EL REY.
Don Juan, Don German de Osorio
murió anoche: en una calle
á la espalda de la Antigua
hallaron hoy su cadaver;
y á la enemistad mirando
que con él tuvísteis antes
os acusan de su muerte.
DON JUAN.
Señor, antes de cuidarme
de mi defensa, os suplico
que exijais pruebas palpables
del crímen de que me acusan.
Puesto que si es quien lo hace
Don Miguel de Osorio, tio
del muerto, no puede parte
y juez ser en un delito
en que no hay pruebas bastantes.
EL REY.
¿Negais, pues, que fuísteis vos
quien lo mató?
DON JUAN.
Sinceramente
no necesito, señor,
segun veo: en semejante
caso nos pusimos ambos
mil veces, y siembre iguales
salimos, dejando en duda
el éxito del combate:
que ambos éramos valientes,
y ambos éramos leales.
EL REY.
Segun declaran peritos,
un traidor debió matarle
por la izquierda, mientras otro
le atacaba por delante.
DON JUAN.
Yo jamás he acudido
á traiciones semejantes,
ni para cita ó pendencia
llevé en compañía á nadie.
EL Rey.
Anoche á vuestra posada
volvísteis, Don Juan, muy tarde.
DON JUAN.
Puedo probar donde estuve
hora tras hora.
EL REY.
Se sabe
que hasta las once en la casa
de unas damas os hallásteis
que en el mismo barrio viven.
DON JUAN.
Mas fuí despues bien distante
de alli á casa conocida
de todos.
EL REY.
Dónde.
DON JUAN.
A la calle
de Santiago, y á la casa
del oidor Palomares.
EL REY
(al alcalde).
Que es poco mas ó menos
frente de la vuestra?
OSORIO.
Casi
frente á frente.
DON JUAN.
Y bien pudísteis
cuando de ronda os marchásteis
verme; en su balcon estábamos
por el calor.
OSORIO.
No era fácil
que os distinguiera, la noche
era muy lóbrega.
EL REY.
Tales
son sus señas, que engañado
podeis estar vos, alcalde.
OSORIO.
Señor, bien pudiera ser,
que todo en lo humano cabe,
mas no lograis convencerme,
y no habré de retractarme.
DON JUAN.
La enemistad que me tiene,
señor, no puede ocultarse,
y puede ser que si yo
su acusador me tornare…
OSORIO.
Vos mi acusador ¿de qué?
DON JUAN.
De lo que á mi me imputásteis.
OSORIO
(al Rey).
Señor, oís?
DON JUAN.
Es sabido
que debiais heredarle,
y aunque pasais por ser hombre
de una conducta intachable,
de costumbres muy severas,
de generosidad grande,
yo tambien pasé por noble,
sin que hasta hoy se me negase
valor que está bien probado
y me acusais de cobarde:
perdonad, pues, si os acuso
de avaro, señor alcalde,
pues las pruebas que alegamos
ambos á dos son iguales.
EL REY.
Ya veis que os devuelve, Osorio,
la acusacion y el ultraje
con razose de igual peso.
OSORIO.
Señor, para sincerarme
de esa acusacion tendremos
pruebas mas incontestables,
testigos de entero crédito
y cuentas harto cabales.
Negar, no es probar que es falsa
la acusacion.
DON JUAN.
Creo en valde
vuestro empeño, señor juez,
si testigos que declaren
no teneis, ni prenda, ó rastro
que me descubra ó delate
como autor de tal delito.
Fuí su enemigo, las paces
se hicieron de órden del Rey
ayer mismo aqui, y ¿quién sabe
si otro enemigo escondido
halló ocasion de vengares,
dando por cierto que á mi
su obra habrin de achacarme?
¿De una estocada traidora
decís, y entre dos matáronle?
hallad, si podeis, el otro
que tuvo que acompañarme,
y si él dice que por mi,
y mientras yo por delante
con él reñí, por detras
él le asesinó cobarde,
aun faltará que nos prueben
que yo le dije que obrase
de este modo, ó por su antojo
dió en vileza semejante.
Porque decir que á un Osorio
así ha podido matarle
un solo hombre, dándole á él
tiempo para prepararse
cosa es que creerán no más
que mujeres, ó patanes,
que no conocen por zafios
de las armas los achaques.
EL REY.
Alcalde Osorio, bien dice,
y pues se encontró el cadáver
con la espada todavia
empuñada, es indudable
que sucumbió defendiéndose:
que solo un hombre matarle
con golpe tal no ha podido;
y que siendo en este lance
necesarios dos, y habiendo
solo uno, es fuerza que baste
de injustas acusaciones;
echad, pues, por otra parte,
y en paz dejad á Don Juan
que os perdona lo que errásteis.
OSORIO.
En paz de vaya, señor;
mas que en su vida no aparte
de la memoria, que yo
he de encontrar al culpable
ó he de morir en la empresa
con que á su alma demande
si está culpado ó si no,
porque aunque diez años pasen
yo tengo de dar con él
y para Dios nunca es tarde.
Y asi el alcalde diciendo
del aposento se sale,
dejando al Rey y á Don Juan
bruscamente.—Dispensarle
debeis (dijo Don Felipe)
porque sin juicio le trae
el duelo por su sobrino.
Pero es de los mas sagaces
hombres que existen, Don Juan,
y al fin es fuerza que indague
la verdad; si la sabeis
decidla y será mas fácil
perdonaros, confesando,
que cuando el juez os ataje.
—Señor, llegado á tal punto,
dijo Don Juan, no me cabe
mas deber para cubrirme
de imputacion tan infame,
que el de callar y pedir
pruebas ciertas y legales.
Me acusa, pues que demuestre
su acusacion, ó el ultraje
me satisfaga, que en ello
tan villanamente me hace.