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Guillén de Castro y Bellvís · Barroco

Jornada primera — Vanse todos, y quedan CELAURO y NÍSIDA, y abrázanse.

español

CELAURO Remedio de tantos daños,
placer que al alma enriquece,
claro día que amanece
en tinieblas de quince años.
Sol hermoso, alegre cielo,
cuyo divino arrebol,
como el cielo y como el sol,
luz ofrece y da consuelo.
¿Que te miro?, ¿que te toco?
Soñada será esta gloria,
así engaño la memoria
para no volverme loco;
pero ya la he merecido,
y que estoy loco confieso,
pues temo perder el seso
cuando lo tengo perdido.
¿No me respondes?

NÍSIDA Y ¿cuándo
se vio más sabrosa calma?
Mi bien, regalos del alma
mejor se dicen callando.
Mas no te quejes de mí.

CELAURO ¡Ah celestiales despojos!

NÍSIDA Ya te responden mis ojos
a lo que me dices; di.

CELAURO ¡Ah mi gloria!, no podré
sin estarles ofendiendo,
que yo su lenguaje entiendo
pero hablalle no sabré.
Y así, quedo descontento,
pongo al cielo por testigo,
pues con sentir lo que digo,
no les digo lo que siento.
Pero quiero suspender
esta gloria que me han dado,
pues quedaré disculpado
si la dejo por saber
lo que saber no he podido,
aunque más lo deseé,
donde sin barbas entré,
y con ellas he salido:
que éste, mi hermano cruel,
conmigo tanto lo estaba,
que aun lugar no me otorgaba
para leer un papel;
mas ya me ofrece lugar
el cielo en que pueda ser.

NÍSIDA Mucho tienes que saber,
y yo mucho que llorar;
pero, pues te tengo a ti,
segura estoy de vaivenes.

CELAURO Ya sin sentido me tienes.

NÍSIDA ¿Oyes mis desdichas?

CELAURO Di.

NÍSIDA Después que te vi en prisión
con el rigor que tuviste,
por una falsa sospecha,
que a tu valor contradice,
pues sabes como quedé,
puedes pensar lo que hice.
Llegó la hora del parto,
¡imagina qué terrible!,
con mi camarera sola,
muerta de ver afligirme,
oyendo mis sordas voces,
y el cielo mi llanto humilde;
que así las voces y el llanto
salían del pecho triste,
tragando algunos suspiros,
al secreto convenibles.
Pero entre tantas congojas,
nunca el alma donde vives
dejó de adorar la causa
de dolor tan insufrible;
y después de haberme visto
cerca de la muerte, vime,
dando mil gracias al cielo,
aunque fatigada, triste.
De un niño recién nacido
con lágrimas despedíme,
y una cruz le puse al cuello
de esmeraldas y zafires,
y la sortija, con ella,
del diamante que me diste,
diciendo, al dármela, que era
menos que tu pecho firme.
Y por aquella ventana
que hace vista a los jardines,
Claudia se la dio a Crisanto
en una cesta de mimbres.
Y como su nacimiento
prometió suerte infelice,
saber de Crisanto y él
jamás ha sido posible.
Quedé sin padre y sin hijo,
casi a punto de morirme,
y así pasé algunos años,
tan largos como infelices,
hasta tenellos peores,
que me pareció imposible;
porque el Rey, tu hermano, ha dado,
mi Celauro, en perseguirme,
tan ciego de sus antojos,
que sin concierto los sigue,
pues todo el reino los sabe
y todo el mundo los dice.
La Reina muere de celos,
no porque agravio le hice,
porque ruego al justo cielo
con su rigor me castigue,
poniendo en su hermoso sol
para mí un eterno eclipse,
la tierra no me sustente,
la mar sus aguas me quite,
sucedan para mi daño
los mayores imposibles,
no pueda verme en tus ojos,
ni tú en mis ojos te mires,
y véame en los del Rey,
que me agravia y me persigue,
que es la mayor maldición
con que puedo maldecirme,
si a ella ni a ti ofendí
en un cabello, una tilde,
en quince años que ha que faltas,
por lo que el cielo permite.
Que aunque cuando me dejaste,
apenas llegaba a quince,
en el destierro y en todo
puedo compararme a Ulises.

CELAURO El cielo que nos ampara
quiso así, Nísida mía,
templar tan grande alegría,
para que no me acabara.
El perder un hijo siento,
mi gloria, como es razón;
mas la postrera ocasión
es de mayor sentimiento.
¿Y siempre el Rey persevera
sin que tu pecho se ablande?
Ese imposible tan grande
sólo de ti le creyera.
Porque soy de parecer,
mi Nísida, por tu vida,
que no hay ninguna querida,
que no se deje querer.

NÍSIDA Luego ¿en mi ofensa acomodas
esos pareceres?

CELAURO No;
que a ti el cielo te crió
muy diferente de todas
en belleza y en cordura.

NÍSIDA Tarde a disculparte vienes.

CELAURO Y hace adorar tus desdenes
el extremo de hermosura.
Ella hizo, siendo así,
él constante y tú cruel,
nuevos efetos en él
y nuevo milagro en ti.
Ya te enojabas.

NÍSIDA Amigo,
cuando él llorando me nombra,
adorando estoy tu sombra.

CELAURO No te enojes si te digo
que temo, no que sospecho,
lo que un rey podría hacer.

NÍSIDA Él es rey, y tú has de ser
el que reinará en mi pecho.
De mí te puedes fiar.
¿Puede un rey...

CELAURO De ti me fío.

NÍSIDA ...forzar el libre albedrío,
que Dios no quiso forzar?
Para dejar de quererte
sólo el morir será parte.

CELAURO A ti poco es adorarte.

NÍSIDA Bien puede darme la muerte.
Pero...

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Autor
Guillén de Castro y Bellvís
Título
Jornada primera — Vanse todos, y quedan CELAURO y NÍSIDA, y abrázanse.
Lengua
español
Época
Barroco
Sala
La Biblioteca
Identificador
ws-es-jornada-primera-vanse-todos-y-quedan-celauro-y-n--guillen-de-castro-y-bellvis-291727
Cita recomendada
Guillén de Castro y Bellvís, «Jornada primera — Vanse todos, y quedan CELAURO y NÍSIDA, y abrázanse.», Poetósfera, poetosfera.com/p/ws-es-jornada-primera-vanse-todos-y-quedan-celauro-y-n--guillen-de-castro-y-bellvis-291727.html

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