Herido por un dardo en la pelea
Epaminondas cae sobre su escudo,
Abierto el pecho por el dardo agudo
Que mata el cuerpo, pero no la idea.
Y al ver triunfal que su pendon flamea
Afloja de la muerte el fiero nudo
Y dice á Tebas: «Madre, te saludo!
«Quedan mis hijas: Leuctra y Mantinea!»
Tambien dos hijas bellas nos dejaron
Los que el libre pendon dieron al viento,
Y á su sombra su espíritu entregaron;
Hijas son de su esfuerzo y su ardimiento:
La Independencia que ellos proclamaron,
La libertad que dió su pensamiento.