REY (Lágrimas, mis luces bellas,
¡oh celestiales despojos!,
lágrimas de tales ojos,
y ¿quién puede merecellas?
Para el infierno de amor
¿fáltame otra cosa, cielos,
sino esta pena de celos,
que sin duda es la mayor?)
INFANTA Buen tono y letra escogida.
REY Y compúsola tan bien...
MÚSICO Celauro, tu hermano.
REY ¿Quién?
NÍSIDA (¡Ay Celauro de mi vida!
Saltos me da el corazón).
REY (¡Qué tarde mi mal sospecho! Aparte.
Muchas destas habrá hecho
en quince años de prisión.
Si le quiere bien, yo muero).
NÍSIDA (¡Qué mal he disimulado!)
REY (Siempre el más interesado
sabe su agravio el postrero.)
Pero ¿sería posible
sólo haberte enternecido
de haber el romance oído?
(¡Ay celos, dolor terrible!)
NÍSIDA (Mal disimula un cuidado
la extremada voluntad).
REY (Daréle la libertad,
que nunca le hubiera dado,
y así a la sospecha mía
haré segura certeza
si descubro en su tristeza
efetos de su alegría).
Agora, libre, podrá
dar muestras de su contento
en sus romances.
NÍSIDA ¿Qué siento?
¿Es verdad que libre está?
REINA ¿Ya está libre?
REY Sí, señora.
De los grandes obligado,
le libré, mas ha importado
estar secreto hasta ahora.
REINA Pues desengañado estás,
aunque tarde, justo ha sido.
REY El Duque a librarle ha ido.
NÍSIDA ¿Mi padre fue? ¿Yeso más?
(Corazón, que estás saltando
de placer, ¿si son quimeras?
Creo que sueño de veras,
o que lo escucho burlando,
y disimular podría).
REY (Muerto soy, no son antojos,
pues lágrimas vi en sus ojos,
y agora veo alegría.
¡Qué de señales ha dado
de que al fin le tiene amor!
¡Cuántas veces el color
ha perdido y ha cobrado!
¿Será mi tormento eterno?
Pues si fui, puesto en balanza,
purgatorio en la esperanza,
ya soy en la pena infierno).
REINA ¡Ah, cómo el amor le niega
los sentidos a un amante!