CARLOS. Blanquea el negro capuz
del alba la pura esencia,
cual en oscura conciencia
esparce el deber la luz.
MARÍA. (Leyendo.)
«¡Adiós por siempre, Loreto!»
¡Luego su amor me prefiere!
CARLOS. Hoy el Destino me hiere.
MARÍA. (Aparte.)
¿Qué me dices en secreto,
corazón con tu latir?
¿Recuerdas tal vez su amor?
CARLOS. ¡Me falta, ay Dios, el valor,
y es necesario partir!