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María De Estrada Medinilla · Barroco

Relación escrita á una Religiosa monja prima suya, de la feliz entrada en México del Marqués de Villena, Virrey

español

Relación escrita á una Religiosa monja prima suya, de la feliz entrada en México, día de San Augustín, á 28 de Agosto de mil y seiscientos y cuarenta años, del Excelentísimo Señor D. Diego López Pacheco, Cabrera y Bobadilla, Marqués de Villena, Virrey, Gobernador y Capitán General desta Nueva España.

Quise salir, amiga,
Más que por dar alivio á mi fatiga,
Temprano ayer de casa,
Por darte relación de lo que pasa.
Prevenir hice el coche,
Aunque mi pensamiento se hizo noche,
Pues tan mal lo miraron,
Que para daño nuestro pregonaron
Que carrozas no hubiera:
¡Oh más civil que criminal cansera!
Lamentélo infinito;
Puesto que por cumplir con lo exquisito,
Aunque tan poco valgo,
Menos que á entrada de un virrey no salgo:
Mas el ser hizo efecto,
Y así quise cumplir con lo imperfecto
Mudando de semblante:
No quieras más pues fuí sin guardainfante.
Con que habrás entendido
Que todo queda bien encarecido;
Pero si le llevara,
Del primer movimiento no pasara.
Siguiéronme unas damas
A quienes debe el mundo nobles famas,
Y con manto sencillo
Quisimos alentar el tapadillo,
Y en fin, como pudimos
Hacia la Iglesia Catedral nos fuimos,
Donde más que admirada
Quedé viendo del arco la fachada,
Que tocaré de paso,
Porque si en el ingenio me embarazo,
Habiéndome engolfado
No habrá camino de salir á nado.
A follajes galantes
Estrago fué de Ceusis y Timantes.
Grandeza en quien contemplo
Lo raro de tres Templos en un Templo,
Pompa de Mauseolo,
Ciencia de Salomón, plectro de Apolo.
Perdone la Pintura
Que en lo formal se mostrará más pura,
Pues á tanto se atreve
Que al lienzo fía lo que al bronce debe.
No quedó en todo el cielo
Signo que el arte no bajase al suelo,
Ni en toda la Escritura
Tribu que no trajese á coyuntura
Ni doce que la fama
Por sus virreyes justamente aclama
Contra largas edades
Para la eternidad de eternidades,
Ni la insigne ascendencia
Del ilustre Marqués, cuya Excelencia
Da con celebraciones
Glorias á España, al mundo admiraciones;
De suerte todo unido,
Que diera suspensiones al sentido
Que más perspicaz fuera,
Cuya atención aun no lo consiguiera.
De su metro imagino
Que pasa de lo humano á ser divino,
Y es caso averiguado
Que un Angel á otro Angel le ha dictado,
Y porque no te asombre
Corresponden sus obras á su nombre.
Dimos la vuelta luego
Y en un abismo de rumor me anego;
Al discurrir la calle
No hay paso donde el paso no se encalle;
El número de gente
Presumo que no hay cero que tal cuente
Pues tomar fuera en vano
La calle, como dicen, en la mano:
Iba, aunque aquí se note,
De lo que llama el vulgo bote en bote.
Era cada ventana
Jardín de Venus, templo de Diana,
Y desmintiendo Floras,
Venciendo Mayos y afrentando Auroras,
La más pobre azotea
Desprecio de la copia de Amaltea
Con variedad hermosa,
Aunque tuvo también de toda broza.
Pintar su bizarría
Ni más Flandes habrá ni más Turquía.
En fin, todo es riqueza,
Todo hermosura, todo gentileza.
A opulencia tan rara
¿Qué babilonio muro no temblara?
Pues conservando Abriles
Se miran injuriados sus pensiles.
La tropa crece mucho;
Él cerca viene entre la tropa escucho,
Y tropezando aprietos,
Entramos con orgullos más inquietos
Donde un balcón estaba
Que con ostentación nos esperaba,
Y á menos sobresalto
Pienso que nada se nos fué por alto.
Fundaciones tonantes
En hombros de Hipogrifos Elefantes
Dejaron ilustrado
Al primer inventor de lo bordado:
Duplicados clarines
De música poblaron los confines
Que en acentos suaves
Repetición hicieron á las aves,
Con cuyas armonías
Ociosas quedarán las chirimías:
Estruendo de atabales
Bienes anuncia á tanto gusto iguales;
La brevedad se indicia;
Miden la calle varas de justicia;
Gloriosamente ufana
Iba la gran nobleza mexicana,
Logrando ostentaciones
Entre las militares religiones,
Mostrando en su grandeza
Que es muy hijo el valor de la nobleza,
Y en sus ricos aseos
Deseos con obras, obras con deseos.
Brotando suficiencias
La doctísima madre de las ciencias
Iba, aunque se interprete,
Cifrado en un vistoso ramillete
Lo raro y lo diverso
De la Universidad y el universo,
Compendio mexicano,
Emulación famosa del Romano
En quien se ve cifrada
La nobleza y lealtad más celebrada:
Que mármoles y jaspes
Ilustra desde el Betis al Idaspes
Mostraba generoso
Cuanto sabe ostentar de lo honoroso,
Haciendo competencia
Su generosidad con su prudencia,
Y en órdenes iguales
Del Tribunal mayor y Tribunales
Ostentaban primores
El Fator, Tesorero y Contadores,
Donde sólo se iguala
Con lo rico y perfecto tanta gala;
Y á fámulas hileras
Forman tapetes, huellan primaveras.
El que la Guarda rige,
Dignísimo sujeto á quien se erige
Por tan justo derecho
La blanca insignia que adornó su pecho,
Con denuedo galante
Era la perfección de lo brillante,
Y á lucientes aceros
Multiplicaba números de arqueros:
Insignia real divisa
La dignidad de un joven autoriza
Que á muchos les excede,
Tanto, que él solo competirse puede.
Mostraban su eminencia
Pompilios y Licurgos de la Audiencia,
De quien hoy fuera amago
La docta rectitud del Areopago
Que Atenas tanto aprecia,
De Roma ejemplo y atención de Grecia.
Llegó la gran persona
Del valeroso Duque de Escalona
En un alado bruto
Que fué de los de Febo sustituto,
Y á ser tan hábil viene
Que ya de bruto sólo el nombre tiene.
Color bayo rodado
En quien no queda bien determinado,
Por guardarle el decoro,
O si fué oro engrifado ó grifo de oro:
A la vista primera
Oro esmaltado de azabaches era,
Bien que á la fantasía
Ya tigre de tramoyas parecía
Y ya Pavón de Juno,
Aunque en lo cierto no tocó ninguno;
Y erizando sus plumas,
Furias vertiendo si brotando espumas,
Daba á toda la plebe
A chirlo y cintarazo grana y nieve:
Tan racional estaba,
Que capaz de la altura en que se hallaba,
No tuvo ni aún apenas
Un tocar con las manos las arenas;
Y estando descuidada,
Hice, viendo venir una pedrada,
Reparo diligente
Con que no me rompió toda la frente.
Y esto lo menos fuera,
Pues por poquito no me la partiera
A vueltas de la cara:
Aún el susto me dura y cuál quedara
El corazón me parte:
Y aunque de mi discurso en esta parte
Ponderación colijas,
Tan sin bajarse levantaba guijas,
Que tuve algún recelo
De que se granizaban desde el cielo,
Y en los más retirados,
Infinitos habrá descalabrados.
En su furia mostraba
Que al Virrey en el cuerpo en fin llevaba;
De suerte le imagino
Que en él hasta el bozal era ladino;
Con nueva maravilla
Promontorio de plata era la silla.
Pintar su dueño agora
Quien tanto el arte de primor ignora,
Aunque el objeto obligue,
Mal lo comienza y tarde lo consigue,
Y epítetos vulgares
No son para las cosas singulares.
¿Viste el solio divino
Del sol, que desde el orbe cristalino,
Dorando las florestas,
Hace con providencias manifiestas
Flamantes bizarrías
Como desperdiciando argenterías,
Y aunque le gozan todos,
Si le quieren mirar, por varios modos
Tal resistencia hallan,
Que ciegos á su amago se avasallan,
Y nadie aquello puede
Que á un águila caudal se le concede?
A mí me ha sucedido
Lo mismo; pues poniendo en tanto olvido
De mi sér la bajeza,
Llevada del fervor y la viveza,
Quise, bebiendo rayos,
Sembrar alientos y coger desmayos;
Y cuando cerca llega,
Flamígero furor mi vista ciega:
Mas aunque más se impide,
Con el afecto y con la fe le vide,
Y aun bosquejarle puedo
Si al rayo y á la espuma pierdo el miedo.
Juzguéle tan airoso
Y tan de lindo gusto en lo aliñoso,
Haciendo con desgarro
Desprecio general de lo bizarro,
Que alguno habrá pensado
Que aquel descuido todo fué cuidado:
Aunque se está sabido
Que es aquella postura de entendido,
Con que está dicho todo.
Y puesto que en los hombres es apodo
Entrarles por lo bello,
A riesgo de empezar por el cabello
Principio de lo hermoso,
Habiendo lo discreto y lo brioso
Con extremo infinito,
Aquí se cifra todo sin delito,
Y en todas opiniones
Un epílogo fué de perfecciones.
Nube viste de plata
Donde lo recamado se dilata
Tanto, que no ha llegado
Lince sutil á haber averiguado
Por brújula ó cautela
El más breve dibujo de la tela.
En fin, la chusma toda
Higas y bendiciones le acomoda,
Y en mormollo cobarde
Las mozas le dijeron: “Dios te guarde;
Qué lindo y qué galano;”
Las viejas: “Dios te tenga de su mano;
Qué bien que resplandece;
A el mismo Rey de España se parece.”
Llegó á un grave edificio,
De Belo y Jano ventajoso indicio,
Cuyos vivos pinceles
A Arístides, Protógenes y Apeles
Dejaron olvidados;
Porque aquéllos con éstos son pintados,
Y aunque en la fama eternos,
Aténgome al primor de los modernos,
Pues se han aventajado
Cuanto va de lo vivo á lo pintado.
Honor maravilloso
Fué de Américo suelo lo ingenioso:
Bien logrado desvelo,
Cuyos acentos llegan hasta el cielo,
Cuyas repeticiones
Eternas vivirán en los blasones
Del que es sin arrogancia
Rama de Portugal, Castilla y Francia.
No bien llegó á las puertas,
Cuando las vió con regocijo abiertas,
En quien no se desquicia
De la misericordia la justicia;
Y en sumisiones graves
Un noble Senador le dió las llaves,
Que al mundo honrar pudiera,
Cuya opinión es luz desta Ribera.
Allí fué ejecutada
La ceremonia siempre acostumbrada,
Y alegre le recibe
La ciudad, que de nuevo le apercibe
Aplauso reverente,
Siendo á su dignidad tan competente;
Y habiéndole formado
Navegación de velas de brocado
Que á su Sol se permite,
Grato la aplaude, pero no la admite.
De dos rojos cendales
Trabados dos sujetos sin iguales
De tanto cielo Atlantes
El venerable honor de los Cervantes
A quien también venero
Y el valor de la casa de Valero,
Don Marcos de Guevara,
A quien el cielo dió nobleza clara,
Cortés con su asistencia
El toldo gobernó de su Excelencia.
Por uno y otro lado
Los ilustres sujetos del Senado
Mostraban con efectos
Lo que en las veras pueden sus afectos:
En el lugar preciso
Le sigue su mayor caballerizo,
Y alternando celajes
Gentiles hombres, oficiales, pajes,
Iban según su grado
Cada cual en el suyo aventajado.
No muchos pasos dieron
Cuando la autoridad reconocieron
De un festivo teatro
Con pompa de solemne anfiteatro,
Que estaba prevenido
Antes del arco arriba referido,
Donde los principales
Del Cabildo, palomas racionales,
Rigen con gallardía
A tanta Religiosa Clerecía;
Y en acentos sutiles,
Dulce repetición de ministriles,
Formaba en escuadrones
Tracias capillas, tropas de Anfiones,
Con que en ecos sonoros
Te Deum laudamus le entonaba á coros;
Y desde el simulacro
San Pedro le conduce al Templo sacro.
De que se vió logrado
El adorno de púrpura y brocado,
Y en fragantes aromas
Brasas desatan cuando exhalan pomas,
Revuélvense esos cielos
Donde tres ciudadanos con desvelos
Hicieron de sus dones
Demostración alegre de oblaciones.
Uno estruendo le fragua,
Estotro fuego cuando el otro agua;
Cuanto contiene espacio
De la mayor Iglesia hasta el Palacio:
Fiero terror de Marte
Formaba un batallón en cada parte,
De cuyas compañías
Tantas adelantó galanterías,
Que se vió cada infante
Rayo de plumas ó escuadrón volante.
Vulcano en prevenciones
Fué población de griegas invenciones
Con que no ya tan vano
Quedó el que incendios fabricó al Troyano,
De que tantas memorias
Eternidades tienen las historias.
Aún no bien penetrado
Fué el Capitolio, cuando el cielo armado
De ímpetus transparentes,
El curso desató de sus corrientes,
Y á fuerza de raudales
Las calles fueron montes de cristales.
Y es verdad manifiesta
Que ni aun aquesto pudo aguar la fiesta;
Porque menos ufano
Cesó Neptuno y presidió Vulcano;
Pues á furias de aguas
Alquitranes resisten de sus fraguas.
En tan célebre día
Fuera civilidad ó cobardía
Que quedara figura
De la más Vestal Ninfa la clausura,
Y si tal entendieras
Presumo que aun tú misma la rompieras,
Pues con esto apercibo
El hipérbole más ponderativo.
Y aunque el verlas te inquiete,
Mayores fiestas México promete:
Máscaras, toros, cañas
Que puedan celebrarse en las Españas.
Esto es en suma, prima,
Lo que pasó; si poco te lo intima
Mi pluma ó mi cuidado
Mal erudito pero bien guíado,
Perdona que á mi musa
El temor justo del errar la excusa.

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Autor
María De Estrada Medinilla · Wikidata Q138507937
Título
Relación escrita á una Religiosa monja prima suya, de la feliz entrada en México del Marqués de Villena, Virrey
Lengua
español
Época
Barroco
Fuente
José María Vigil, «Poetisas mexicanas — Antología formada por encargo de la Junta de Señoras» (México: Oficina Tip. de la Sec. de Fomento, 1893; reimpr. UNAM, 1977). Digital: archive.org/details/poetisasmexican00chicgoog
Sala
La Biblioteca
Identificador
relacion-escrita-a-una-religiosa-monja-prima-suya-de-la-feliz-entrada-en-mexico-
Cita recomendada
María De Estrada Medinilla, «Relación escrita á una Religiosa monja prima suya, de la feliz entrada en México del Marqués de Villena, Virrey», Poetósfera, poetosfera.com/p/relacion-escrita-a-una-religiosa-monja-prima-suya-de-la-feliz-entrada-en-mexico-.html

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