JUAN.
Ambiciosos miserables,
cuyas manos insaciables
van siempre del oro en pos.
Vete en paz hoy y atesora,
que yo te haré levantar
con tres palos un altar
donde te llegue tu hora.
(Mira a la casa del zapatero y dice marchándose:)
Su infortunio me hace duelo;
mas él se empeñó en morir,
y enter los dos a elegir
quiso lo mejor el cielo.
PEDRO.
(A Blas).
Ahora tú.
(Blas se arroja sobre don Juan, y mientras ese se defiende y la justicia los separa, sin que don Juan vea de dónde sale, dice don Pedro:)
PEDRO.
¡Favor al rey!
JUAN.
¡Viven los cielos, villano!
BLAS.
¿Y mi padre?
JUS.
Echadle mano.
JUAN.
¿Qué es esto?
JUS.
Ayuda a la ley.
BLAS.
Ese a mi padre mató.
JUAN.
¿Cómo? ¡Infame!
JUS.
Basta ya,
que ese hombre acusado está.
JUAN.
¡Viles, asesino yo!
BLAS.
Y aún niega… dejadme a mi:
ese hombre muerte merece;
dádmele, me pertenece,
yo soy el verdugo aquí.
(Blas, separado de don Juan, forcejea por llegar a él. Llevan a don Juan por el lado opuesto a la casa de Diego Pérez, y don Pedro coge a Blas por el brazo, cuando todos vuelven la espalda.)
JUS.
(a Blas).
Ea, atrás tú… y venid vos. (A don Juan.)
JUAN.
Inocente…
JUS.
Si seréis;
pero allá se lo diréis
a los jueces.
JUAN.
Sí por Dios.
PEDRO.
(a Blas).
Ven aquí, y en mí te fía.