REY Injusta mano mía,
de ti salió el rigor que me tormenta;
quité la luz al día,
y agora, en las tinieblas de mi afrenta,
me consume y me asombra,
del muerto sol, la imaginada sombra.
Quien tal hizo, ¿qué espera?
¿Es verdad que maté mi prenda amada?
¡Ay, alma injusta y fiera,
de algún demonio entonces incitada!
¡Ay, corazón! ¿Qué has hecho?
Salta a pedazos de mi airado pecho.
Ya rabio, ya me admiro,
ya lloro, ya me aíro, ya recelo.
Desde la tierra miro
la espada, a tu justicia, impíreo cielo,
y que la pide aquella
que fue mi sol, y la eclipsó mi estrella.
¿Cómo perdí el sentido?
¿Qué culpas cometí a mi pena iguales?
Vosotros habéis sido
causa de todo, celos infernales;
que tan penosos duelos
¿quién pudiera causarlos, sino celos?
Sale un GRANDE.
GRANDE Sabe, señor, que en tu palacio tienes
casi todos los grandes de tu tierra,
y de gente de lustre hay infinita,
y del vulgo, hasta niños y mujeres.
REY Y ¿qué la causa ha sido?
GRANDE Haber llegado
unos hombres villanos en el traje,
y en los hombros traían unas andas,
que, cubiertas de luto y de tristeza,
dieron admiración, y así los siguen
con el deseo de saber la causa.
Ellos, callando a todo, aquí han llegado,
y dejando las andas a la puerta
desta sala, licencia pide el uno
para hablarte en presencia de tu corte.
Dime tu gusto ahora.
REY Extraños modos
de proceder; ve y diles que entren todos.
Vase el GRANDE.
¿Qué habrá sido la ocasión
desta novedad? Sin falta
que es en mi daño, pues salta
en mi pecho el corazón.
Salen cuatro GRANDES y el PASTOR viejo, y LEÓNIDO, en hábito de villano, con la espada desnuda, y otra gente.
LEÓNIDO (Valedme, pecho alterado). Aparte.
Pues aquí obligado llego
de vuestro acero, en el fuego
de mis agravios templado,
aunque honrado, de ofendido
hice, Rey, esta jornada,
con esta desnuda espada
y este vestido, vestido.
Porque así se representa
a la razón. Que me ayuda,
aquí, mi verdad desnuda,
y aquí, vestida, mi afrenta.
Y así pide, en la presencia
de tu corte, mi esperanza,
a tu justicia venganza,
o para hacella licencia.
También con la causa vengo
que me obliga a pretendella,
porque gustando de vella,
veas la razón que tengo.
Mas licencia me has de dar,
porque si hecho de ver
que no lo quieres hacer,
me la pueda yo tomar.
REY Sea así, que tal estoy,
y tal me contemplo aquí,
que aun para matarme a mí
licencia también te doy.
Corre una cortina LEÓNIDO, y parecen en unas andas CELAURO y NÍSIDA muertos, y el DUQUE a sus espaldas.
LEÓNIDO Mira, pues.
REY ¡Ay, cielo airado!
Dale, y cae a los pies de CELAURO y NÍSIDA; llegan los grandes y gente a querelle matar, y el DUQUE le ampara.
LEÓNIDO ¡Toma traidor!
REY ¡Ay rey triste!
LEÓNIDO La licencia que me diste
para matarte he tomado.
REY Justo castigo me envía
el cielo.
GRANDE ¡Muera el traidor!
DUQUE Matadme a mí, que es mejor,
pues que la venganza es mía.
¿Es posible que os altera,
deudos míos, pueblo amado,
que quien hizo este pecado
le pague desta manera?
GRANDE 3º ¿De un villano el desatino
mata al Rey? Muerte merece.
DUQUE En el traje lo parece,
y es mi nieto y su sobrino.
Hijo es éste del Infante
y de mi hija y su esposa.
Su suerte maravillosa
es muy cierta, no os espante.
Sosegaos, y aquesta firma
ved que afirma esta verdad,
y estotras señas mirad,
que del todo lo confirma,
Toma de manos de CELAURO el papel que escribió lleno de sangre y de las manos de NÍSIDA la cruz que llevaba al cuello.
que esta cruz que aquí se ve
es la que al cuello traía.
Yo la conozco por mía,
como de mi hija fue.
PASTOR Y yo digo que con ella
lo hallé, y lo puedo jurar,
y muchos testigos dar
de que pudo merecella.
GRANDE 4º ¡Gran secreto el alto cielo
nos descubrió en este día!
GRANDE 2º Sin duda el cielo lo envía,
y ha de ser nuestro consuelo.
GRANDE 4º Pues que vimos sus extremos,
gobernará nuestra grey.
¿Queréisle por vuestro rey?
TODOS Por nuestro rey le queremos.
DUQUE No pronunciará mi boca
lo que dijisteis agora;
que a la Infanta, mi señora,
de derecho el reino toca.
GRANDE 4º ¡Dueño queremos varón!
TODOS Todos lo mismo decimos.
GRANDE 1º Por nuestro rey lo elegimos.
DUQUE No consiento en su elección.
Y tú, ¿lo admites?
LEÓNIDO Señor,
sí admito.
DUQUE ¡Gran desatino!
Traidor eres.
LEÓNIDO Ya imagino
el cómo no ser traidor.
Calle, que yo seré fiel.
GRANDE 4º Reciba, pues, tu persona
deste reino esta corona,
que si ahora es de laurel,
con mayor solemnidad,
que yo por todos lo juro,
llevarás la de oro puro
que otorgó su santidad
del pontífice romano,
en aquel dichoso día,
a Esteban, que fue en Hungría
el primero rey cristiano.
Ahora con voz altiva
digan todos, como es ley:
¡Viva nuestro nuevo rey!
TODOS ¡Nuestro rey mil años viva!