En las tropas del tirano
Pronto el descontento cunde
Y síntomas de revuelta
Embozados se descubren.
Que si la moral se abate
En la fuerza, aunque la azucen,
En vano son los fusiles,
En vano son los obuses,
En medio de las bravatas
De degradación sucumbe.
Santa Anna todo lo observa,
Sus temores se traslucen,
Y al fin lleno de zozobra
Para México se escurre.
Los viles aduladores,
Para que todo se oculte,
Le prepararon cortinas.
Flores, músicas y luces,
Y un arco triunfal soberbio
Que á la victoria le usurpe
Las galas y que la pompa
De los romanos ofusque.
En su cima está una estatua
Y unos versos en su cúspide
Que conservo en la memoria
Y citarlos se me ocurre:
«Mientras derrame el sol su lumbre ardiente
No faltará la vida á la Natura,
Así también mientras Santa Anna aliente
México gozará paz y ventura»
Mas no duró mucho tiempo
Del ruin coplero el embuste,
Porque un huracán tremendo
Hizo el arco se derrumbe
Y tomó trizas la estatua,
De cuyos escombros surgen
Otros versos que así dicen,
Salidos de mi chirumen:
«Cayó presa de su arrojo
Esta contrahecha figura,
¿Pero quién le mete á un cojo
Elevarse á tanta altura?»
Santa Anna entró desairado.
Quiere vengarse, se aturde,
Y sus proyectos de fuga
Que en su alma cobarde nutre,
Manda con penas severas
Que se disfracen y oculten.
Como ebrio desatinado
Que siente el suelo se le hunde
Y vuelve la recta curva
Y cede á un oculto empuje
Que le trastorna el sentido
Y hace que todo le asuste,
Hasta que al fin desgonzado
Se echa en el suelo de bruces;
Así sucumbió Santa Anna,
Mientras á los cielos sube
Espléndido el sol de Ayutla,
Aunque entre siniestras nubes
Que disipó el patriotismo
Con su poderoso empuje.
1858.