¡Oh! ven á mí que en mi dolor te llamo
Para apagar en tus pupilas bellas
La psíquica pasión en que me inflamo;
Ven, y de amores, al oir que te amo,
Temblarán envidiosas las estrellas.
Ven, que ya el aura con amante giro
Murmura en torno del nenúfar que amas,
Y en su nectario entusiasmada aspiro
El perfume que exhala tu suspiro
Cuando las notas del laúd derramas.
Ven, que si el mundo con pesar y enojos
Te hace inclinar la frente entristecida,
Aun tienen llanto que verter mis ojos,
Y partidos entre ambos los abrojos,
Una será tan sólo nuestra vida.