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Rubén Darío · Modernismo

La canción de los osos

español

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Osos,
osos misteriosos,
yo os diré la canción
de vuestra misteriosa evocación.

OSOS NEGROS Y VELLUDOS DEL RIÑÓN DE LAS MONTAÑAS,
silenciosos viejos monjes de una iglesia inmemorial,
vuestros ritos solitarios, vuestras prácticas extrañas,
las humanas alimañas
neronizan y ensangrientan la selvosa catedral.

Osos tristes y danzantes que los zíngaros de cobre
martirizan; oso esclavo, oso fúnebre, oso pobre,
arrancado a las entrañas de los montes del Tirol;
sé leer en vuestros ojos y podemos hablar sobre
Atta Troll ...

Osos blancos de los polos, bellos osos diamantinos,
nadie sabe que venís,
sobre el hielo, de un imperio de hombres blancos y divinos
que coronan con castillos argentinos
su país.

Osos,
osos misteriosos,
yo os diré la canción
de vuestra misteriosa evocación.

¡Arcas! ¡Víctima sangrienta! Plantas, flores, ecos, liras;
—Malhadado y cruento crimen del infausto Lycaón;
en Arcadia los amores y los cánticos que inspiras,
y en el cielo, con Calixto, la inmortal constelación—.
Los dos osos son asombro para el Toro y el León.

¡Va Criniso! Muchas ansias lleva el mozo y vida mucha;
si cual toro lucha fiero, como oso mejor lucha
quien de Egesta será esposo;
cruje el monstruo entre sus brazos en la lucha que se escucha:
¡Lucha, oso! ¡Lucha, oso! ¡Lucha, oso! ¡Lucha, oso!

Bellos osos de oro rojo que ya estáis en el regazo
del azul donde el zodiaco sublimiza su visión;
de lira hacedme oir el son;
dad saludos a la Virgen en mi nombre, y un zarpazo,
si podéis, al Escorpión.

Osos,
osos misteriosos,
yo os diré la canción
de vuestra misteriosa evocación.

Danzad suave y cuerdamente;
que la peluda alpargata
cubra la prudente pata
cuyo paso no se siente.
Y bajo la huyente frente
mirad con ojo mañero
al gitano,
que canta con voz de Oriente
un raro canto lejano
y hace sonar el pandero
con la mano
con que remienda el caldero.
A los sueldos de los pobres
encomienda alrededor vuestra persona,
y en el parche del pandero caen los cobres
por los osos, por el perro y por la mona.

Osos,
osos misteriosos,
yo os diré la canción
de vuestra misteriosa evocación.

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gitanilla pintoresca,
gitanilla de Cervantes,
]

A vuestro lado va la gitanilla.
Brilla
su mirada de negros diamantes,
y su boca roja es fresca;
gitanilla pintoresca,
gitanilla de Cervantes,
o Esmeralda huguesca.
Ya vosotros bien sabéis de quién os hablo,
Pues cien veces junto a ella contemplasteis cola y cuernos
del señor don Diablo,
protector de las lujurias en la tierra y los infiernos.

Osos,
osos misteriosos,
yo os diré la canción
de vuestra misteriosa evocación.

Danzad, osos, oh cofrades, oh poetas;
id, chafad en las campiñas los tomillos y violetas,
y tornad entre las flores del sendero,
y danzad en el suburbio para el niño y el obrero,
para el hosco vagabundo de las escabrosas rutas,
para el pálido bandido que regó sangre y espanto,
y para las prostitutas
que mastican pan de crimen y de llanto.
Pues vuestra filosofía
no señala diferencia ni da halago ni reproche
a la mística azucena que adornó el pecho del día,
o a la lúgubre mandrágora de la entraña de la noche.

Osos,
osos misteriosos,
yo os diré la canción
de vuestra misteriosa evocación.

Osos ermitaños
que ponéis pavores
en pastores
y rebaños;
el agudo cazador advierte
que os ponéis en cruz ante la muerte,
o para dar el formidable abrazo
que ha de exprimir la vida
contra vuestro regazo;
vais en dos patas como el adanida,
es así que he admirado
vuestro andar de canónigo, o bien de magistrado.
Con la argolla al hocico sacudís vuestra panza.
¡Osos sabios, osos fuertes y cautivos, a la danza!

Osos,
osos misteriosos,
yo os diré la canción
de vuestra misteriosa evocación.

Y al pasar un entierro
os he visto en la senda con la mona y el perro,
entre el círculo formado por hombres zarrapastrosos.
Grotescos enterradores
iban conduciendo el carro de podredumbre y de flores;
como signo de respeto
descubríanse un mendigo y un soldado.
El gitano se acordó de su amuleto.
Y tú, oso danzarín domesticado,
se diría que reías como estando en el secreto
del finado,
de la losa, de la cruz y el esqueleto.

Osos,
osos misteriosos,
yo os diré la canción
de vuestra misteriosa evocación.

Mas no el requiem, ni el oremus, ni el responso del gangoso
Chantre llegue a vuestro oído,
sabio y suave oso;
mas el canto de las zíngaras, o la música del nido,
o la estrofa del poeta,
o el ruido de los besos, o el ruido
del amor errante ardiente en la carreta.

Bien sabéis: la vida es corta,
y teniendo en vuestras fauces una torta,
o un panal,
profesáis vuestros principios más allá del Bien y el Mal.

Osos,
osos misteriosos,
yo os diré la canción
de vuestra misteriosa evocación.

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Autor
Rubén Darío (1867–1916) · Wikidata Q173767
Título
La canción de los osos
Lengua
español
Época
Modernismo
Sala
La Biblioteca
Identificador
ws-es-la-cancion-de-los-osos--ruben-dario-eabafe
Cita recomendada
Rubén Darío, «La canción de los osos», Poetósfera, poetosfera.com/p/ws-es-la-cancion-de-los-osos--ruben-dario-eabafe.html

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