CADA PIEZA VIVE EN UNA DIRECCIÓN · NADA VIVE EN UNA SOLA SALA  

PoetósferaLa BibliotecaJosé Zorrilla

José Zorrilla · Modernismo

Epístola al Sr. D. Fernando de la Vera Isla-Fernández — I

español

Al recorrer los versos que me envías,
Fernando, en le jardín de mi memoria
el árbol inmarchito del recuerdo
entre dolor y júbilo retoña.
En vasto panorama a mis pupilas,
aunque a par con dos lágrimas, se agolpan
todos aquellos sueños de luz y oro
que nuestra juventud engendró loca.
Me parece que, vuelto a aquellos días,
vuelvo, Fernando, a las alegres horas
de aquella vida sin pesar ni afanes,
como audaz e insaciable, vigorosa.
Entonces, al umbral de la existencia,
ajenos a sus duelos y zozobras,
como florido Edén la contemplábamos,
ricos de juventud, ansios de gloria.
Entonces, en quiméricos fantasmas,
que el desengaño desvanece ahora,
creyendo aún, cantábamos la dicha,
flor que jamás sobre la tierra brota,
flor que sólo produce el paraíso:
el hombre de ella solamente goza
el lejano perfume, la esperanza
que el erial de su existencia aroma.
A la influencia del fecundo ambiente
que embalsama su soplo, nuestras obras
germinan, y después tras de nosotros
quedan, cual de los árboles las hojas
sobre el haz de la tierra; a éstas el viento
en átomos vivíficos las torna:
aquéllas, por el tiempo arrebatadas,
tal vez dan frutos en la edad remota.
Ya sabes mi opinión: no me preguntes
si puedes a tus versos dar la forma
de libro, y a luz pública lanzarlos;
del árbol de tu vida son las hojas
y tras ti quedarán; átomos tuyos,
ya del acíbar de tu pena gotas,
centellas de tu fe, de tu mal lágrimas,
fuerza será que el tiempo los recoja;
más pronto, si los lanzas en un libro,
más tarde, si al azar los abandonas;
porque todo en el tiempo se confunde,
mas nada en él se pierde ni se borra.
Lánzalos. ¿Para qué los has escrito?
¿Para aliviar no más las melancólicas
horas de tu dolor? Siempre habrá un triste
que su dolor para aliviar los coja.
¿Para arrojar de ti los pensamientos
que en la mente fecunda te rebosan?
Siempre ha de haber alguno a quien le falten,
que no andan en el siglo tan de sobra.
Lánzalos: y aunque sea solamente
porque las aguas de tu Fuente corran,
hazlos correr, que en sus corrientes linfas
ha de aplacar su sed más de una boca.
¡Con qué placer la mía he aplicado
al raudal cristalino de sus ondas!
Otros habrá que como yo las beban,
porque son, ¡a fe mía! muy sabrosas.
¿Temes tal vez la crítica? Tus versos
sin pretensión sus iras no provocan:
son de tu triste corazón suspiros,
ella carece de él y se hará sorda.
Lanza tus versos a la luz, Fernando:
hoy, que la triste enfermedad te agobia,
los dolores del cuerpo miserable
con el vigor del ánimo sofoca.
Lanza tus versos a la luz, Fernando:
en la región de América te nombran
con placer todavía: sus periódicos
aún hoy tus cantos juveniles copian.
Tu nombre un tiempo se escribió entre nombres
en nuestra patria célebres ahora,
y aún hay quien halle con placer el tuyo
como un amigo de la infancia. Torna,
pues, a las letras que olvidaste un día
por la estéril política enojosa:
vuelve a la poesía, de las penas
de esta vida mortal consoladora.
Aprovecha tus viajes y experiencia:
y pues tu nave a tan diversas costas
impelió la fortuna, al son del arpa
tus recuerdos poéticos evoca.
Haz como yo, que vivo sin pesares
en el risueño Edén de mis memorias,
y mi mal y mis duelos poetizo
y todo por doquier se me transforma
en bienandaza y en placer y el cuerpo
flaco cuyo vigor el tiempo agota,
yace a sus pies esclavo del espíritu,
y el alma reina en él libre, despótica;
y de todo me sirvo, y me aprovecho
de cuanto hallo, y mi ser con todo goza,
y es para mí la tierra un regio alcázar,
el cielo un pabellón y el sol su antorcha.
Así a mi cuerpo, como el tuyo frágil,
avasallo y la vida no me enoja,
pues todo en ella a mi deleite sirve
del alto alcázar a la humilde choza.
¿Quieres saber lo que en la Flandes hago?
Lo que ha tres años por doquier: mi obra
avanzar de Granada. A emprender iba
la relación sombría y desastrosa
de la postrer catástrofe, que el genio
del Islam para siempre hundió en la sombra
del vencimiento, y me era necesario
buscar mi inspiración bajo una atmósfera
lúgubre, fría, inerte, bajo un cielo
cuya plomiza y aplanada bóveda
me arrancara un suspiro como el último
que exhaló Boabdil por su corona.
En esta Flandes, española un día,
hallé lo que buscaba; silenciosa
tranquilidad, prosaica existencia
que excite las poéticas memorias
de la oriental España; y aquí marcha
mi árabe carabela viento en popa:
pueblo aquí mi fantástico universo
de miles de quimeras incorpóreas,
que me acompañarán mientras que viva
tornando en poesía la vil prosa
de esta vida de goces materiales,
de cálculo y de niebla, que sofoca
la fe, la inspiración, la poesía,
los instintos el alma generosa,
que la mansión mortal no considera,
cual esta gente ruin, como una lonja.
Hago, en fin, lo que todos,: fumo y bebo
en el flamenco cabaret: mas brota
de mí la poesía a pesar mío
y voy al cabaret como iba Hoffmann.

Sigue explorando

Por su autor
José Zorrilla · 386 piezas más en la casa
Dónde vive
La Biblioteca

← El paso de armas de Beltrán de la CuevaEpístola al Sr. D. Fernando de la Vera Isla-Fernández — II. →

Expediente

Autor
José Zorrilla (1817–1893) · Wikidata Q331863
Título
Epístola al Sr. D. Fernando de la Vera Isla-Fernández — I
Lengua
español
Época
Modernismo
Sala
La Biblioteca
Identificador
ws-es-epistola-al-sr-d-fernando-de-la-vera-isla-fernan--jose-zorrilla-a02c50
Cita recomendada
José Zorrilla, «Epístola al Sr. D. Fernando de la Vera Isla-Fernández — I», Poetósfera, poetosfera.com/p/ws-es-epistola-al-sr-d-fernando-de-la-vera-isla-fernan--jose-zorrilla-a02c50.html

Las obras de dominio público se reproducen íntegras, con atribución y en la ortografía de su impreso. ¿Ves una errata o conoces una fuente mejor? Escríbenos desde Sobre la casa.