LEÓNIDO Dios te guíe. Aquí sentado
contemplaré esta figura.
¡Oh soberano traslado!
¿Qué tienes en la hermosura,
que entretienes el cuidado?
Con un tierno sentimiento,
que gloria del alma es,
te ha cobrado el pensamiento
un amor sin interés
y una pasión sin tormento.
De suerte el alma le siente,
que este amor, aunque inmortal,
que tengo a tu dueño ausente,
le imagina natural,
pues no le causa accidente;
no el deseo de inquieto
le causa, y es peregrina
la que produce este efeto,
pues como a cosa divina
le tengo amor y respeto.
Pondréte en el corazón,
pues solemnizan sus alas,
mi Nísida, esta ocasión;
con tu nombre las regalas,
sin duda que tuyas son.
De hoy más tendré por mi dueño,
a tu retrato, en tu nombre.
Sueño me da y no pequeño;
mas venturoso es el hombre
que sólo se rinde al sueño.