Avecilla peregrina,
Tú, la de los sueños de oro,
Y las visiones celestes,
Y los anhelos hermosos,
¿Cómo te ves prisionera
En una jaula de lodo,
Colocada entre las zarzas
De este valle triste y lóbrego?
Aquí no tienen tus alas
Cielo, ni aurora tus ojos;
Aquí todo está cubierto
Con una nube de polvo.
Existen, por cada flor,
Una multitud de abrojos;
Por cada mariposilla,
Mil gusanos asquerosos.
Hay más ciénagas que fuentes,
Y más pantanos que arroyos;
Por un cordero ¿has contado
Las víboras y los lobos?
Y el reptil desde su charca,
La fiera en su inmundo sótano,
Y el gusano entre su fango,
Forman un terrible coro
De silbos y extraños ruidos,
De voces y gritos roncos......
¿Sabes lo que dicen?—¡Muerte!
¿Sabes lo que sienten?—¡Odio!
Y tú, con tus lindos sueños
Y tus anhelcs hermosos,
¿Cómo puedes habitar
En este valle tan lóbrego?
¡Cuán lejos está la patria!
¡Cuán alto el divino aromo
Que ofrece entre borlas níveas
Lecho blando y oloroso!
¡Cuán lejos el puro ambiente
De aquellos montes frondosos!
¡Cuán alto el sol que difunde
El bien con sus rayos de oro!......
Pero el destierro se pasa;
Y entre suspiros y lloros,
De la libertad el día
Al fin llega, tarde ó pronto.
¡Ya me parece mirarte
Revolar llena de gozo,
Mientras que rueda, deshecha,
La triste jaula de lodo!