Allá de Troya en el inmenso foro
Hector ostenta su luciente cota,
Lanza y morrion y cándida garzota,
Y altos coturnos recamados de oro.
Se le acerca su esposa y blando lloro
Amargamente de sus ojos brota,
Y bajo el velo que en el aire flota
Le lleva el hijo, de los dos tesoro.
Quiere cogerlo en brazos el Troyano,
Y el niño desconócele y se espanta,
Grita y se esconde en el materno seno,
Hector entonces con robusta mano
Se quita el casco, al niño se adelanta,
Lo besa y parte de congoja lleno.