Cantando me han de enterrar
Cantando me he de ir al cielo.
SANTOS VEGA.
Santos Vega, tus cantares
No te dieron fama y gloria,
Mas viven en la memoria
De la turba popular;
Y sin tinta ni papel
Que los salve del olvido
De padre á hijo han venido
Por la tradicion oral.
Bardo inculto de la pampa,
Como el pájaro canoro
Tu canto rudo y sonoro
Diste á la brisa fugaz;
Y tus cantos se repiten
En el bosque y en el llano,
Por el gaucho Americano,
Por el indio montaráz.
¿Qué te importa si en el mundo
Tu fama no se pregona?
Tú ya tienes la corona
Del poeta popular.
Y es mas bello, que en el bronce,
En el mármol ó granito,
Haber sus obras escrito
En la memoria tenaz.
¡Qué te importa! si has vivido
Cantando cual la cigarra,
Al son de humilde guitarra
Bajo el ombú colosal!
Si tus ojos se han nublado
Entre mil aclamaciones,
Si tus cielos y canciones
En el pueblo vivirán!
Cantando de pago en pago,
Y venciendo payadores,
Entre todos los cantores
Fuiste aclamado el mejor;
Pero al fin caiste vencido
En un duelo de armonías,
Despues de payar dos dias;
Y moriste de dolor.
Como el antiguo guerrero
Caído sobre su escudo,
Sobre tu instrumento mudo
Entregaste tu alma á Dios;
Y es fama, que al mismo tiempo
Que tu vida se apagaba,
La bordona reventaba
Produciendo triste son.
No te hicieron tus paisanos
Un entierro magestuoso,
Ni sepulcro esplendoroso
Tu cadáver recibió;
Pero un Pago te condujo
A la tumba silenciosa,
Y lloraron en tu fosa
Niños y hombres con dolor.
Y los gauchos al volverse
A llorar entre sus ranchos,
Espantaron los caranchos
Que llegaban á escarbar:
Y se apearon del caballo,
Y con ademan contrito,
Rezó cada uno el bendito
Y volvieron á montar.
De noche bajo de un árbol
Dicen que brilla una bela,
Y es tu ánima que vela,
Santos Vega el Payador!
¡Ah! levanta de la tumba!
Muestra tu tostada frente,
Canta un cielo derrepente
O una décima de amor!
Cuando á lo lejos divisan
Tu sepulcro triste y frio,
Oyen del vecino rio
Tu guitarra suspirar;
Y creen escuchar tu voz
En las verdes espadañas,
Que se mecen cual las cañas
Al soplo del vendabal.
Y hasta creen que las aves
Dicen al tomar su vuelo:
«Cantando me he de ir al cielo;
«Cantando me han de enterrar!»
Y te ven junto al fogon,
Sin que nada te arrebate,
Saboreando amargo mate
Veinte y cuatro horas payar.
Tu alma puebla los desiertos,
Y del Sud en la campaña
Al lado de una cabaña
Se eleva fúnebre cruz;
Esa cruz, bajo de un tala
Solitario, abandonado,
Es un símbolo adorado
En los campos del Tuyú.
Allí duerme Santos Vega:
De las hojas al arrullo
Imitar quiere el murmullo
De una fúnebre cancion.
No hay pendiente de sus gajos
Enlutada y mústia lira,
Donde la brisa suspira
Como un acento de amor.
Pero las ramas del tala
Son mil arpas sin modelo,
Que formó Dios en el cielo
Y arrojó á la soledad;
Si el pampero brama airado
Y estremece al firmamento,
Forma místico concento
El árbol y el vendaval.
Esa música espontánea
Que produce la natura,
Cual tus cantos, sin cultura,
Y ruda como tu voz,
Tal vez en noche callada,
De blanco cráneo en los huecos,
Produce los tristes ecos
Que oye el pueblo con pavor.
¡Duerme! duerme Santos Vega,
Que mientras en el desierto
Se oiga ese vago concierto,
Tu nombre será inmortal;
Y lo ha de escuchar el gaucho
Tendido en su duro lecho,
Mientras en pajizo techo
Cante el gallo matinal.
Duerme mientras se despierte
Del alba con el lucero
El vigilante tropero
Que repita tu cantar,
Y que de bosque en laguna,
En el repunte ó la hierra,
Se alce por toda esta tierra
Como un coro popular.
Y mientras el gaucho errante
Al cruzar por la pradera,
Se detenga en su carrera
Y baje del alazan;
Y ponga el poncho en el suelo
A guisa de pobre alfombra,
Y rece bajo esa sombra,
¡Santos Vega, duerme en paz!