Gimo del mar en la abrasada orilla,
Do agitada del viento ruge la onda,
No hay blando halago que á mi voz responda,
Ni quien alivie el peso que me humilla.
Mi dolor á la gente maravilla,
De las iras de amor no hay quien me esconda,
Vive la angustia en mis entrañas honda,
Y hiél por llanto inunda mi mejilla.
Fortuna para mí su faz sañuda
Despiadada no altera, y en mi daño
El tiempo destructor no hace mudanza.
Presa indefensa soy de suerte cruda,
Y entre el temor vagando y el engaño,
Vivo al dolor y muero á la esperanza.