Extiende dolorida
Sus brazos sin consuelo,
Gimiendo pide al cielo
Que alivie su dolor.
Espanto de sí misma,
Sin esperanza llora;
La luz de cada aurora
Renueva su baldón.
Herida, palpitante,
Los ojos siempre fijos,
En esta de sus hijos
Contienda desigual.
Su aliento es la congoja,
Su luz es la agonía,
Tu alivio ¡oh patria mia!
¡Llorar! llorar! llorar!
Cual náufrago que espera
Sobre la roca inerte,
Del acaso ó la muerte
Para su angustia fin,
Espera en su infortunio
Para su mal consuelo,
Y en vano eleva al cielo
Su acento la infeliz.
Héla como una encina
Que ardiente rayo ha herido;
Por el suelo esparcido
Se encuentra su verdor.
En vez de sombra amiga,
Ennegrecen sus ramas
Los rastros de las llamas
Del fuego abrasador.
Sí, llora; en los combates
Murieron ¡ay! tus bravos;
Alegres los esclavos,
Desprecian tu gemir.
Y tu sangre te brinda
Del invasor la tropa,
En la insultante copa
De su brutal festín.
Sí, llora; las naciones,
Al verte agonizante,
Tornaron el semblante
A tu opresor crüel,
E hicieron á sus plantas
Tapiz de tu grandeza,
Orlando su cabeza
De pérfido laurel.
Es como inmenso abismo
De sombra tu quebranto,
Estéril es tu llanto
Cual lluvia en arenal.
En infortunio vagan
Tus defensores fieles,
Cual restos de bajeles
Que flotan en la mar.
Si el hado te guardaba
¡Oh patria! tal destino,
¿Por qué el fulgor divino
Te dio de libertad?
¿Por qué no envilecida
Del uno al otro dueño,
Gozaste siempre el sueño
De ignominiosa paz?
¿Por qué te dijo: «eleva
Tu espíritu, señora,
Desplega vencedora
Tu nacional pendón,
Que inciense tus altares
Ufana la victoria!
Sé grande?» y tanta gloria
Tornóla en irrisión!
¡Oh patria! ¡oh mengua! ¡oh duelo!
Mentira es tu venganza,
Desierto tu esperanza,
Sin agua y sin confín.
Combate sin descanso
Y di al pisar tu yugo:
«Soy más que tú ¡oh verdugo!
Que soy digna de mí!»