Vuelvo otra vez, torrente majestuoso,
Sobre tu altiva cima á contemplarte:
Vuelvo á verte rodar estrepitoso,
Y estasiada ante ti vuelvo á admirarte.
Vuelvo á verte otra vez, y mis pisadas
Vuelven de nuevo á tus orillas hoy:
Sobre estas piedras las dejé estampadas
Y aquí do estaban á sentarme voy.
Tú como entonces, misterioso río,
En el mismo lugar vuelvo á encontrarte,
Ostentas ahora el mismo poderío
Y brillas como entonce al despeñarte.
La misma sombra cubre tu camino,
Sobre las mismas piedras me he sentado:
¿Por qué eres tan feliz, que tu destino
Bajo esta dulce sombra te ha dejado?
Yo vine un tiempo á verte sonreída,
Llena de juventud y venturosa;
Acerquéme á la orilla, sostenida
Por una mano amante y generosa.
Hoy nada tengo, todo le he perdido;
Solitaria á tu orilla vengo ahora:
Tú como siempre corres engreído,
Y mi alma triste, acongojada llora.
La mano que me trajo la he buscado,
Y ya más nunca volverá conmigo!
Guárdame su recuerdo idolatrado,
Ya que tú has sido de su amor testigo.
De lejos vine aquí para contarte
Que ya no existe la que tanto amaba;
Vine á decirte adiós, y á preguntarte
Por la piedra donde ella se sentaba.....
Una lágrima rueda en mi mejilla
Al dejarte esta vez: huérfana y triste,
Yo volveré á llorar sobre tu orilla
Por mi madre infeliz, que ya no existe.