Jamás ¡oh Patria! imaginar pudiste
Que á sonar en tu playa volverían
Europeos cañones,
Cuando á tu suelo americano diste
Por muralla tu noble independencia,
Por obstáculo el odio que sentiste,
Y un mar de hirviente sangre entre tus lares
Y su ambición territorial pusiste.
Mas defraudada tu feliz certeza,
La buena fe de tu esperanza hollada,
Atónita de pronto contemplaste
Que el pueblo hermano, la nación querida,
Cuyas nobles proezas celebraste,
Aquella cuyos hechos aplaudiste,
Cuyas manos amantes estrechaste,
Obedeciendo el bárbaro mandato
De un déspota altanero.
Ahogaba con el yelmo de Luis once
Las ideas progresistas en su frente;
Y loca, inconsecuente y temeraria,
Venía á ensayar contigo en el presente
Su guerra de conquista legendaria.
Débil tú ante su fuerza, ante su fama;
Desconocida, obscura, sin renombre,
Te alzaste erguida ante la vil afrenta:
En sostener tu honor no vacilaste,
Y á los sables blandidos en Magenta
Tu valeroso pecho presentaste.
En el combate desigual y fiero,
En la lucha homicida,
Día de gloria la fortuna quiso
Conceder á tus armas, y ese día
Es aquel que cantó tu poesía,
Que en letras de oro consignó tu historia,
Y el que hoy contempla la memoria mía
Como un destello de tu noble gloria.
Si fué efímero el triunfo que lograste;
Si después á la fuerza sucumbiste,
Esa página bella no borraste;
Ella en las fojas de tu vida existe,
Y te revela que el altivo pueblo
Que se alza y lucha, que combate y muere,
Puede erguir sin sonrojo la cabeza.
Hay ideas que ensalzan al vencido
Y dan al vencedor triste memoria:
Es Leónidas más grande en su caída
Que Jerjes el tirano en su victoria.
Conserva, Patria, el lauro que ganaste,
Aunque pequeño ante la Europa sea;
No son los pueblos niños los que obtienen
Los grandes triunfos, ni por siempre ondea
La enseña vencedora.
Los pueblos todos al nacer lloraron;
Antes de ser señores siervos fueron
Y por grandes catástrofes pasaron.
La misma Galia que humilló tu frente,
Fué esclava un tiempo del romano imperio,
Y aun en la cumbre ya de la grandeza,
Más de una vez los golpes de la suerte
Doblar la hicieron la triunfal cabeza.
Así después del sol resplandeciente
Que la epopeya de Wagram alumbra,
Alza Moscow su nieve en la tiniebla
Y Waterloo su fango en la penumbra.
Los grandes cataclismos de los pueblos
Son impulsos que van hacia el progreso,
Y tú aprendiste en las lecciones rudas
Que la experiencia en tu pasado inicia,
Que si la fuerza bruta disminuye,
La que nunca desciende es la justicia.
Y hoy que comprendes al través del tiempo
Que fué un puñado de invasores, sólo
Esclavos de un tirano,
El que intentó matar tu autonomía,
Al mismo tiempo que tu triunfo cantas,
Generosa é indulgente en tu hidalguía,
Al pueblo liberal otra vez tiendes
Tus brazos fraternales y tu olivo;
Que si la Francia autómata y esclava
Bajo el mando imperial te era enemiga,
Hoy, que sus yerros el pasado allana,
La Francia de Gambetta fué tu amiga,
Y la Francia de Thiers será tu hermana.