Sobre si era atrevimiento,
Bella Elvira, responderte,
Y sobré si tambien era
Cobardía el no atreverme,
He pasado pensativa
Sobre un libro y un bufete,
Porque vayan otros sobres
Sobre el amor que me debes,
No sé yo qué tantos dias;
Porque como tu en tí tienes
Reloj de sol, no hay quien mida
Lo que vive ó lo que muere.
Y si no lo has por enojo,
Despues que estaba el caletre
Cansado asaz de pensar
Y de revolver papeles,
Resuelta á escribirte ya
En todos los aranceles
De jardines y de luces,
De estrellas y de claveles,
No hallé en luces ni en colores
Comparacion conveniente,
Que con mas de quince palmos
A tu hermosura viniese;
Con ser que no perdoné
Trasto que no revolviese
En la tienda de Timántes
Ni en el obrador de Apéles.
Pues á los poetas ¡cuánto
Les revolví los afeites
Con que hacen que una hermosura
Dure, aunque al tiempo le pese!
En Petrarca hallé una copia
De una Laura ó de una duende,
Pues dicen que ser no tuvo
Mas del que en sus versos tiene.
Cubierta como de polvo,
Del griego una copia breve
Hallé de Helena, de Homero
Olvidada en un retrete.
Pues de Virgilio el coturno
No dejó de entrenerse
Con Elisa en el quam Lae
Ti te genuare parentes.
A Proserpina en Claudiano
Ni aun me diò gana de verle
La su condenada faz
Llena de hollines y peces.
De Lucrecia la romana,
Aquella beldad valiente,
Persuadiendo honor estaba
A las matronas de allende.
Florinda vana decia
A los moros alquiceles:
“Tanto como España valgo,
Pues toda por mí se pierden.”
Lavinia estaba callada,
Dejando que allá se diesen
Turno y el páter Enéas,
Y despues, ¡viva quien vence!
En Josefo Marïamne,
Al ver que sin culpa muere,
Dijo: “Si me mata Heródes,
Claro es que muero inocente.”
Angélica en Arïosto
Andaba de hueste en hueste
Alterando paladines
Y descoronando reyes.
En Ovidio, como es
Poeta de las mujeres,
Hallé que al fin los pintores
Eran como los quereses;
Y hallé á escoger como en peras
Unas bellezas de á veinte,
A lo de qué quereis, pluma,
Que están diciendo, comedme;
En los prados mas que flores,
En el campo mas que nieve,
En las plantas mas que frutos,
En las aguas mas que peces.
A la rubia Galatea
Junto á la cándida Tétis,
A la florida Pomona,
Y á la chamuscada Céres;
A la gentil Aretusa,
Y á la música Canente
A la encantadora Circe
Y á la desdichada Héles;
A la adorada Corónis,
A la infelice Semele,
A la agraciada Calixto
Y á la jagtante Climene;
Y otra gran tropa de ninfas
Acuátiles y silvestres,
Sin las mondongas que á cuestas
Guardaban los adherentes;
A la desdeñosa Dafne,
A la infausta Nictimene,
A la lijera Atalanta,
Y á la celebrada Asterie;
Y en fin la casa del Mundo
Que tantas pinturas tiene
De bellezas vividoras
Que están sin envejecerse,
Cuya dura fama el tiempo,
Que todas las cosas muerde
Con los bocados de siglos,
No les puede entrar el diente,
Revolví, como ya digo,
Sin que entre todas pudiese
Hallar una que siquiera
En el vestido os semeje.
Con que de comparaciones
Desesperada mi mente
Al viste y al así como
Hizo ahorcar en dos cordeles;
Y sin tratar de pintarte,
Sino solo de quererte,
Porque esta aunque culpa, es culpa
Muy fácil de cometerse;
Y esotro imposible, y culpa,
Y mas que culpa, se temen
De Icaro los precipicios
Y de Faeton los vaivenes.
Mira ¡que vulgar ejemplo!
Que hasta los niños de leche
Faetonizan é icarizan
La vez que se les ofrece.
Y en fin, no hallo que decirte,
Sino solo que ofrecerte,
Adorando tus favores,
Las gracias de tus mercedes.
De ellos me conozco indigna;
Mas eres sol y amaneces
Por beneficio comun
Para todos igualmente.
Por ellos, señora mia,
Postrada beso mil veces
La tierra que pisas, y
Los pies, que no sé si tienes.