La negra mosca envidiaba
Á la luciérnaga hermosa,
Porque con la luz que daba
La obscuridad disipaba
De la noche tenebrosa.
“Mi encanto será mayor,
La necia mosca decía:
Saldré cuando acabe el día,
Y á propósito el fulgor
Buscaré de una bujía.
“¿Por qué no he de brillar yo
Cual la luciérnaga brilla?”
Y sin tardanza tomó,
No se dónde, una cerilla
Que en su cuerpo colocó.
Cuando el sol en Occidente
Ocultó sus resplandores,
Se vió á la mosca imprudente
Volar orgullosamente
Entre las pintadas flores.
Mas como era natural
Apagó el aura ligera
El fulgor artificial,
Y quedóse el animal
Obscuro cual siempre fuera.
La luciérnaga entretanto,
Cuando la noche tendió
Sobre la tierra su manto,
De su luz con el encanto
La pradera iluminó.
Como la mosca arrogante,
Que galas quiso lucir
Junto al insecto brillante,
Así quiere el ignorante
Con el sabio competir.
A ceder jamás se aviene;
Mas justo castigo tiene
En su propia vanidad,
Pues á hacer patente viene
Mucho más su obscuridad.