“En alas de la brisa vagarosa
Recibe los suspiros que te envío;
Puros como la gota de rocío
Que guarda el cáliz de lozana rosa.”
Así dijo una niña primorosa
A la márgen de un manso y claro río,
Que de la ausencia ante el dolor impío
Inclinaba la frente pesarosa.
Al escuchar sus quejas una ondina
Sobre una nube de crespón flotante
Le dice con cadencia peregrina:
“No llores, que el amor dura un instante,
Y en sus giros el aura vespertina
Se llevó las promesas de tu amante.”