Que para dar principio á un nuevo certamen de amor compuso una Colegiala del Real Colegio de Niñas de San Ignacio de Loyola de esta ciudad de México, y la ofrece en nombre del mismo Colegio á los amables Reyes Carlos Cuarto y Luisa de Borbón.
Amore, ó Dei pur qualche volta é Saggio.
(Metastasio, componimento Dramático: La Pace fra la Virtu, é la Bellezza.)
Pues lidien y estudien, que
ser valientes y ser sabias
es acción del alma, y no es
hombre ni mujer el alma.
(Calderón. Comed. Afectos de odio y de amor.)
En una de estas noches
de la estación florida,
á la hora que más alto
rige su carro Cintia:
Cuando el pesado sueño
con tardo pie igual pisa
dorados chapiteles
y cabañas pajizas:
Desvelada yo entonces,
la mano en la mejilla,
el alma toda en Carlos,
entre el metro y la rima:
Para cantar sus glorias,
creí ceder debían
al papel y la pluma
la aguja y la almohadilla.
Á escribir iba, cuando
mi cuarto se ilumina;
los ojos alzo y veo,
no sé cómo lo diga:
Un rubio Joven era,
cuya frente ceñía
laurel verde, y su mano
ocupaba una lira.
Acercóse y miróme
con afable sonrisa,
diciendo: “Soy Apolo,
numen de poetisas.
“Sabiendo que al gran Carlos
celebrar pretendias,
vengo á ayudarte, porque
su gloria es gloria mía.
“Él de un Rey Sabio es hijo,
él las ciencias cultiva,
él protege á los sabios,
él las artes anima.
“Pero aunque te remontes
á la cumbre de Nisa,
y aunque yo te prestara
mi cítara divina;
“Jamás desempeñaras
la empresa que meditas:
que el coturno elevado
no es para pies de niñas.
“Inspirará Caliope
el fuego que la agita,
en Virgilios y Homeros
que ambas Españas crían.
“Harán ver coronadas
de laureles y olivas
del Padre y del Abuelo
las sienes siempre invictas.
“Cantarán de Hijo y Nieto
acciones con que aspira
á aventajar sus glorias,
si ahora las imita.
“La Fama con cien trompas
en los remotos climas,
de Carlos Cuarto el nombre
y virtudes publica.
“Deja pues el elogio
que intentaste atrevida,
y un tierno asunto ocupe
tu tierna fantasía.
“Á la que es de tu sexo
honor y dulce envidia,
de Parma fértil rama,
de la España delicias:
“A la prudente, casta,
religiosa, benigna,
Esposa fiel y tierna,
dirélo todo, á Luisa:
“Á Luisa canta, canta
sus dotes peregrinas,
que hacen á Carlos Cuarto
la más suave armonía.
“Deja mayos y abriles;
nieve y púrpura olvida;
no andes buscando soles,
perlas ni piedras finas:
“Colores mentirosos
de hermosuras lascivas,
que desmiente la idea
del mismo que las pinta.
“Canta tú aquellos ojos,
que viendo influyen dichas;
sus labios que derraman
gracias entre la risa.
“La majestad sin ceño,
la gravedad festiva,
donaire con decoro,
un todo que enhechiza.
“Digna Esposa de Carlos,
bastará que esto digas;
¿pues qué habrá que no sea,
la que es de Carlos digna?
“Ya te dí la materia;
escribe persuadida
á que es tuya la mano,
mi numen quien te inspira.”
Desaparece; y tanto
sus consejos me obligan,
que en Luisa á todas horas
mi Musa se ejercita.
De sus heroicas prendas
recorro las noticias;
cada una me parece
que más que todas brilla.
Mas como el que altos montes
á lo lejos divisa,
que conoce su altura,
mas no puede medirla:
De Luisa la grandeza
se presenta á mi vista:
voy á elogiarla y hallo
que no tiene medida.
Escribo, borro, rompo;
mi Musa se fatiga;
vuelvo á escribir, y siempre
vuelvo á una cosa misma.
Al fin, cuando cien odas
juzgué que escrito había,
sola una copla veo
cien veces repetida:
Viva el amado Carlos;
viva la amable Luisa;
vivan amados siempre;
ámennos siempre y vivan.
¿Para esto, dije entonces,
Apolo, me visitas?
Mal haya, amén, tu fuego,
que me dejó más tibia.
Mas no: ya sé tu industria:
darme á probar querías,
que Luisa al Cuarto Carlos
en todo es parecida.
Él grande, y ella excelsa,
tan altos se subliman,
que Delio desde el Pindo
apenas los registra.
Pues, sabios contendientes,
colgad ya vuestras liras,
y haya un nuevo Certamen
en que el amor presida.
Asuntos soberanos,
cual es el de este día,
los confunde el ingenio,
sólo amor los explica.
Lejos de aquí las Musas,
ven tú, amable Ericina,
con tus hijas graciosas
á inspirarnos caricias.
En amoroso idioma
los premios se compitan,
y dénse á los que amantes
con más afecto digan:
Viva el amado Carlos;
viva la amable Luisa;
vivan amados siempre;
ámennos siempre y vivan.