TER.
¡Pedro!… (Tiernamente).
PEDRO.
No olvides de hoy más
de aquel sabio los consejos:
«Ama a Pedro desde lejos,
no se lo digas jamás.»
TER.
¡Aún me privaréis!…
PEDRO.
Silencio,
Teresa; viniste aquí
venganza a pedir de mí:
ven a ver cómo sentencio.
Si te ultrajó Pedro Bravo,
don Pedro te satisface;
por lo que a lo de antes hace,
aquí empiezo y aquí acabo.
TER.
Señor, quien quier que seáis,
que aun comprenderos no puedo,
para quien en nada quedo,
pues do empezáis acabáis.
Vuestra palabra os levanto,
pues que vais de mala gana,
que me creo asaz villana
para obligaros a tanto.
PEDRO.
Ve recta por tu camino,
muchacha, y confía en Dios;
vas de la venganza en pos
y es vengarte tu destino.