INFANTA ¡Que una corcilla herida
tenga ligereza tanta!
Corriendo vengo, y corrida,
más ligera que Atalanta,
y por ligera perdida.
Mi gente atrás he dejado
un cuarto de legua y más,
y un caballo he reventado,
que, de puro espoleado,
al viento dejaba atrás.
Allí está un hombre dormido.
Poca pena le darán
celos, ausencia ni olvido...
Y en su traje es muy galán.
El rostro no me ha ofendido,
ni erraré cuando le mire,
aunque a su esperanza aspire,
porque yo querría el hombre,
ni tan feo que me asombre,
ni tan bello que me admire.
Galán es, no hay que dudar.
Sus buenos hados le den
cuanto llegue a desear,
que yo no puedo negar
que me ha parecido bien.
Pero a mi valor, amor,
en esta ocasión le pones;
mas tú me le das mayor;
¿que quien no tiene ocasiones,
qué hace en tener valor?
Pero ¿qué en la mano tiene?
¿No es retrato aquello? Sí.
Burlarle ahora conviene,
pues uno que tengo aquí
tan al propósito viene.
Truécale el retrato.
Llamará mano cruel
la que le quitó el retrato,
y a su dueño poco fiel;
y yo tendré muy buen rato
si me conoce por él,
que sin duda a mí vendrá,
pues le dejo puerta abierta,
con la ocasión que le da
mi burla. Voyme, que ya
me parece que despierta.