de parecerle mal la facilidad con que la auia hecho pedaços, y por aſſegurarſe deſte peligro, la tornò a hazer de nueuo, poniendole vnas barras de hierro por de dentro, de tal manera, que el quedò ſatisfecho de ſu fortaleza, y ſin querer hazer nueua experiencia della, la diputò, y tuuo por zelada finiſsima de encaxe. Fue luego a ver a ſu rozin, y aunque tenia mas quartos que vn real, y mas tachas que el cauallo de Gonela, que tantum pellis, & oſſa fuit, le parecio q̃ ni el Buzefalo de Alexandro, ni Babieca el del Cid con el ſe ygualauan. Quatro dias ſe le paſſaron en imaginar que nombre le pondria, porque (ſegun ſe dezia el a ſi miſmo) no era razon que cauallo de cauallero tan famoſo, y tan bueno el por ſi, eſtuuieſſe ſin nombre conocido, y aſſi procuraua acomodarſele, de manera que declaraſſe quien auia ſido, antes que fueſſe de cauallero andante, y lo que era entonces: pues eſtaua muy pueſto en razon, que mudando ſu ſeñor eſtado, mudaſſe el tambien el nõbre, y le cobraſſe famoſo, y de eſtruẽdo, como conuenia à la nueua orden, y al nueuo exercicio que ya profeſſaua: y aſsi deſpues de muchos nombres que formò, borró, y quitò, añadio, deshizo, y tornò a hazer en ſu memoria, imaginacion: al fin le vino a llamar Rozinante, nombre a ſu parecer, alto, ſonoro, y ſinificatiuo de lo que auia ſido, quando fue rozin antes de lo que aora era, que era antes, y primero de todos los rozines del mundo. Pueſto nombre, y tan a ſu guſto a ſu cauallo, quiſo ponerſele a ſi miſmo, y en eſte penſamiento durò otros ocho dias, y al cabo ſe vino a llamar dõ Quixote: de donde (como queda dicho) tomaron ocaſiõ los autores deſta tan verdadera hiſtoria, que ſin duda ſe deuia de llamar Quixada, y no Queſada, como otros quiſieron dezir: pero acordandoſe que el valeroſo Amadis, no ſolo ſe auia contentado con llamarſe Amadis a ſecas, ſino que añadio el nombre de ſu Reyno y patria, por hazerla famoſa, y ſe llamò Amadis de Gaula: aſsi quiſo como buen cauallero, añadir al ſuyo el nombre de la ſuya, y llamarſe don Quixote de la Mancha, con que a ſu parecer declaraua muy al viuo ſu linage, y patria, y la honraua con tomar el ſobrenombre della. Limpias pues ſus armas, hecho del morrion zelada, pueſto nombre a ſu rozin, y confirmandoſe a ſi miſmo, ſe dio a entender, que no le faltaua otra coſa, ſino buſcar vna dama de quien enamorarſe, porque el cauallero andante ſin amores era arbol ſin hojas, y ſin fruto, y cuerpo ſin alma. Deziaſe el: Si yo por malos de mis pecados, ò por mi buena fuerte, me encuentro por ai con algun gigante (como de ordinario les acontece a los caualleros andantes, y le derribo de vn encuentro, ò le parto por mitad del cuerpo, ò finalmente le venço, y le rindo, no ſerá bien tener a quien embiarle preſentado; y que entre, y ſe hinque de rodillas ante mi dulce ſeñora, y diga con voz humilde, y rendeda: Yo ſoy el gigante Caraculiambro, ſeñor de la inſula Malindrania, a quien vencio en ſingular batalla, el jamas como ſe deue alabado cauallero don Quixote de la Mancha, el qual me mandô, que me preſentaſe ante la vueſtra merced, para que la vueſtra grandeza diſponga de mi a ſu talante. O como ſe holgô nueſtro buẽ cauallero, quando huuo hecho eſte diſcurſo, y mas quando hallò a quien dar nombre de ſu dama: y fue a lo que ſe cree, que en vn lugar cerca del ſuyo, auia vna moça labradora de muy buen parecer, de quien el vn tiempo anduuo enamorado, (aunque ſegun ſe entiende, ella jamas lo ſupo, ni ſe dio cata dello). Llamauaſe Aldonça Lorenço, y a eſta le parecio ſer bien darle titulo de ſeñora de ſus penſamientos: y buſcandole nombre que no deſdixeſſe mucho del ſuyo, y que tiraſſe, y ſe encaminaſſe al de Princeſa, y gran ſeñora, vino a llamarla Dulcinea del Toboſo porque era natural del Toboſo: nombre a ſu parecer muſico, y peregrino, y ſinificatiuo, como todos los demas q̃ a el, y a ſus coſas auia pueſto.

1842 · México

Imprenta de Ignacio Cumplido. Transcripción de Wikisource, verbatim (grafía de 1842: estraño, encage, linage). Las llamadas numeradas son las notas del editor de 1842.

PRIMERA PARTE.—CAPITULO I.

Que trata de la condicion y ejercicio del famoso hidalgo Don Quijote de la Mancha.

N un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme 1 no ha mucho tiempo que vivia un hidalgo de los de lanza en astillero 2, adarga antigua, rocin flaco y galgo corredor. Una olla de algo mas vaca que carnero, salpicon las mas noches, duelos y quebrantos 3 los sábados, lantejas los viérnes, algun palomino de añadidura los domingos, consumian las tres partes de su hacienda. El resto de ella concluian sayo de velarte, calzas de velludo para las fiestas con sus pantuflos de lo mesmo, y los dias de entre semana se honraba con su vellorí de lo mas fino. Tenia en su casa una ama que pasaba de los cuarenta, y una sobrina que no llegaba á los veinte, y un mozo de campo y plaza, que así ensillaba el rocin, como tomaba la podadera. Frisaba la edad de nuestro hidalgo con los cincuenta años: era de complecsion recia, seco de carnes, enjuto de rostro, gran madrugador, y amigo de la caza. Quieren decir que tenia el sobrenombre de Quijada ó Quesada (que en esto hay alguna diferencia en los autores que de este caso escriben), aunque por conjeturas verosímiles se deja entender que se llamaba Quijana; pero esto importa poco á nuestro cuento: basta que en la narracion de él no se salga un punto de la verdad. Es, pues, de saber que este sobredicho hidalgo, los ratos que estaba ocioso (que eran los mas del año) se daba á leer libros de caballerías con tanta aficion y gusto, que olvidó casi de todo punto el ejercicio de la caza, y aun la administracion de su hacienda; y llegó á tanto su curiosidad y desatino en esto, que vendió muchas hanegas de tierra de sembradura para comprar libros de caballerías en que leer; y así llevó á su casa todos cuantos pudo haber de ellos: y de todos, ningunos le parecian tan bien, como los que compuso el famoso Feliciano de Silva: porque la claridad de su prosa, y aquellas intrincadas razones suyas le parecian de perlas; y mas cuando llegaba á leer aquellos requiebros y cartas de desafios, donde en muchas partes hallaba escrito: La razon de la sinrazon que á mi razón se hace, de tal manera mi razon enflaquece, que con razon me quejo de la vuestra fermosura. Y tambien cuando leia.... Los altos cielos que de vuestra divinidad divinamente con las estrellas os fortifican, y os hacen merecedora del merecimiento que merece

la vuestra grandeza 4. Con estas y semejantes razones perdia el pobre caballero el juicio, y desvelábase por entenderlas y desentrañarles el sentido, que no se lo sacara ni las entendiera el mesmo Aristóteles, si resucitara para solo ello. No estaba muy bien con las heridas que D. Belianis daba y recibia, porque se imaginaba que por grandes maestros que le hubiesen curado, no dejaria de tener el rostro y todo el cuerpo lleno de cicatrices y señales; pero con todo, alababa en su autor aquel acabar su libro con la promesa de aquella inacabable aventura, y muchas veces le vino deseo de tomar la pluma, y dalle fin al pié de la letra como allí se promete; y sin duda alguna lo hiciera, y aun saliera con ello, si otros mayores y continuos pensamientos no se lo estorbaran. Tuvo muchas veces competencia con el cura de su lugar (que era hombre docto, graduado en Sigüenza) sobre cuál habia sido mejor caballero, Palmerin de Inglaterra, ó Amadis de Gaula; mas Maese Nicolas, barbero del mesmo pueblo, decia que ninguno llegaba al caballero del Febo, y que si alguno se le podia comparar, era D. Galaor, hermano de Amadis de Gaula, porque tenia muy acomodada condicion para todo: que no era caballero melindroso, ni tan lloron como su hermano, y que en lo de la valentía no le iba en saga. En resolucion, él se enfrascó tanto con su letura, que se le pasaban las noches leyendo de claro en claro, y los dias de turbio en turbio; y así del poco dormir y del mucho leer se le secó el celebro de manera, que vino á perder el juicio. Llenósele la fantasía de todo aquello que leia en los libros, así de encantamentos, como de pendencias, batallas, desafios, heridas, requiebros, amores, tormentas y disparates imposibles; y asentósele de tal modo en la imaginacion que era verdad toda aquella máquina de aquellas soñadas invenciones que leia, que para él no habia otra historia mas cierta en el mundo. Decia él que el Cid Rui Diaz habia sido muy buen caballero; pero que no tenia que ver con el caballero de la Ardiente Espada, que de solo un reves habia partido por medio dos fieros y descomunales gigantes: mejor estaba con Bernardo del Carpio, porque en Roncesvalles habia muerto á Roldan el encantado, valiéndose de la industria de Hércules, cuando ahogó á Anteon el hijo de la Tierra entre los brazos. Decia mucho bien del gigante Morgante, porque con ser de aquella generacion gigantea, que todos son soberbios y descomedidos, él solo era afable y bien criado; pero sobre todos estaba bien con Reinaldos de Montalvan, y mas cuando le veia salir de su castillo y robar cuantos topaba, y cuando en Allende robó aquel ídolo de Mahoma, que era todo de oro, segun dice su historia. Diera él, por dar una mano de coces al traidor de Galalon, al ama que tenia, y aun á su sobrina de añadidura.

En efecto, rematado ya su juicio, vino á dar en el mas estraño pensamiento que jamas dió loco en el mundo; y fué que le pareció convenible y necesario, así para el aumento de su honra, como para el servicio de su república, hacerse caballero andante, y irse por todo el mundo con sus armas y caballo á buscar las aventuras, y á ejercitarse en todo aquello que él habia leido que los caballeros andantes se ejercitaban, deshaciendo todo género de agravio, y poniéndose en ocasiones y peligros, donde acabándolos, cobrase eterno nombre y fama. Imaginábase el pobre ya coronado por el valor de su brazo por lo menos del imperio de Trapisonda; y así con estos tan agradables pensamientos, llevado del estraño gusto que en ellos sentia, se dió priesa á poner en efeto lo que deseaba. Y lo primero que hizo, fué limpiar unas armas, que habian sido de sus bisabuelos, que, tomadas de orin y llenas de moho, luengos siglos habia que estaban puestas y olvidadas en un rincon. Limpiólas y aderezólas lo mejor que pudo; pero vió que tenian una gran falta, y era que no tenia celada de encage, sino morrion simple; mas á suplió su industria, porque de cartones hizo un modo de media celada, que encajada con el morrion hacia una apariencia de celada entera. Es verdad que para probar si era fuerte, y podia estar al riesgo de una cuchillada, sacó su espada y le dió dos golpes, y con el primero y en un punto deshizo lo que habia hecho en una semana; y no dejó de parecerle mal la facilidad con que la habia hecho pedazos, y por asegurarse deste peligro la tornó á hacer de nuevo, poniéndole unas barras de hierro por de dentro de tal manera, que él quedó satisfecho de su fortaleza, y sin querer hacer nueva esperiencia della, la diputó y tuvo por celada finísima de encage. Fué luego á ver á su rocin, y aunque tenia mas cuartos que un real 5, y mas tachas que el caballo de Gonela (que tantum pellis, et ossa fuit), le pareció que ni el Bucéfalo de Alejandro, ni Babieca el del Cid con él se igualaban. Cuatro dias se le pasaron en imaginar qué nombre le pondria: porque, segun se decia él á sí mismo, no era razon que caballo de caballero tan famoso, y tan bueno él por sí, estuviese sin nombre conocido; y así procuraba acomodársele de manera, que declarase quien habia sido antes que fuese de caballero andante, y lo que era entonces; pues estaba muy puesto en razon que mudando su señor estado, mudase él también el nombre, y le cobrase famoso y de estruendo, como convenia á la nueva órden y al nuevo ejercicio que ya profesaba: y así despues de muchos nombres que formó, borró y quitó, añadió, deshizo, y tornó á hacer en su memoria é imaginacion, al fin le vino á llamar : nombre á su parecer, alto, sonoro y significativo de lo que habia sido cuando fué rocin, antes de lo que ahora era, que era antes y primero de todos los rocines del mundo. Puesto nombre y tan á su gusto, á su caballo, quiso ponérsele á sí mismo, y en este pensamiento duró otros ocho dias, y al cabo se vino á llamar : de donde, como queda dicho, tomaron ocasion los autores desta tan verdadera historia, que sin duda se debia llamar Quijada, y no Quesada, como otros quisieron decir. Pero acordándose que el valeroso Amadis no solo se habia contentado con llamarse Amadis á secas, sino que añadió el nombre de su reino y patria, por hacerla famosa, y se llamó Amadis de Gaula, así quiso, como buen caballero, añadir al suyo el nombre de la suya, y llamarse , con que á su parecer declaraba muy al vivo su linage y patria, y la honraba con tomar el sobrenombre della.

Limpias pues sus armas, hecho del morrion celada, puesto nombre á su rocin, y confirmándose á sí mismo, se dió á entender que no le faltaba otra cosa, sino buscar una dama de quien enamorarse; porque el caballero andante sin amores era árbol sin hojas y sin fruto, y cuerpo sin alma. Decíase él: Si yo por malos de mis pecados ó por mi buena suerte me encuentro por ahí con algun gigante, como de ordinario les acontece á los caballeros andantes, y le derribo de un encuentro, ó le parto por mitad del cuerpo, ó finalmente le venzo y le rindo, ¿no será bien tener á quien enviarle presentado, y que entre, y se hinque de rodillas ante mi dulce señora, y diga con voz humilde y rendida: Yo, señora, soy el gigante Caraculiambro, señor de la ínsula Malindrania, á quien venció en singular batalla el jamas como se debe alabado caballero Don Quijote de la Mancha, el cual me mandó que me presentase ante la vuestra merced, para que la vuestra grandeza disponga de mí á su talante? ¡O cómo se holgó nuestro buen caballero cuando hubo hecho este discurso, y mas cuando halló á quien dar nombre de su dama! Y fué, á lo que se cree, que en un lugar cerca del suyo habia una moza labradora de muy buen parecer, de quien él un tiempo anduvo enamorado, aunque segun se entiende ella jamas lo supo ni se dió cata dello: llamábase Aldonza Lorenzo, y á esta le pareció ser bien darle título de señora de sus pensamientos: y buscándole nombre que no desdijese mucho del suyo, y que tirase y se encaminase al de princesa y gran señora, vino á llamarla , porque era natural del Toboso: nombre á su parecer músico y peregrino, y significativo, como todos los demas que á él y á sus cosas habia puesto.

Las glosas

Glosas de la casa (escritura, no dato). † = muerta en los libros de hoy (Google Books español 2010-2019 < 1 en 20 millones, ausente de La Otra); ↓ = en retirada (< 1 en 2 millones, ausente de La Otra). Google = apariciones por millón hoy; pico = década de mayor frecuencia; La Otra = veces en la poesía viva de la casa.

PalabraGlosaGoogle /MPicoLa Otra
ejerciciooficio, ocupación97.312000556
astillerola percha o soporte donde se guardaba la lanza; no el sitio donde se hacen barcos0.81183013
adargaescudo ovalado de cuero, de origen morisco0.2418304
rocincaballo de trabajo, flaco o de mala estampa0.311950
quebrantos«duelos y quebrantos»: plato manchego de huevos con tocino, que se comía los sábados; el nombre juega con «penas»1.01174049
lantejaslentejas (forma antigua)0.011710
palominopichón, cría de la paloma0.111810
añadidura«de añadidura»: además, por encima1.87196012
haciendalos bienes, el patrimonio; aquí, sus ingresos11.90183037
concluianse llevaban, consumían (el resto de la hacienda)0.341890
sayocasaca larga y holgada, sin botones0.471830
velartepaño fino de lana, de abrigo, casi siempre negro4.93181065
calzasprenda que cubría muslo y pierna; antecesora del pantalón y las medias1.14177018
velludoterciopelo; tela de pelo largo0.3618503
pantuflospantuflas, calzado de casa0.021830
vellorípaño entrefino de lana sin teñir, de color pardo ceniciento0.011810
ensillabaponía la silla al caballo0.271940
enjutoflaco, seco1.3218109
madrugadorque madruga0.292010
sobrenombreapellido o apodo1.7317906
verosímilescreíbles2.58180028
sobredichoya dicho, mencionado antes0.221800
hanegasfanegas: medida de tierra de labor0.15170011
sembraduratierra de siembra0.121840
requiebrospiropos, galanteos0.3517707
enflaquecedebilita, adelgaza (aquí, el juicio)0.051760
desvelábasese desvelaba: pasaba las noches sin dormir0.361770
celebrocerebro (forma antigua)15.601700399
encantamentosencantamientos, hechizos0.071830
descomedidosdesmedidos, excesivos0.031810
estrañoextraño (grafía de 1842)60.802010744
convenibleconveniente, razonable0.041800
orinherrumbre, óxido del hierro0.431730
luengoslargos0.201780
celadapieza de la armadura que cubría la cabeza; «celada de encaje»: la que encajaba en el peto0.63177011
encageencaje (grafía de 1842)6.36201083
esperienciaexperiencia (grafía de 1842)138.6220001691
diputódestinó, señaló0.021750
cuartosjuego de dos sentidos: grietas en los cascos del caballo (enfermedad) y monedas de poco valor; «más cuartos que un real»82.701830641
linagelinaje (grafía de 1842)8.36185064
holgóse alegró («holgó de hallarla»: se alegró de encontrarla)0.151770

Las notas del editor de 1842

Fuentes: Wikisource, El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha (1608), djvu 29-35, y edición de 1842 (Imprenta de Ignacio Cumplido, México), djvu 53-62. Termómetro: Google Books Ngram (v3, CC BY 3.0) procesado en la casa + La Otra. Sala abierta el 16 de septiembre de 2026. Si una glosa está mal, escríbenos: se corrige y se hace constar.