CELAURO Mi gloria, ¿por qué
esta mudanza?
NÍSIDA ¡Ay de mí!
Mi bien, a la muerte vi
al punto que la nombré.
CELAURO ¿Qué imaginación, qué daño
destos agüeros sospecho?
Esta vez, Nísida, has hecho
caso en ti no poco extraño.
Ea, los ojos levanta;
¿dónde tu valor está?
NÍSIDA Verdadero ¿qué hará,
pues que imaginado espanta?
No son verdades dudosas
las que este extremo han causado.
CELAURO Ya vuelve el color rosado
a las mejillas hermosas.