ALB.
¡La voz del de la otra noche,
San Dionís! Y en los secretos
de nuestras gentes hablaba
coom en sus negocios mesmos.
Él es, no me queda duda;
todo lo adivino a un tiempo:
de la muchacha el galán,
de doña Aldonza el cortejo,
de Guzmán el enemigo
y de todos el infierno.
¡Oh! Todo me sobra ahora;
valor, honra, vida y celos.
ROB.
Don Albar, dadme la mano.
ALB.
¿Despedida es?…
ROB.
Para lejos.
ALB.
¿Dónde os vais?
ROB.
Do iremos todos:
en la plaza nos veremos.
ALB.
¿Despechado estáis?
ROB.
Lo estamos.
ALB.
¿Tanto como yo, Robledo?
ROB.
He visto al diablo las uñas.
ALB.
¡Y yo las alas al cuervo!