Lozana ayer, fragante se ostentaba
Luciendo sus espléndidos colores,
Y del sol á los vívidos fulgores
En su tallo gentil se columpiaba.
El céfiro amoroso la besaba
Al arrullo de tiernos ruiseñores:
Era la reina entre las otras flores,
Y el pensil orgullosa engalanaba.
Pero llegó la noche, y la tormenta
De sus galas airada la despoja
Dejándola marchita, amarillenta:
¡Así la mano del pesar deshoja
La flor de mi ventura, y macilenta,
En el abismo del dolor la arroja!