Pequeña, y con tu madre, y yo por guia,
Veniste al bosque de mi huerto ameno;
El aire, de fragancia estaba lleno,
El cielo claro y apacible el dia.
Por las floridas sendas discurria
Dirigiendo tus huellas. En mi seno
Amor vertió dulcísimo veneno:
Como te ví, te dí ¡ay! el alma mia.
Tú, en quien el cielo su beldad traslada,
En tierna edad encanto á mi memoria,
Y de mi lira inspiracion sagrada:
No esquives, por humilde, esta victoria
Sobre quien cifra en tu deidad amada
Todas sus dichas y laurel de gloria.