Todos dicen, Señora:—«Álbum sin versos
Es arpa no encordada todavía,
Donde duerme tranquila la armonía
Esperando la suave vibracion;
Y que si el vate arroja una palabra
En el mar de sus hojas incoloras,
Se estremecen sus páginas sonoras
Cual árbol que sacude el aquilon.»
¡Oh! no es cierto! sin duda quien tal dijo,
Jamas tu álbum purísimo ha tenido,
Porque entonces habria allí leido
Lo que en sus hojas blancas yo leí:
Lo que se lée en las ondas de los rios
Cuando la blanca luna los colora;
Lo que se lée en las nubes del aurora
Entre celajes de oro y de carmin.
¿Qué podré yo decir, que ya no diga
Esta página blanca de azucena?
Aquí se vé lucir pura y serena
Tu frente que selló la castidad;
Aquí se leen tus albos pensamientos
Y la inefable candidez de tu alma,
Y una elocuente imágen de la calma
En la apacible vida del hogar.
Aquí toda tu vida está en compendio
Donde dice con cifra misteriosa:
Bella argentina, madre cariñosa,
Esposa tierna... ¿qué mas quieres, dí?
Yo te juro que todo cuanto he dicho
Diciendo está tu libro en su pureza,
Y en su nivea blancura hay mas belleza
Que la que el númen puede darte á tí.
Tampoco creas que el pensil mas bello
Pueda exalar mas inefable aroma,
Cuando el aurora en el oriente asoma
Y la tierra le ofrece su ovacion;
Que aquí, de las domésticas virtudes
Un misterioso olor llena el ambiente,
Que baña al peregrino blandamente
Si se acerca á tu umbral con emocion.
Todo lo dice un libro inmaculado
Para espresar una existencia pura,
Y esa misma elocuencia, la natura
Manifiesta en el agua y en la flor;
Pero si algo deseas, jóven bella,
Que en este álbum purísimo te diga,
Diré:—El cielo tu existir bendiga
Bajo el ala azulada del amor.
Puedas volver al seno de tu patria
En brazos del esposo que te adora,
Y esa prole que el alma te enamora
Le dé dias de gloria y esplendor.
Mi voto es tal, y el corazon me dice
Que si mi patria fuese tu familia,
Pasaria su noche de vigilia
Y brillaria de esperanza el sol.