Alegres flores y felices yerbas
Que mi amada al pasar acaso pisa;
Campo que oyes su voz, gozas su risa,
Y los vestigios de su pié conservas;
Estendida alameda, que preservas
De los rayos del sol la faz de Elisa;
Tronco gentil que en tu corteza lisa
A cifras de mi amor lugar reservas;
¡Oh sitio encantador, oh claro rio,
Que de su viva luz corres bañado
Y contemplas su rostro sin desvio!
¡Cuanta envidia me dais, cuanto cuidado!
No haya lugar en vos ni escollo frio,
¡Ay! que no sepa amar como yo he amado.