Con Hector fiero en singular batalla,
Aquiles junto á Troya, al fin pelea,
Su alto penacho formidable ondea,
Brilla su lanza y su crugiente malla.
Se mira desde el campo y la muralla,
Como el hierro de entrambos centellea,
Como la sangre férvida chorrea,
Como Hector muere y todo el mundo calla.
Los fuertes piés taládrale el guerrero,
Por la herida le pasa unos cordeles,
Le ata á su carro, y súbese ligero.
Con el látigo azota á sus corceles,
Da tres vueltas al muro el altanero,
Salta del carro, y parte á sus bajeles.