A dónde fuiste, blanca flor, caida
Del árbol de esperanza de la vida
A ese abismo sin fin;
Cual de la palma al borde de un torrente
Hoja que arrastra rápida corriente,
Y la lleva á regiones sin confin?
Al borde de ese abismo te lloramos,
Y con vista anhelosa te buscamos
Sin poderte encontrar,
Como busca con ansia el marinero
Al que cayó del alto mastelero
Y se perdió en las ondas de la mar.
Y tus padres te llaman con ternura,
Y en esa piedra silenciosa y dura
Se estrella su dolor,
Como el llanto que el párpado humedece
Se retira, se oculta y desaparece
Al encontrar un mundo sin amor.
Ya de tu rostro no verán, Eliza,
Resplandecer la plácida sonrisa,
Como el rayo de luz
Cuando brilla la estrella vespertina,
Que halaga dulcemente y que ilumina
Cuando la noche tiende su capuz.
Tu lecho se halla solitario y frio,
Tu asiento acostumbrado está vacio
En el paterno hogar,
Como el nido de cándida paloma
Que al mirarse con alas, vuelo toma
Y al cielo sube para no tornar.
Por qué cambiaste la materna almohada
De amor y de inocencia perfumada
Por esa terrenal,
Cual virgen consagrada á los altares
Que deja la guirnalda de azahares
Para dormir en losa sepulcral?
Tú dejaste el mundo, virgen pura,
Porque al probar del mundo la amargura
Lloró tu corazon,
Y en su llanto se ahogó, como esas flores
Que al derramar suavísimos olores
Se ahogan con su propia emanacion.