" Dichosa tú, mi avecilla,
Que puedes volar ligera,
Y atravesando los campos,
Y surcando las florestas,
Llegar donde el alma mía
Há tanto tiempo se alberga-
¡ Ay ! mi linda confidente,
Vuela presurosa, vuela,
Y lleva ai bien de mi vida
Mis caricias y mis quejas.
Díle que vivo muriendo,
Sumida en horrible pena;
Que sin la luz de sus ojos,
Que es el ser de mi existencia,
Soy como planta marchita
Que al menor soplo se quiebra.
Cuéntale mis ilusiones,
Mis esperanzas risueñas,
I Ay ! díle cuánto le adoro
Y cuánto lloro su ausencia
Y si amoroso te escucha,
Y en secreta confidencia
Te dice que de mi amor
En su alma la fe conserva,
¡Oh ! recoge sus suspiros,
Y no te tardes, regresa,
Que el corazón sin consuelo
Aquí anhelante te espera."
Así una niña graciosa,
De catorce primaveras,
Dulcemente conversaba
Con una tórtola bella,
Destilando de sus ojos
Hilos de nítidas perlas,
T exhalando conmovida
Suspiros de honda tristeza.
En tanto el doncel amante,
Sin recordar sus promesas,
Corriendo tras los placeres,
Tras el bullicio y las fiestas,
Iba"gastando del alma
Las flores de rica esencia,
T ni un recuerdo tenía
Para la niña hechicera,
Que tanto le idolatraba,
T á quien mataba la pena.
Pasó un año y otro año,
Y cuando yo volví á verla,
Ta no era la hermosa niña
De faz alegre y risueña,
Sino la planta marchita,
Cuyo tallo se doblega
Al menor soplo del aura
Que la acaricia ligera
¡ Cuántas niñas inocentes,
Guardando la fe sincera
Del primer amor del alma,
Que nace cual pura esencia,
Ven morir sus ilusiones
Y sus esperanzas bellas,
Pagando al ser que las mata
Su ingratitud con ternezas!