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PoetósferaLa BibliotecaGuillén de Castro y Bellvís

Guillén de Castro y Bellvís · Barroco

Jornada tercera — Vanse el REY y los CRIADOS.

español

DUQUE Mi hija, mis ojos bellos,
pues ya pienso darte abrazos,
dame tus divinos brazos,
y llévame al cielo en ellos.

NÍSIDA ¡Padre mío!

DUQUE ¡Hija mía!
Acompañarte imagino,
que es muy áspero el camino
y has menester compañía.

NÍSIDA No, señor.

DUQUE Penas son éstas
para no hacerse mortales.
¡Ay santo honor, mucho vales,
pero a mí mucho me cuestas!
Por justo precio te das
a mis pensamientos buenos;
que, al fin, si no vales menos
no pudieras costar más.

NÍSIDA ¡Ay Celauro! ¡Ay triste suerte!
¡Ay padre amado! ¡Ay de mí!
Adorándote viví,
y vengo a morir sin verte.
Amigo dulce ¿qué harás,
muerta el alma que te adora?
Más siento mi muerte agora
por lo que tú sentirás.
(¿Diré a mi padre mi empleo?
Ocúpame la vergüenza;
mas no hay cosa que no venza
el ansia deste deseo.
Yo se lo quiero decir;
mas ¿si me querrá escuchar?
¡Si lo pudiese obligar
a que lo hiciese venir!)

DUQUE ¿Hace el veneno su efeto?

NÍSIDA Aún no tiene tanto brío.
Cierto pensamiento mío
me tiene el pecho inquieto.
El cielo justo lo ordena
para que en esta ocasión...

DUQUE Descansa tu corazón,
dame parte de tu pena.

NÍSIDA ¿Y si es culpa?

DUQUE Si la has hecho,
viendo que la pagas ya,
¿adónde, hija, estará
más secreta que en mi pecho?
Descansar puedes conmigo,
que mi palabra te doy
que honrado padre te soy,
y he de serte fiel amigo.

NÍSIDA Consuelo y ánimo das
a esta triste.

DUQUE Hija querida,
quisiera darte la vida.

NÍSIDA Oye, para darme aún más:
por tu gusto me crié,
de tres años no cabales,
con la Reina, mi señora,
y deste tirano, madre.
Permitió el cielo que fuese,
dando principio a estos males,
cuando de la misma edad
era Celauro el Infante;
y como, padre del alma,
siempre en ocasiones tales
suele hacer los gustos unos
el ser unas las edades,
tanto fuimos desde entonces
el uno al otro agradables,
que nuestras almas conformes
vieron efetos notables;
pues las amas, en llorando
tiernos de niños y amantes,
iban a buscar al uno
para que el otro callase.
Muchas cosas te dijera
de ternezas semejantes,
que a enternecerte bastaban,
y pudieran disculparme;
que aunque ha tanto que pasaron
no fuera mucho acordarme,
pues tan presentes las tengo,
como si ahora pasasen.
Con ellas y con los años
crecieron las voluntades,
y tanto, que el niño amor,
con nuestra edad, se hizo grande.
Pues, como grande, en efeto,
pudo a Celauro obligalle
a más fuertes sentimientos
y a mayores libertades.
Palabra me dio de esposa
para que yo le otorgase
la prenda más deseada
y difícil de alcanzarse.
Aquí me acaba la pena
que, con esto, pienso darte,
porque, rendida a su gusto,
ninguno pude negalle.
Un año le tuvo, y cuando
fue a padecer en la cárcel,
a mí me dejó en el mes
donde la muerte esperase.
Libróme Dios de sus manos,
sacando a su luz un ángel
a quien escondió la tierra;
el cómo, el cielo lo sabe.
Lo que agora te suplico,
si es posible, amigo, padre,
que quien me quiso en la vida,
en la muerte venga a honrarme,
dándome mano de esposo,
pues estando tú delante,
harás con tu bendición
que la del cielo me alcance.
Mas ya ha rato que el veneno
se esfuerza por acabarme;
¿qué mucho, pues ha tenido
mil cosas que le ayudasen?
Mortales bascas me aprietan
de su ardor incomportable.
Ya, padre, pues te ofendí,
es muy justo que lo pague.
Ya el consuelo que te pido
vendrá tarde, aunque le llames;
que siempre a los desdichados,
no llega, o llega tarde.

DUQUE Hija mía... Mas de modo
llega furiosa la muerte,
que no puedo responderte
sino que es desdicha todo.

Sale, CELAURO y CELANDINO, criado.

CELAURO Pues no ha sido menester,
para hallarte, poca dicha.

DUQUE Llega, y mira tu desdicha
para podella creer.

CELAURO ¡Cielo! ¿Qué humano albedrío
a esto fue poderoso?
¡Eclipsado sol hermoso!
¡Luz del alma!

NÍSIDA ¡Amigo mío!

CELAURO ¿Que esto la suerte permita?

NÍSIDA Y yo lo permito ya,
por este bien que me da,
esta vida que me quita.
Ahora la muerte venga,
que no me hallará quejosa;
pero has de hacer una cosa
para que entero le tenga.
Mi padre, de nuestro amor,
sabe lo más importante;
dame la mano, bastante
a darme gusto y honor.
¿Eres mi esposo?

CELAURO Sí soy.

NÍSIDA Y yo soy tuya también;
dame la mano.

CELAURO Mi bien,
ya era tuya, y te la doy.

NÍSIDA ¡Alegre y dichosa palma!
¡Esposo amigo!

CELAURO ¡Señora!

NÍSIDA No me la dejes ahora
hasta que me deje el alma,
¿Que ya eres mío de veras?

CELAURO Y ¿cuándo tuyo no fui?

NÍSIDA ¡Qué gloria hubiera en mí
si largos años lo fueras!
Pero es tan corta mi suerte,
que vengo a pagalle parte
de la gloria del ganarte
con la pena del perderte.

CELAURO ¿Perderme? Contigo irá
al cielo un alma, que fuera
tras la tuya, aunque supiera
que era cierto el ir allá.
Pues ¿habías de morirte,
y yo no morir de enojos?
Desangrado por los ojos
moriré para seguirte.

DUQUE ¿Quién no muere contemplando
suceso tan lastimero?
Yo, de enternecido muero,
y de muerto estoy callando.

NÍSIDA ¡Ah Señor! No llores tanto...

CELAURO Llorando, quiero morir.

NÍSIDA ...Porque yo venga a sentir
más que mi muerte tu llanto.
Ya muero.

CELANDINO ¡Infelice hombre!

NÍSIDA ¡Ay esposo! ¡Ay muerte! Espera.
¿Cómo es posible que muera
quien puede darte ese nombre?

CELAURO ¡Mi bien, mi bien! ¡Suerte esquiva,
tu inclemencia ha sido mucha!

DUQUE Quien esto mira y escucha,
¿cómo es posible que viva?

NÍSIDA ¿A quién daré mis querellas?
El Rey...

CELAURO ¿Para qué le nombras?

NÍSIDA El Rey entre oscuras sombras,
líbrate, Celauro, dellas.
Padre, Celauro, ¿qué has hecho?...
el furor al Rey aplaca,
que de tus brazos me saca,
pues no puede de tu pecho.
Tuya soy.

DUQUE ¡Hija querida!

CELAURO Ese temor no te asombre.

DUQUE En la muerte muestra el hombre
las costumbres de la vida;
y esto bien claro se vio
en el ángel que estoy viendo,
pues muere agora temiendo
lo que viviendo temió.
Virgen del cielo piadosa,
ayudalde. ¡Hija querida!
¿no me respondes?

CELAURO Mi vida,
¿óyesme, querida esposa?
¿Sordos, amiga del alma,
a mis voces tus oídos?

DUQUE Ya de todos los sentidos
llevó la muerte la palma.

CELAURO Y ¿no la lleva de mí?

DUQUE ¡Jesús mil veces, Señor!
¡Favor aquí!

CELAURO ¡Aquí favor!

DUQUE Ya es muerta.

CELAURO ¿Ya es muerta?

DUQUE Sí.
Ya al cielo te levantas,
ya sus claras estrellas
con inmortales pies pisas y mides.
Ya entre las almas santas
escuchas mis querellas,
y a todo el Cielo mi consuelo pides.
Si con mi gusto mides
el tuyo, pide al cielo
que me lleve tras ti, y tendré consuelo.
En penas tan notables,
por mi mano arrancadas
.....................................
.....................................
......................................
no cubre el cielo vuestra blanca nieve,
que aunque este cielo llueve,
con mortales desmayos,
no arroja nieve, porque engendra rayos;
serán mi venganza,
iguales con mi mengua,
pues acude al dolor mi sangre fría
con tan justa esperanza.

CELAURO ¡Ah, cielo! Dame lengua,
o quítame la vida, ya no mía,
pues ha llegado el día
que al alma triste asombra,
viendo su claro sol trocado en sombra.
Si sueño o devaneo,
¿es verdad o es engaño?
¡Muerta Nísida! Cielo, dulce esposa...
Pero ¿cuál es el daño?
Que es mío y no lo creo.
Mas tu mano es injusta y poderosa,
que a mi Nísida hermosa
me llevas, ciclo amigo.
¡Mil veces de lo dicho me desdigo!
Ya sé que en un cristiano
fue loco pensamiento;
mas pagaráme el alma, que he perdido,
aquella injusta mano
que ha sido el instrumento
de mi justo castigo; si lo ha sido,
de mí fue merecido.
Mas ¿es bien empleado
que pague un ángel lo que yo he pecado?
Mas ¿qué estoy esperando?
Págueme el Rey y el mundo
el triste eclipse de mis luces bellas,
tantas almas sacando,
que al cielo, y al profundo,
le faltará lugar donde ponellas;
pero, si estoy sin ellas,
¿qué vitoria o qué palma
has de poder llevar, brazo sin alma?
Si tú fuiste alimento,
mi bien, del alma mía,
si en todas mis acciones te invocaba,
si con tu dulce aliento
volaba, si quería
alcanzar los favores que alcanzaba
¿cómo no imaginaba
que, siendo en flor cogida
tu beldad, acabase así mi vida?
Pero ¿fue por ventura
Píramo más amante?
¿Tengo menos valor o menos daños?
En mayor desventura
¿seré menos costante?
.................................

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Expediente

Autor
Guillén de Castro y Bellvís
Título
Jornada tercera — Vanse el REY y los CRIADOS.
Lengua
español
Época
Barroco
Sala
La Biblioteca
Identificador
ws-es-jornada-tercera-vanse-el-rey-y-los-criados--guillen-de-castro-y-bellvis-5b63bf
Cita recomendada
Guillén de Castro y Bellvís, «Jornada tercera — Vanse el REY y los CRIADOS.», Poetósfera, poetosfera.com/p/ws-es-jornada-tercera-vanse-el-rey-y-los-criados--guillen-de-castro-y-bellvis-5b63bf.html

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