Cuando la reina, su soberbia frente
Quiere adornar con joya refulgente,
De precio sin igual,
Le dice al pescador:—«Baja á los mares,
Y róbale á sus genios tutelares
La perla de sus urnas de cristal.»
Y el pescador con ánimo sereno
Del mar se precipita al hondo seno...
¡Al sepulcro talvez!
Y por las frias ondas arrastrado
Arranca su tesoro al mar airado,
Que lleva de su reina ante los piés.
Yo soy el pescador, amiga mia,
Tú eres la reina, que si acaso un dia
Pidieses á mi ardor
Una joya de adorno á tu belleza,
Como esclavo, en el mar de mi cabeza
Fuera á buscar la perla del amor.